El formato físico está muriendo. Por eso hay gente pagando 2 millones de dólares por tres cartuchos de Pokémon

Hay un claro beneficiado por la muerte del formato físico: los coleccionistas que pagan 2 millones por tres cartuchos de Pokémon

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John Tones

Editor Senior - Entretenimiento
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Dos millones de dólares por tres cartuchos de Game Boy. La cifra llama la atención por sí sola, pero no solo por la cantidad de ceros: es ya la tercera vez en apenas nueve semanas que el coleccionismo ligado a Nintendo pulveriza su propio techo, y ninguna de las tres veces ha sido en una subasta pública al uso. Ocurre además en un contexto muy específico: Sony acaba de poner fecha de caducidad a los juegos físicos y Japón se plantea regular las cartas de Pokémon como si fueran un activo financiero.

La puja. Nathan Howerton, fundador de Nostalgix, la agencia que ha mediado en la operación, detalla que estas primeras ediciones de 'Pokémon Azul', 'Pokémon Rojo' y 'Pokémon Amarillo: Edición Especial Pikachu' conservan el precinto de fábrica. La PSA (agencia estadounidense que certifica la autenticidad y el estado de conservación de cartas coleccionables y videojuegos, asignándoles una nota del 1 al 10) les ha dado las notas más altas jamás vistas en este trío: 9,8 para 'Azul' y un 10 perfecto tanto para 'Rojo' como para 'Amarillo'. 

Howerton insiste en que este tipo de copias son "piezas irremplazables de la historia del videojuego". En la misma entrevista, la agencia recuerda que un 10 en un cartucho es una rareza: los procesos de fabricación por inyección dejan casi siempre alguna marca, así que la ausencia total de defectos es lo que dispara el precio.

Qué es Nostalgix. Esta empresa no funciona como una casa de subastas convencional. Es una correduría privada que, según su propio comunicado de resultados, ha superado los 10 millones de dólares en operaciones en solo cuatro meses de actividad, apoyada en herramientas propias de análisis de datos para seguir la evolución de precios, y conectando directamente a compradores y vendedores sin puja pública de por medio. 

El anonimato, por delante. Ese modelo es precisamente lo que permite que apenas haya datos sobre el comprador. Sabemos que son dos particulares anónimos que han bautizado su adquisición como The Dubai Collection. Se ha relacionado ese nombre con una colección pública de arte contemporáneo radicada en los Emiratos, pero Nostalgix sostiene que se trata de individuos, no de una entidad.

El pódium. Esos 2 millones de precio dejan esta venta en un segundo lugar histórico. Por delante solo tiene un cartucho precintado de 'Super Mario Bros.' de 1985 que el 12 de junio se subastó por 3 millones de dólares. Es una copia de la segunda tirada de fabricación, con el sello brillante que Nintendo usó solo unos meses antes de pasar al plástico termorretráctil, acompañada de una consola NES sin abrir. Aquella cifra ya multiplicaba casi por dos la que en 2021 convirtió una copia de Super Mario 64 en el videojuego más caro jamás vendido.

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Entre ambos hitos se coló un tercero: en julio, el coleccionista Jason Ganos relató en julio el hallazgo de 97 cartuchos nunca distribuidos de 'Super Mario Bros. / Duck Hunt' en el almacén de una tienda de Wisconsin, enviados desde fábrica en diciembre de 1995 sin motivo claro. La teoría de Ganos es que se trata de un lote de repuestos para reparaciones en garantía que nunca llegó a usarse. El desglose de las notas roza lo absurdo en un juego tan común: 60 unidades con 9,8, 31 con 9,6, una con 9,4 y cinco con la primera nota 10 que PSA ha concedido nunca a un cartucho de NES. Tres de esas unidades saldrán a subasta el 12 de agosto, y el resto el 9 de septiembre.

Y encima, Pokémon. A todas estas cifras de Nintendo se suma que 2026 es además el 30º aniversario de Pokémon, y la franquicia vive un momento de gloria en su otro gran mercado de coleccionismo: las cartas coleccionables. En febrero, Logan Paul vendió su Pikachu Illustrator (la carta coleccionable más rara y cara del mundo) con nota PSA 10 por 16,49 millones de dólares. Un récord que ya se veía venir desde 2023 cuando otro ejemplar salió a la venta por un millón de euros. En abril hizo su aparición la Jolina Gisèle Collection, colección suiza de más de 60.000 cartas con más de 12.000 de ellas certificadas por PSA, presentada en su propia web, y que ha generado tanta atención como suspicacia entre coleccionistas veteranos.

Un contexto muy complejo. Eso sí, hay que matizar la lectura triunfalista de Howerton, que enmarca la venta en la decisión de Sony de dejar de fabricar discos físicos para PlayStation a partir de enero de 2028 como prueba de que el coleccionismo valora cada vez más lo tangible: en 2021 hablábamos de las sospechas de que Heritage Auctions y la tasadora Wata Games hubieran inflado precios de este mismo tipo de cartuchos mediante compras entre partes vinculadas a las propias empresas. El físico se extingue en el mercado de consumo justo cuando alcanza cifras propias de subasta de obras de arte entre coleccionistas. Muy conveniente.

Y los gobiernos ya toman medidas: el Partido Liberal Democrático de Japón estudia la regulación del mercado de cartas coleccionables, después de que este creciera un 90% hasta los 2.100 millones de dólares en cuatro años. El grupo, preocupado por el blanqueo de capitales y las falsificaciones, advierte que "las cartas coleccionables ya no son simples productos de consumo". De hecho, algunas tiendas del país ya ponen exámenes sobre el universo Pokémon para frenar a los revendedores, y a la vez, jóvenes millonarios ya usan estas cartas como activo de inversión, al margen de la bolsa, para buscar rentabilidad.

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