El felino más raro y escaso del planeta ha encontrado el clavo para el ataúd que le faltaba: la guerra de Irán

El último reducto del guepardo asiático: cómo el conflicto bélico entre Irán, Estados Unidos e Israel se está llevando una víctima colateral única

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Eva R. de Luis

Editor Senior

El guepardo asiático (Acinonyx jubatus venaticus) es una de las subespecies de grandes felinos más raras y amenazadas del planeta. Solo quedan 27 individuos en libertad, todos están identificados uno por uno y todos viven en Irán, como explica Bagher Nezami, director nacional del Proyecto de Conservación del Guepardo Asiático. No hay otra población conocida en ningún otro lugar del planeta. 

En grave peligro de extinción, lo que era ya una situación crítica se ha tornado en emergencia desde que en febrero de 2026 comenzaron los ataques de Estados Unidos e Israel en Irán: la guerra ha paralizado el único sistema de seguimiento que mantenía a esta subespecie bajo control.

Qué está pasando con el guepardo asiático. Como cuenta la plataforma de noticias de ciencias ambientales y conservación Mongabay, solo nueve días después de que guardas forestales filmaran a una hembra con cinco crías en la provincia de Jorasán del Norte, empezó el conflicto armado. Desde entonces, el acceso a las reservas donde viven estos animales se ha restringido drásticamente. El riesgo no es tanto que caiga una bomba en una reserva, sino la falta de vigilancia. 

Los vehículos de campo que emplean científicos de campo y guardaparques para velar de la escasa población de guepardos asiáticos pueden ser confundidos con objetivos militares en su desperdigado hábitat (especialmente en el desierto), así que buena parte de las ONG ambientales iraníes han detenido su actividad. El país además sufre un apagón de internet.  Esto significa que la monitorización, estudios de campo y el uso de campo ya no está operativo. 

La especie. El guepardo asiático divergió de las poblaciones africanas hace entre 32.000 y 67.000 años. No es un guepardo africano implantado en Asia, sino que tiene su linaje evolutivo propio: es más pequeño y de pelaje más claro que el africano y está adaptado a zonas áridas y terrenos montañosos. 

De hecho, su monitorización es más compleja no solo porque haya pocos, sino porque habita en zonas inhóspitas. En cualquier caso, ambos son auténticos Ferraris: puede superar velocidades de 100 km/h en carreras cortas. La UICN lo tiene clasificado en la escala de conservación en Peligro Crítico desde 1996, la máxima alerta antes de la extinción en estado silvestre.

Desde una perspectiva ecológica, cumple la función de depredador especializado en ungulados medianos —principalmente gacelas— en los ecosistemas desérticos del centro de Irán. Su desaparición no podría compensarse introduciendo guepardos africanos: la divergencia genética, fisiológica y conductual entre ambos grupos es demasiado grande y las propuestas de hibridación no tienen respaldo científico como solución viable a corto plazo.

Por qué es importante. Porque no es una subespecie rara de un félido conocido, sino que tiene un linaje genéticamente diferenciado y autóctono de Asia. Lleva más de 30.000 años de historia independiente de las poblaciones africanas y su desaparición no se compensa introduciendo guepardos africanos. Además, allí cumple su función: es un depredador especializado en ungulados medianos en los ecosistemas áridos de Irán central, manteniendo así el equilibrio de las poblaciones de gacelas. En pocas palabras: tiene su espacio en la cadena trófica del ecosistema del desierto del interior del país. 

La situación del guepardo asiático es también un indicador directo del estado de la conservación de la biodiversidad en guerra, como señala este artículo en People and Nature: sus consecuencias se sufren décadas después del conflicto y a veces, son simplemente irreversibles. Irán alberga un diversidad  biológica excepcional: leopardo persa, oso pardo (Ursus arctos), lince euroasiático (Lynx lynx), lobo gris (Canis lupus), entre otras. El colapso de sistema de conservación del guepardo afecta irremediablemente al resto. 

Contexto. Desde 1959 el guepardo asiático tiene protección legal en Irán. En las décadas siguientes se logró estabilizar su población, pero la Revolución de 1979 y la guerra Irán-Irak de los 80 fueron años perdidos: la aplicación laxa de la ley hizo estragos en forma de patrullaje nulo, destrucción y fragmentación de su hábitat, caza descontrolada y disminución de sus presas. En enero de 2022, Hassan Akbari, viceministro de medio ambiente natural y biodiversidad del Departamento de Medio Ambiente de Irán, declaró que la población de guepardos asiáticos se había desplomado a tan solo 12 ejemplares, frente a los 100 que se estimaban en 2010. En agosto de 2025, el Tehran Times informó que solo quedaban 20 ejemplares.

Monitonizarlos es complicadísimo per se, pero también hay circunstancias que juegan en su contra. Por ejemplo, el controvertido uso de las cámaras trampa: en 2018 detuvieron a varias personas de Persian Wildlife Heritage Foundation acusados de usar las cámaras trampa para espionaje. Una persona murió en prisión y el resto fue indultado en 2024. Este caso paralizó durante años la colaboración internacional. Además, las sanciones de Occidente también han impedido de forma sistemática la llegada de financiación, esencial para desempeñar una monitorización adecuada.

El guepardo asiático se muere. La principal causa de muerte de los guepardos asiáticos no es la caza furtiva ni los depredadores, sino la carretera. Más del 52% de las muertes documentadas se deben a atropellos por carreteras que atraviesan o bordean los hábitats clave y los guepardos las cruzan sin miedo y de forma reiterada siguiendo a sus presas, como Abbasabad-Mashhad y Mehriz-Anar.

Hay un par de casos especialmente sonados de hembras atropelladas, embarazadas o con sus crías, en los últimos años: Meyami y Helia. Desde el inicio del conflicto, esas carreteras ahora transportan también material militar y personas para su evacuación, lo que aumenta el tráfico. Con 27 individuos registrados, ya no hay margen para errores o tiempos sin supervisión: el análisis genético publicado en Conservation Genetics detalla que diversidad genética es críticamente baja y la consanguinidad supone un riesgo adicional para la viabilidad de la subespecie.

Qué se puede hacer. Wild Tomorrow analiza este problema en detalle aconsejando desoír campañas de redes sociales que piden "evacuaciones de emergencia" sin rigor: mover grandes felinos salvajes a través de fronteras militarizadas es médicamente arriesgado y los canales informales pueden resultar ser una vía para el tráfico ilegal. Además, ya hemos visto que proponer comunicaciones clandestinas puede exponer a quienes protegen al guepardo a acusaciones de espionaje. 

Lo que sí tiene efecto real es apoyar a la Sociedad Iraní del Guepardo, la organización con mayor conocimiento de campo de esta población. Asimismo, a nivel internacional hay organizaciones con capacidad real para actuar como Panthera, la Cheetah Conservation Fund o el IUCN Cat Specialist Group. Es necesario conocer qué pueden hacer en ese entorno de alto riesgo y qué necesitan. Desde luego, el futuro pinta negro incluso aunque la guerra terminase mañana: con 27 individuos y sin margen, el riesgo en la próxima década es real.  Jamshid Parchizadeh, investigador de la Michigan State University y con amplia trayectoria en fauna silvestre iraní, lo resume: "los programas ambientales raramente se consideran prioritarios tras un conflicto, especialmente en medio de una crisis humanitaria".


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Portada |  موسی مزینانیان vía Wikimedia y Moslem Daneshzadeh



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