Un estudiante pasó 100 horas frente a una impresora 3D para hacerle una prótesis multifunción a su hermana pequeña

No encontró la prótesis que necesitaba su hermana de 7 años, así que la imprimió él mismo

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Eva R. de Luis

Editor Senior

Hice mi proyecto de fin de carrera (ahora llamado Fin de Grado) sobre unas condiciones de gasificación de un biocombustible lo mejor que pude y después, a otra cosa mariposa. La verdad es que apenas lo recuerdo porque ha llovido mucho desde entonces y no tenía un interés especial en ello. Y probablemente aquí va un buen consejo por si nos lee algún estudiante: si puedes, elige un proyecto que te apasione porque le vas a dedicar muchas, muchas horas. 

Y quien dice apasionar, dice necesitar, como le pasó a Vitaliy Bondarchuk, un estudiante de ingeniería mecánica de 22 años en la Bob Jones University de Greenville (Carolina del Sur). Al concluir su grado tenía muy claro cuál iba a ser su proyecto de fin de carrera: una prótesis de brazo para su hermana pequeña.

Un problema muy cercano. Su hermana, Bella, de 7 años, nació con una malformación congénita: nació sin el brazo izquierdo por debajo del codo. Como cuenta en su entrevista para People, Vitaliy Bondarchuk supo desde pequeño que las cosas eran "un poco más difíciles o en algunos casos mucho más difíciles" para ella. El proyecto de fin de carrera de Bondarchuk le exigía abordar un problema de la vida real e intentar resolverlo. 

Como explica Vitaliy para la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Mecánicos: "El reto que intenté resolver fue ayudarle a realizar tareas sencillas, cosas que disfruta." Según el ahora licenciado, nunca había visto una prótesis multiherramienta: "Me parecía una idea muy básica, un brazo protésico con diferentes accesorios. Pero nunca pude encontrar nada parecido". Y eso por no hablar del coste: las prótesis impresas en 3D suelen costar mucho menos que las convencionales y es posible hacerlas por tu cuenta acudiendo a repositorios como los de e-NABLE.

Cómo lo hizo. Bondarchuk sabía que "no podía crear un brazo protésico completo", por lo que optó por una solución en la que los accesorios pudieran intercambiarse según fuera necesario. Es decir, una herramienta concreta para cada actividad, como pintar o jugar al Uno, para lo que creó un soporte para cartas.

Para lograr esta solución dentro del plazo establecido para el PFC, dedicó horas a planificar, documentar, medir, diseñar y cerciorarse de todos los detalles. Con creatividad y perseverancia por un lado y por otro, mediciones, SolidWorks para el diseño y una impresora 3D, se puso a crear prototipos, comprobar el ajuste y vuelta a empezar. Uno de sus grandes desafíos fue una realidad aplicable a las prótesis: el diseño debía incorporar un acolchado no abrasivo para no dañar la piel. 

El proyecto. Bondarchuk estima que dedicó 100 horas al desarrollo del brazo protésico y cuatro meses después, tenía documentación, manuales de diseño, diferentes propuestas y la prótesis multifunción, con herramientas para jugar a su juego favorito, una linterna o un portapinceles. Él consiguió un sobresaliente y su hermana Bella, una prótesis de brazo que usa a diario.

El futuro: una prótesis sin fin. Aunque Vitaliy Bondarchuk es ya un señor ingeniero mecánico con trabajo, su proyecto no terminó defendiendo su PFC: planea seguir modificando el brazo protésico de Bella a medida que crezca con los nuevos pasatiempos que vaya adquiriendo. Su madre ya ha dejado caer que el próximo puede ser un accesorio para conducir, cuenta para People.

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Portada | Vitaliy Bondarchuk vía ASME

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