Europa tiene un robot listo para limpiar el fondo del mar. España tiene 8.000 kilómetros de costa esperando

Hay más de 1.000 piezas de basura en 100 metros cuadrados de puerto. Europa tiene un plan para limpiarlo

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Eva R. de Luis

Editor Senior

Ni la proliferación de las medusas ni la falta de arena en las playas, el gran problema ambiental de los océanos es la basura marina. Así que dentro del proyecto europeo SEACLEAR 2.0, un equipo de investigación de la Universidad Técnica de Múnich ha desarrollado un robot de buceo autónomo capaz de detectar y recuperar residuos del fondo. Una especie de robot limpiapiscinas que juega en otra liga: el mar abierto.

¿Pero de verdad hay tanta m*** en el mar? Un ejemplo: En Dubrovnik contabilizaron más de mil restos de basura en un área de solo 100 metros cuadrados. En el Mediterráneo, donde hay turismo y puertos, es un verdadero problema. 

El robot limpiafondos. El sistema está compuesto por el robot y una serie de de elementos auxiliares necesarios para cumplir con la misión: una embarcación nodriza no tripulada, una lancha auxiliar, un dron, un robot explorador de unos 50 centímetros y el robot en cuestión.

¿Cómo funciona? La embarcación es la que aporta energía y datos a los robots y también se encarga de mapear el fondo con cámara y sonar, lo que  permite identificar objetos hasta en aguas turbias. Después, el pequeño y ágil robot explorador lo recorre rápidamente. Con toda esta información, el robot limpiafondos desciende con sus ocho miniturbinas hasta llegar a esa zona donde hay basura. Allí, coge los objetos y los sube a la lancha auxiliar, que funciona como contenedor, mediante un cabrestante. 

Por qué es importante. Porque llega donde los buzos no pueden o no renta que lleguen: como explica el dr. Stefan Sosnowski, de la Cátedra de Control de Tecnología de la Información de la TUM, un análisis de coste beneficio prueba que esta recogida autónoma de residuos resulta rentable a partir de los 16 metros de profundidad. Allí es donde el buceo humano se vuelve más costoso, lento y peligroso. Es decir, que este robot no sustituye al buceo, sino que lo complementa para ofrecer una solución de limpieza global. 

Por otro lado, el sistema no se limita a la extracción: también constituye una valiosa herramienta para obtener datos ya que gracias a la sensórica integrada puede generar mapas del fondo, identificar tipos de residuos y registrar su localización, lo que puede ser útil en diferentes campos, como diseñar mejores políticas ambientales o de gestión de puertos.

Contexto. El proyecto SEACLEAR está financiado por la Unión Europea a través del programa Horizon 2020. El consorcio está integrado por ocho socios europeos: las universidades de Múnich, Delft, Cluj-Napoca y Dubrovnik en el plano académico, más la Autoridad Portuaria de Hamburgo, la Agencia de Desarrollo Regional de Dubrovnik-Neretva y la empresa Subsea Tech. Que el puerto de Hamburgo y una empresa formen parte del grupo es importante: no es un proyecto académico de laboratorio, sino que la idea es llevarlo a la práctica, al uso real en el mar.

En detalle. La inteligencia del sistema reside en cuatro componentes: la identificación de objetos con cámara y sonar, el etiquetado manual de más de 7.000 imágenes de objetos ajenos al fondo marino, la generación mediante IA de modelos 3D. A partir de aquí, el sistema ya sabe dónde y cómo agarrar esos objetos para extraerlos con seguridad. 

La clave de esa extracción está en una pinza con cuatro dedos capaz de aplicar hasta 4.000 N de fuerza, suficiente como para levantar objetos de hasta 250 kilogramos. No obstante, cuanto con unos sensores de presión para regular esa fuerza para no romper materiales frágiles como plásticos o vidrio. Si rompiera un objeto de plástico en trozos más pequeños sería peor el remedio que la enfermedad.

Sí, pero. La primera demostración pública del sistema ocurrió en el puerto de Marsella, donde el robot recupero entre otras cosas una rueda y un asiento de coche. Si bien es cierto que es una prueba en un entorno real, es una demo controlada en condiciones conocidas. El proyecto aún no ha hecho públicos datos esenciales para su rentabilidad y escalabilidad, como cuántos objetos se recuperaron por hora, cuál es la tasa de errores del sistema de reconocimiento o el coste de operar el sistema en un puerto real durante un año. 

Por otro lado, extraer objetos del fondo tiene su aquel: si son de gran tamaño y llevan años depositados allí, pueden poner en suspensión sedimentos contaminados y perturbar fauna que los haya colonizado. Es decir, que paradójicamente, limpiar también puede tener impacto ambiental.

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