La transición energética nos ha acostumbrado a fijarnos en lo más visible: placas solares en tejados, aerogeneradores en montañas, parques renovables repartidos por el territorio. Pero una parte decisiva del futuro eléctrico no está solo en producir más, sino en gestionar mejor lo que ya producimos. No basta con generar más energía limpia si después no somos capaces de guardarla cuando sobra y devolverla cuando hace falta. Esa es la lógica que hay detrás del proyecto que se está levantando en Laufenburg, Suiza: una batería subterránea pensada para almacenar electricidad a gran escala y ayudar a estabilizar la red.
El proyecto. FlexBase, el grupo suizo detrás del proyecto, está levantando esa instalación en Laufenburg, en el cantón de Argovia, junto a la frontera alemana y en un emplazamiento que prevé conectar a la red nacional de alta tensión. El grupo está excavando un foso de 27 metros de profundidad, más largo que dos campos de fútbol, para alojar bajo tierra el sistema de almacenamiento. La batería formará parte del futuro Laufenburg Technology Centre, un complejo de 20.000 metros cuadrados que con infraestructura de cómputo, oficinas y laboratorios.
Una batería a escala de red. El proyecto de Laufenburg se ha definido con una capacidad prevista de 1,5 GWh de almacenamiento tras la elección de Invinity Energy Systems como socio tecnológico. La comparación ayuda a aterrizar la cifra: esto equivaldría a almacenar electricidad suficiente para abastecer durante un día a unos 200.000 hogares medios del Reino Unido. En fases posteriores, la instalación podría crecer hasta los 2,1 GWh, si FlexBase avanza con esa ampliación.
Cómo funciona esta tecnología. La forma más sencilla de entender una batería de flujo redox es olvidarnos por un momento de la batería de un móvil. En una de ion-litio, la energía se almacena dentro de una estructura bastante compacta. En una batería de flujo redox, en cambio, la energía está en electrolitos líquidos guardados en grandes tanques. Cuando el sistema tiene que entregar electricidad, esos líquidos se bombean hacia unas pilas de celdas, donde se produce la reacción que convierte esa energía química en electricidad útil para la red. Los tanques son, por decirlo de forma gráfica, el lugar donde se guarda la energía. Las celdas son la parte que permite sacarla y usarla. El sistema suizo se recargará con excedentes renovables, principalmente solar y eólica.
¿Pero nadie habla de IA? Quizá echabas en falta una palabra que últimamente aparece en casi cualquier conversación tecnológica: inteligencia artificial. Y sí, también está aquí. No porque la batería vaya a “funcionar con IA” sino porque el complejo de Laufenburg incluirá un centro de datos orientado a inteligencia artificial que funcionará dentro del Laufenburg Technology Centre. El sistema de almacenamiento está pensado para suavizar la demanda eléctrica variable asociada a esa computación y, al mismo tiempo, ofrecer servicios de estabilización a la red.
Socio entra en escena. FlexBase no desarrollará sola la parte tecnológica de la batería. Como decimos, la compañía suiza ha seleccionado a Invinity Energy Systems como socio estratégico para diseñar y entregar el sistema de flujo de vanadio de Laufenburg. Según FlexBase, la empresa británico-canadiense ganó el proceso de selección por el conjunto de su propuesta técnica. El argumento principal pasa por una combinación de costes durante la vida útil, seguridad, carácter no inflamable, estabilidad de ciclos y modularidad. Ahora el proyecto entra en fase de ingeniería, donde los equipos deberán ajustar el software de control y la conexión eléctrica con la red existente.
El paso siguiente. Swissgrid quiere conectar la red nacional de alta tensión al emplazamiento de Laufenburg, en lo que sería la primera conexión de este tipo en Suiza. Para el operador, las grandes baterías pueden convertirse en una pieza relevante del futuro de la red porque permiten desplazar electricidad en el tiempo: absorberla cuando abunda y entregarla cuando hace falta.
No es una batería para todo. La propia lógica de una batería de flujo redox ayuda a entender sus límites: si necesita grandes tanques para almacenar energía, difícilmente será la mejor opción cuando el espacio y el peso mandan. Su menor densidad energética la hace menos adecuada para aplicaciones como los vehículos eléctricos. También es preciso señalar que las baterías de flujo de vanadio siguen en una etapa comercial más temprana y suelen ser más caras que las de ion-litio. Su promesa no está en sustituir a todas las baterías, sino en ocupar un hueco muy concreto: almacenamiento estacionario, duradero y de larga duración.
El calendario, por ahora, mira a 2029. FlexBase prevé poner en marcha la instalación ese año y espera generar alrededor de 300 empleos vinculados al futuro Laufenburg Technology Centre. La compañía plantea el proyecto como una iniciativa financiada de forma privada, con una inversión estimada entre 1.000 y 5.000 millones de francos suizos (entre 1.090 y 5.450 millones de euros). Si los plazos se cumplen, Laufenburg no solo alojará una enorme batería subterránea: también se convertirá en una de las apuestas más ambiciosas de Europa para guardar electricidad allí donde la red empieza a necesitarla.
Imágenes | FlexBase
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