Mark Zuckerberg se ha propuesto ser el único CEO no-apocalíptico y humanista de la IA. Otra cosa es que le creamos

  • El creador de Facebook y Meta no quiere que la superinteligencia la dominen unas pocas empresas

  • Propone repartirla entre millones, pero para lograrlo nos tenemos que fiar a ciegas de Meta, y con su historial eso parece imposible

Mark Zuckerberg Meta Ia Abierta Creerle Es Dificil
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Javier Pastor

Editor Senior - Tech
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Javier Pastor

Editor Senior - Tech

De las 6.578 palabras del manifiesto que ayer publicó Mark Zuckerberg, hay unas cuantas que se repiten de manera sospechosa. "People" lo hace 69 veces, "superintelligence" lo hace 54, "power" lo hace 37, y "everyone" lo hace 36. La visión del creador y CEO de Meta es la de que la IA debería ser para todos y no debería estar controlada por ninguna empresa. Pero la trayectoria de Meta hace pensar que en realidad el mensaje es: debería estar controlada por la mía.

La IA no viene a sustituirte, viene a darte superpoderes. El gran giro narrativo del texto de Zuckerberg sostiene que la gran misión de la superinteligencia será inventar cosas nuevas, no automatizar las existentes. No solo eso: según el texto, dicha superinteligencia podría acabar creando más empleo: imagina pequeñas empresas creadas por una o un grupo de pocas personas, tutores personalizados de conocimiento en cualquier ámbito, y agentes de IA que mejoren nuestra salud, carrera, finanzas o relaciones. Para él la IA ampliará nuestras capacidades y nos dará "superpoderes".

Zuckerberg no es como sus rivales. El fundador de Facebook/Meta afirma que la empresa está centrada en crear la "superinteligencia personal para todos", mientras que otras empresas y laboratorios de IA orientan sus modelos hacia empresas, gobiernos e instituciones. Frente a la concentración de poder, él aboga en ese texto por la distribución del mismo: si todos tenemos un abogado superinteligente, nadie tendrá una ventaja injusta. Si todos tenemos cibereguridad grcias a la IA, los sistemas serán más seguros. 

Muy bonito todo, pero... Zuckerberg plantea un futuro en el que cada uno de nosotros tengamos un agente de IA que nos conozca a la perfección y que sepa todo lo que nos importa. Ese agente trabajará 24/7 y acompañarnos por ejemplo mediante unas gafas (cómo no). Meta promete que lanzará modos privados y compara esa protección con el cifrado de WhatsApp. En 404 Media señalan que ahí hay una contradicción evidente: usar las opciones de las gafas de Meta supone confiar enormes cantidades de contexto personal a una empresa cuyo negocio histórico está basado fundamentalmente en conocer mejor a sus usuarios. El mensaje de un futuro humanista que nos vende Meta pasa por dejarla que sepa mucho más de nosotros.

Dos caras de la moneda. El ejemplo de los tutores personalizados es desde luego destacable y ciertamente democratizan el contenido a profesores extraordinarios, pero también tienen su contrapartida: sirven para hacer deberes (o exámenes) sin aprender. Con los abogados lo mismo: se podría tender a la creación de litigios automatizados y burocracia a una escala masiva. Los beneficios de los que habla Zuckerberg son factibles, sí, pero la IA, como cualquier otra herramienta (tecnológica o no), puede ser utilizada tanto para el bien como para el mal.

Los modelos abiertos están genial, pero cuidado. Meta acaba de presentar Muse Glimmer, su nuevo modelo de pesos abiertos, y Zuckerberg aprovecha para presentarlo como una pieza importante de ese repato de poder. Sin embargo analistas como M.G. Siegler recuerdan que Meta aparcó esa filosofía abierta de la que tanto había presumido cuando Llama perdió competitividad. Es buena noticia que la empresa ofrezca este modelo, pero ha aprovechado un modelo en el que esos modelos tienen muy buena prensa. No solo eso: China lleva la delantera en ese ámbito, y que Meta presente una alternativa "occidental" la coloca en buen lugar a la vista de usuarios y entidades. 

Oxímoron: Meta descentralizando. Zuckerberg propone distribuir la superinteligencia entre las personas, pero Meta seguiría controlando buena parte de los modelos, la infraestructura, las gafas y los agentes mediante los que accederíamos a ella. Incluso plantea poner en marcha un sistema de subasta dinámica para repartir el cómputo entre quienes quieran (o más bien, puedan) pagar más cantidad. Su tesis parece ciertamente liberal y anticentralizadora, pero es también una forma de colocar sus modelos de IA como el estándar que debería usar el gran público.

Zuckerberg ha aprovechado la oportunidad. La publicación de este manifiesto se produce en un momento muy llamativo. Anthropic no para de hablar de los riesgos de la IA mientras que OpenAI habla tanto de abundancia como de una transformación laboral. Son discursos con tono pesimista,  pero en Meta quieren apostar por el tono positivo. Es cierto que la visión propuesta por Meta es acertada y razonable en el fondo, pero el problema es que viene de quien viene. Creer a Zuckerberg resulta, si no imposible, sí muy, muy difícil.

En Xataka |  Mark Zuckerberg: "Es literalmente imposible tener una única superinteligencia benevolente que esté alineada con todos a la vez" 

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