De la IA no se salva ni Dios, así que el Vaticano ha pasado de los mandamientos a ser el primer Estado en legislarla

El firewall de Dios: el Vaticano y su cruzada contra la desinformación digital

Iglesia
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Eva R. de Luis

Editor Senior

Por increíble que parezca, el Vaticano se está moviendo más rápido que la mayoría de instituciones históricas frente a la inteligencia artificial y todo lo que se nos viene encima (y que de hecho, ya vamos vislumbrando), desde desinformación hasta deepfakes de voz y vídeo, pasando por la erosión silenciosa de lo que entendemos por realidad. Una institución con más de 2.000 años de antigüedad y chapada a la antigua está dando una lección de agilidad institucional a gobiernos, parlamentos y hasta a empresas tecnológicas a las que no saben por dónde les da el aire.

Y no lo hace desde la ingenuidad, sino desde una convicción teológica firme y concreta: que la dignidad humana no es negociable, ni siquiera ante un modelo de lenguaje con mil millones de parámetros. A la UE le ha costado años aprobar su AI Act y aún así fue pionera, pero es que las big tech en general se están comportando como la industria tabacalera autorregulando el tabaco. En ese escenario, la Santa Sede lleva meses con direcciones internas en vigor, alianzas en ciberseguridad y un papa que ya ha dicho que la IA no puede predicar la fe.

La postura del Vaticano. Además de prohibir usar la IA para redactar sermones, el pasado mes de febrero Papa León XIV pidió al sacerdocio no buscar "likes" en redes sociales. Un año antes, el Vaticano había emitido uno de los primeros marcos normativos del mundo sobre IA exigiendo ética, transparencia y poner al ser humano en el centro

Así, la política vaticana establece que la tecnología "nunca debe superar ni reemplazar a los seres humanos" y debe estar al servicio de la dignidad humana. Y no es algo nuevo: ya el anterior Papa Francisco sentó las bases en su Laudato Si' de 2015, pero aplicadas al mundo digital.

Por qué es importante. Porque la Santa Sede se está moviendo más y mejor que el grueso de instituciones tradicionales para establecer normas y salvaguardas frente a la desinformación generada por IA. Mientras que la UE aprobó su marco legislativo como bloque, el Vaticano ha sido el primer Estado soberano individual en tener directrices de cumplimiento inmediato para su administración, adelantándose a potencias como Estados Unidos o China.

Al posicionarse como una autoridad moral, busca llenar el vacío regulatorio y ético que las empresas tecnológicas han dejado abierto. Este posicionamiento tiene un peso institucional real: el Vaticano opera como actor diplomático con estatuto de observador permanente en la ONU y relaciones con más de 180 estados, lo que le permite proyectar sus estándares éticos más allá del ámbito religioso, en un espacio donde ni gobiernos ni empresas tecnológicas han logrado consenso global.

Contexto. Ya hemos visto que el movimiento no es algo súbito ni improvisado y que la postura del Vaticano lleva cocinándose años. De hecho, es la evolución del "Rome Call for AI Ethics", un documento histórico (pero voluntario) donde  el Vaticano logró que gigantes como Microsoft, IBM y Cisco firmaran un compromiso para desarrollar tecnologías que respeten la privacidad y la inclusión 

El contexto geopolítico actual, marcado por ciberataques y el uso de deepfakes en conflictos, ha obligado a la Santa Sede a acelerar sus asociaciones de ciberseguridad y a establecer una monitorización dentro de la propia Ciudad del Vaticano para proteger su soberanía informativa. A nivel regulatorio, el Vaticano no va por libre: el enfoque de la Santa Sede es complementario al de la AI Act: la UE regula mediante ley y el Vaticano pone la autoridad moral y principios éticos de aplicación universal, algo que no puede legislarse.

Al detalle. El marco regulatorio del Vaticano se enfoca tanto en la seguridad técnica como en el impacto social que tienen los algoritmos y advierte seriamente sobre el riesgo de una nueva brecha de desigualdad: entre quienes controlan la IA y quienes son controlados por ella. 

  • El Vaticano ha establecido alianzas formales de ciberseguridad con enfoque simultáneo en defensa, diplomacia y ética.
  • Las directrices internas prohíben IA que manipule personas, genere discriminación o comprometa la integridad institucional y existen salvaguardas concretas sobre datos.


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