Cada día, cientos de millones de personas vacían el filtro de la cafetera y tiran los posos a la basura sin saber que, para la ingeniería de residuos, esa pasta densa y oscura (repleta de agua) es una auténtica pesadilla. Es algo casi imposible de aprovechar; y, sin embargo, es demasiado valioso como para no intentarlo.
Eso es lo que explica que en un laboratorio de Corea del Sur alguien haya cogido 30 gramos de esa pasta, la haya puesto bajo una llama de plasma a unos 900 grados y, 90 segundos después, haya obtenido un biocarbón poroso, sin azufre y con un poder calorífico similar a la antracita.
Y lo mejor de todo esto es la idea. En vez de luchar contra el agua, la han puesto a trabajar.
Pero vayamos por partes. Sobre todo, porque aquí hay un problema histórico contra el que los ingenieros llevan años trabajando: los posos usados tienen un 55% de humedad. La vía tradicional para convertirlos en combustible es o bien secándolos antes (torrefactándolos durante media hora larga) o bien cociéndolos a presión (carbonización hidrotermal), pero asumiendo un proceso extremadamente largo.
Lo que el equipo de Taejun Park ha pensado es que hay otra forma de hacerlo. Primero se genera una llama de plasma a presión atmosférica quemando gas licuado del petróleo con aire comprimido y, luego, se meten los posos tal cual: mojados y sin desengrasar.
¿Y qué pasa entonces? Lo que le pasa a un grano de maíz cuando lo echas en la sartén: el agua de cada partícula se vaporiza de golpe, la hace reventar desde dentro y se acelera la carbonización. "Efecto palomitas", lo llaman.
Según el paper, el poder calorífico sube, el carbono fijo casi se triplica y la superficie específica se multiplica por 77.
Es llamativo, pero (por ahora) poco más. No es, desde luego, una 'alternativa al carbón'. "Estar en el rango calorífico de la antracita" no es equivalente a "ser antracita". Además, por mucho que queramos, se trata de un modelo de laboratorio, sin posibilidad real de convertirse en alternativa de nada en el corto plazo.
Y, sin embargo, la idea es especialmente irresistible. España bebe 67 millones de tazas de café al día. Un tercio de ellas en bares y cafeterías. Es decir, a doce gramos por taza, hablamos de 100.000 toneladas al año de posos húmedos listos para ser convertidos en carbón.
No solo son 100.000 toneladas, de hecho. Porque este mismo proceso podría usarse para tratar restos de comida, lodos de depuradora o residuos agrícolas (como el alperujo de las almazaras). Al fin y al cabo, todos esos residuos tienen el mismo problema que los posos del café: el agua.
Un agua que hasta hoy no sabíamos muy bien cómo quitar sin convertir el proceso en una pesadilla.
Imagen | Peter Herrmann
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