El problema ya no está en quién usa plástico, sino en quién lo recicla: el gran fraude de la gestión de residuos

La industria ha pasado 50 años promoviendo el reciclaje como solución milagrosa. No lo es

Photo 1595278069441 2cf29f8005a4
5 comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail
javier-jimenez

Javier Jiménez

Editor Senior - Ciencia
javier-jimenez

Javier Jiménez

Editor Senior - Ciencia

A principios de los 80, algunas ciudades norteamericanas empezaron a darse cuenta de que los residuos que generaba el plástico eran enormes e incontrolables. Técnicos y activistas empezaron a hablar de regulaciones y prohibiciones, pero la industria encontró otra forma de solucionarlo: el reciclado.

El estándar. Durante 50 años, la industria petroquímica ha promovido el reciclaje como el 'estándar de oro' para solucionar la contaminación plástica. Hoy por hoy, sabemos que solo el 9% de todo el plástico producido históricamente se ha reciclado. No fue un error de cálculo, ni una muestra de optimismo ingenuo: fue un fraude industrial a gran escala. 

Un fraude documentado. En 1973, adelantándose a la ola regulatoria, la Society of the Plastics Industry encargó un informe para ver qué se podía hacer con el plástico que ellos mismos fabricaban. Las conclusiones del estudio fueron devastadoras: no solo se reconocía la degradación inherente de las resinas en cada ciclo de reprocesamiento, sino que dejaba claro que (incluso en el mejor de los casos) no había mercado para el producto final. 

Y, por supuesto, a la industria le dio igual. 

Un informe del Center for Climate Integrity y el sumario de una macrocausa del fiscal general de California contra ExxonMobil nos dan las claves para entenderlo. 

Porque no es exactamente un secreto. Un empleado de Exxon reconoció en 1994 ante el American Plastics Council que "la compañía estaba comprometida con las actividades de reciclaje, pero no con sus resultados". El fundador del Vinyl Institute (uno de los lobbies del sector) admitió en 1989 que el reciclaje no podía prolongarse indefinidamente y que, por supuesto, no resolvía el problema de los residuos sólidos. 

Tenemos pruebas. Es más, desde hace décadas, sabemos que hay documentos internos que muestran patrones de inversiones en plantas de reciclaje que fueron cerradas o abandonadas una vez habían cumplido su función de relaciones públicas. Las pruebas siguen y siguen. 

Sin embargo, nadie prestó mucha atención. El paralelismo con el negacionismo climático es patente: la documentación es cristalina. La industria sabía que el reciclaje no funcionaría, pero se gastó millones y millones en promoverlo activamente con la idea de evitar regulaciones. 

¿Y por qué es noticia ahora? Porque hay dudas de que esto se haya acabado. Sí, el ciudadano medio ha interiorizado que separar residuos y depositarlos en el contenedor amarillo (o el sistema equivalente) es una acción medioambiental eficaz. De hecho, cuanto mejor recicla el ciudadano, más eficaz es la coartada de la industria para seguir produciendo plástico sin cortapisas. El reciclaje, en realidad, desplaza la presión regulatoria.

Porque los datos (y las tasas de reciclado sea cual sea el enfoque) no son tan buenos como podríamos pensar. Y es que el problema es de volumen. La producción de plástico va a tal velocidad que ni mejorando significativamente las tasas de reciclaje conseguiríamos reducir la cantidad de plástico que acaba en el medio ambiente. 

¿Y qué hacemos? Esa es la gran pregunta: qué hacemos. Nuestra sociedad se ha hecho tan dependiente de plástico que las soluciones más eficaces están fuera del ámbito de lo posible. Pero si la situación sigue así, dejarán de estarlo más pronto que tarde.

Imagen | Nick Fewings

En Xataka | Sabemos desde hace años que nuestro sistema de reciclaje está roto. Parece que al fin vamos a arreglarlo


Inicio