El calentamiento global tiene un efecto secundario que no esperábamos: nos está dejando sin sueño

El aumento de la temperatura no afecta a todos por igual, y el sexo o la edad influyen (y mucho)

Dormir
Sin comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail
jose-a-lizana

José A. Lizana

Colaborador

Con el aumento de las temperaturas, es normal comenzar a dar vueltas en la cama, buscar desesperadamente el lado frío de la almohada o rendirnos al aire acondicionado a las tres de la madrugada porque por la ventana no entra nada de fresco. Lo que hasta hace poco considerábamos una simple molestia veraniega se ha convertido en un fenómeno medible, cuantificable y respaldado por la ciencia, ya que literalmente el calentamiento global nos está robando horas de sueño. 

Se ha analizado. Esta no es una exageración basada en unas cuantas noches malas, sino que la comunidad científica ha cruzado millones de datos biométricos con registros meteorológicos globales para confirmar que el calor nocturno está erosionando nuestra calidad de vida. A esta conclusión no se ha llegado con simples encuestas, sino que se ha optado en un estudio por analizar más de 7 millones de registros de sueño obtenidos a través de pulseras de actividad en 68 países. 

La conclusión apuntaba que, a medida que las temperaturas nocturnas suben, la duración y la calidad del descanso caen en picado. Y es lo más normal, puesto que nuestro cuerpo necesita reducir su temperatura central para iniciar y mantener el sueño y, cuando el ambiente exterior es demasiado cálido, este proceso fisiológico se bloquea.

Más pruebas. Otra investigación publicada en Nature, que analizó 23 millones de días de registros de sueño, le puso cifras exactas al problema. Aquí vieron que, por cada aumento de 10 °C en la temperatura ambiente, los problemas de sueño se disparan, reduciéndose drásticamente tanto la duración total del descanso como, lo que es peor, la fase de sueño profundo, la encargada de la restauración física y cognitiva de nuestro organismo.

Muchos factores. Aunque la temperatura aumenta para todos por igual, no nos afecta de la misma manera, como apunta una revisión publicada en Sleep Medicine. Una de sus conclusiones es que en las personas mayores la capacidad de autorregulación es naturalmente menor, y es por ello que a un cuerpo envejecido le cuesta mucho más disipar el calor y adaptar su temperatura central, haciéndolos mucho más vulnerables a las noches tropicales.

El sexo también influye, puesto que los estudios apuntan que el impacto en la pérdida de sueño por cada grado extra de temperatura es significativamente mayor en mujeres que en hombres, debido en parte a diferencias fisiológicas en la regulación térmica y factores hormonales.

Socialmente. Si cruzamos todos estos datos con el nivel económico, se puede ver que en las regiones en vías de desarrollo la pérdida de sueño es mucho mayor, lo que nos hace rescatar el término "brecha del aire acondicionado". Y es que quienes no pueden permitirse sistemas de refrigeración o viven en zonas con infraestructuras deficientes sufren el impacto del calor a pleno pulmón.

El cambio climático. No podemos culpar simplemente al verano, puesto que organizaciones como Climate Central han comenzado a calcular exactamente cuántas de estas horas de sueño perdidas llevan la firma directa del cambio climático antropogénico. Su análisis reciente demuestra que el calentamiento global está multiplicando la frecuencia de estas noches anormalmente cálidas, y no es solo que haga calor en julio, sino que las temperaturas mínimas nocturnas están subiendo a un ritmo más rápido que las máximas diurnas.

Es decir, estamos ante un problema de salud pública de primer orden, puesto que la pérdida crónica de sueño no solo nos hace estar de mal humano al día siguiente. Está demostrado que no dormir correctamente se vincula con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, problemas de salud mental, deterioro cognitivo y un aumento de accidentes laborales y de tráfico.

Imágenes | Ron Lach 

En Xataka | El calentamiento global ha pisado el acelerador a un ritmo sin precedentes y cada vez estamos más cerca del punto de no retorno

Inicio