Hay una creencia muy extendida sobre que si te esfuerzas en el trabajo, si llegas antes y te vas después, el éxito laboral llega solo. Es una idea bonita. Pero, varios estudios psicológicos han demostrado que es absolutamente falsa.
Según la conclusión de los psicólogos, lo realmente determina si un empleado asciende, si le evalúan bien o si simplemente sobrevive a los recortes de plantilla en una empresa no es solo lo que produce. Tiene mucho que ver con la relación que tiene con su jefe y con otros empleados. Y eso depende, en gran medida de sus habilidades sociales y de la relación que existe entre ellos.
El sesgo que nadie reconoce, pero todos practican. Desde los años 70, los investigadores llevan estudiando algo que llaman LMX o Leader-Member Exchange (Teoría del Intercambio Líder-Miembro). La idea tras esta teoría es sencilla: los jefes no tratan igual a todos sus empleados. Con algunos de ellos construyen una relación de confianza, apoyo y acceso a oportunidades, mientras que con otros mantienen un vínculo más frío y distante. Según un estudio de Josephine Campbell, esa diferencia tiene consecuencias directas en las evaluaciones de rendimiento, los ascensos y el desarrollo profesional.
Lo más llamativo de los distintos estudios que se han llevado a cabo es que la calidad de esa relación predice el éxito laboral con más precisión de lo que cabría esperar. Investigaciones sobre la persistencia del fenómeno LMX llevados a cabo en la Universidad de Portland, muestran una clara vinculación entre las calificaciones de los supervisores sobre la posibilidad de ascenso, la progresión salarial y la satisfacción profesional. Los empleados mejor valorados por sus jefes suelen ser los que mejor se llevan con ellos, aunque no sean los que más horas echan al final del día.
Ver la cara de tu jefe importa más de lo que parece. Según datos publicados por Euronews, los empleados que trabajan 100% en remoto tienen un 31% menos de opciones de ascenso y un 38% menos de recibir bonus que sus homólogos presenciales. Todo eso partiendo del mismo rendimiento que sus compañeros de oficina. Un estudio de 2019 de la Universidad de California, recogido en Organization Science, ya lo había observado previamente: el hecho de que tu jefe te vea cara a cara genera resultados positivos para el empleado, con independencia de su rendimiento laboral.
Esto tiene nombre. Se llama proximity bias o sesgo de proximidad y es un comportamiento inconsciente del ser humano, en el que prioriza más a las personas o eventos que suceden a su alrededor. Los jefes tienden a favorecer a quienes tienen más cerca, no necesariamente a quienes rinden más. Se estima que el 96% de los directivos admite, que percibe más las contribuciones de quienes están físicamente en la oficina que de aquellos que trabajan de forma remota.
Comunicar cuenta y mucho. Hay un factor más que también influye de forma decisiva en cómo perciben los jefes y supervisores a algunos de sus empleados: si dices lo que piensas. Un estudio llevado a cabo por investigadores de las universidades de Waikato (Nueva Zelanda) y Bérgamo (Italia) publicado en Personnel Review analizó el comportamiento de 218 empleados y supervisores en una empresa japonesa. Los empleados que expresaban opiniones en voz alta obtenían mejores valoraciones de sus jefes. Sus superiores los veían como más capaces. Más implicados. La voz, en sí misma, y las construía su reputación.
No obstante, el propio estudio reconoce que este factor no es extrapolable a todas las empresas. "Es importante considerar cuidadosamente el grado de política en el lugar de trabajo antes de expresar la propia opinión", señalan los autores del estudio. En entornos empresariales con mucha política interna y jerarquías, en las que las dinámicas de poder son complejas, alzar la voz puede ser contraproducente.
Trabajar más horas no mueve el marcador. Un informe de la plataforma de empleo Deel con datos de más de un millón de contratos laborales en todo el mundo mostró que los trabajadores remotos hacen casi el doble de horas extras que sus compañeros presenciales, pero siguen siendo menos propensos a recibir ascensos. El esfuerzo extra, si no es visible, no se traduce en reconocimiento y, por tanto, no se materializa en ascensos u oportunidades de crecimiento profesional.
Esto conecta con algo que la psicología lleva décadas diciéndonos: la percepción que tiene el jefe de ti no se construye solo con tus resultados. Tiene mucho que ver en que le des los buenos días cada mañana en la oficina. El mérito existe, pero va más rápido si, además de hacerlo, se lo cuentas a tus supervisores.
En Xataka | La productividad se ha duplicado durante los últimos años. Stanford cree que no es la IA: es el teletrabajo
Imagen | Unsplash (Vitaly Gariev)
Ver 1 comentarios