En el verano de 2014, Bill Gates pasó una semana de sus vacaciones en un superyate yate navegando frente a las costas del sur de Francia. Le gustó tanto que quiso comprarlo, pero no llegó a tiempo.
Un príncipe saudí se le adelantó y pagó, en apenas unos días, una cifra que muy pocas personas en el mundo podrían asumir. Inmediatamente, el millonario saudí pidió algo que muy pocos esperaban: un dormitorio modesto escondido tres cubiertas por debajo de la suntuosa suite del propietario. El motivo es algo tan común como que se marea en alta mar...y aún así se compró uno de los superyates más caros y lujosos del mundo. Tanto que incluso tiene su propia página en Wikipedia.
Un yate que sedujo hasta a Bill Gates. El yate se llama Serene y es un gigante de 134 metros de eslora construido por el astillero italiano Fincantieri, el mismo que después construiría el crucero de lujo Ocean Victory. Fue su primer superyate y, cuando se botó en 2010, se convirtió en el mayor superyate jamás fabricado en Italia.
Su primer dueño fue el empresario ruso Yuri Shefler. En el verano de 2014, Bill Gates alquiló el yate por cinco millones de dólares a la semana durante unas vacaciones familiares. Poco después, el entonces príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman lo vio de cerca en Francia. Tal y como contaba El Correo del Golfo, el actual mandatario saudí acabó comprando el Serene por unos 500 millones de dólares, cifra que sitúa al barco entre los más caros jamás vendidos.
Un camarote antimareo avalado por la física. La suite del propietario está en la cubierta cinco, con terraza propia, decoración en mármol, oro y maderas nobles, así como un equipamiento de lujo y vistas al mar. Pero cuando el yate navega, Mohammed bin Salman casi nunca duerme ahí. Prefiere descansar en un camarote mucho más sencillo e ingenioso situado tres pisos más abajo. Tal y como cuenta Luxurylaunches, su decoración, aunque menos ostentosa que la suite del propietario, tiene inspiración balinesa.
La elección de esta ubicación para que el príncipe heredero descanse sin marearse no es casual y tiene más que ver con la física que con lujo. El mareo por movimiento o cinetosis ocurre cuando el cerebro recibe señales contradictorias del oído interno y de la vista. La proa (parte delantera del yate) sube y baja con cada ola, mientras que la popa (parte trasera) es más estable, pero acusa más las vibraciones que producen las hélices al funcionar.
El centro del barco, en cambio, apenas se mueve. Además, cuanto más cercano se esté del punto de equilibrio del yate, es decir, más cercano al agua, menos se notará el balanceo de las olas. Por ese motivo, el camarote "antimareo" de Mohammed bin Salman a bordo del Serene se encuentra justo en medio de la cubierta dos, la zona "habitable" más estática de todo el casco.
La ciencia que hay detrás del diseño. Aunque el Serene está equipado con sistemas de estabilización, ningún estabilizador elimina el movimiento del todo, ni siquiera en un barco de 8.231 toneladas. Tal y como explican en YachtBuyer, el Serene cuenta con unas aletas que salen bajo el casco y se ajustan en tiempo real para compensar el balanceo de las olas. También cuenta con un sistema de posicionamiento dinámico, capaz de mantener el barco quieto en una posición determinada sin necesidad de fondear con el ancla. Simplemente compensando la acción de las olas sobre el casco para evitar el desplazamiento.
Sin embargo, en mar abierto y con oleaje fuerte, ni la mejor tecnología de estabilización es capaz de contrarrestar el empuje de las olas. Ahí es donde entra en juego el sentido común náutico: dormir lo más cerca del casco y cerca del centro del yate para evitar el balanceo.
Nieve, submarino y hasta un Da Vinci. Más allá de la "austeridad" del dormitorio antimareo, el resto del Serene no tiene nada de discreto. Cuenta con dos helipuertos, un hangar para submarinos y una sala de nieve que baja hasta once grados bajo cero pensada para huir del calor saudí. También hay un club de playa con piscina de quince metros y una sala inspirada en Julio Verne forrada de placas de cobre al estilo steampunk.
Además de esos lujos, el Serene protagonizó un episodio más curioso todavía. El Salvator Mundi, el cuadro atribuido a Leonardo da Vinci por el que el jeque saudí pagó 450 millones de dólares en una subasta de Christie's, pasó una temporada colgado de las paredes de este palacio flotante, según reveló en su día el Wall Street Journal. El Serene compite por el puesto de yate más lujoso del mundo, aunque queda lejos del Eclipse del ruso Roman Abramovich o del Azzam propiedad del emir de Abu Dabi. Con todo, para ele jeque saudí, el verdadero lujo de su barco de 500 millones no está en la sala de nieve ni en el submarino. Está en poder dormir tranquilo y sin marearse durante las vacaciones.
Imagen | Wikimedia Commons (The Presidential Press and Information Office), Superyatch Fan
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