La IA ha provocado el colapso incluso de una industria no relacionada con la IA: las turbinas de gas

  • El concepto "trae tu propia energía" es el nuevo oro industrial: las turbinas de gas convencionales ya tienen lista de espera hasta la próxima década

  • De ex-directivos de Tesla a pioneros en fusión nuclear: Gigascale ignora la "virtud climática" y financia a los pesos pesados del hardware extremo

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Alba Otero

Editora - Energía
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Alba Otero

Editora - Energía

Cuando todo el mundo sale corriendo, el ex director de tecnología de Meta se queda. Mientras la mayoría de los inversores de Silicon Valley ha abandonado la tesis del Climate Tech —hastiados de promesas que no se convierten en negocio real—, Mike Schroepfer acaba de anunciar que ha captado 250 millones de dólares para hacer exactamente lo contrario. Su fondo, Gigascale Capital, ha cerrado su primera ronda con inversores institucionales para respaldar a fundadores que, en sus propias palabras, están "reconstruyendo la economía física".

La noticia llega en un momento en que el sector de la tecnología climática arrastra una reputación complicada. Como explica TechCrunch, la "sabiduría convencional" se ha agriado con la etiqueta de "Climate Tech". Schroepfer, conocido en el sector simplemente como Schrep, está desafiando el consenso del mercado. O como lo describe el mismo medio: "Zigging when most are zagging" (zigzagueando cuando todos van en la otra dirección).

¿Esta apuesta tiene sentido? Primero de todo, hay que entender el problema de fondo: las turbinas de gas, el sistema de generación eléctrica más convencional que existe, tienen actualmente una lista de espera que se extiende hasta principios de los años 2030. No es que falte tecnología verde, es que falta energía, a secas. Y las empresas que intentan conectarse a la red eléctrica lo tienen cada vez más difícil.

La responsable. Y la pregunta es, ¿quién ha acelerado esa demanda hasta este punto? La inteligencia artificial. El sector ha experimentado un giro estructural en los últimos años, impulsado precisamente por las exigencias energéticas de la IA. Los centros de datos consumen cantidades ingentes de electricidad y las redes no dan abasto. Ante esta situación, muchas empresas están intentando generar su propia electricidad. Como señaló el propio Schroepfer, el modelo de "trae tu propia energía" (Bring-Your-Own-Power) se convertirá en una ventaja competitiva decisiva en las industrias intensivas.

Pero tampoco ahí hay un camino fácil: hasta las turbinas tradicionales tienen lista de espera. Como detalla Pulse 2.0, la electrificación acelerada, la relocalización industrial, el despliegue de IA y los eventos climáticos cada vez más extremos están presionando simultáneamente sobre unas infraestructuras físicas que llevan décadas envejeciendo.

El negocio de la escasez. La empresa, Gigascale, fue fundada en 2023 por Schroepfer junto a Victoria Beasley y Evaline Tsai. El fondo emerge de un proceso que el ex directivo de Meta describe como un estudio sistemático del sector climático durante la pandemia. En tres años ha construido una cartera de más de 25 empresas en áreas que van desde la energía limpia y la infraestructura de red hasta los minerales críticos, la manufactura avanzada y lo que denominan "IA física": aplicaciones de inteligencia artificial para diseñar, fabricar y desplegar sistemas del mundo real.

La lógica de inversión de Schroepfer no pivota sobre la virtud medioambiental, sino sobre la competitividad. Su argumento es el siguiente: la solar pasó de producir 40 gigavatios al año a 600 en una década porque se abarató. "Las empresas que respaldamos ganan porque son más baratas, más rápidas y más fiables. Así es como escala la adopción. El impacto climático es el resultado de sistemas que funcionan mejor", declaró en un comunicado.

Cuando la lista de espera es la oportunidad. La cartera del fondo ya cuenta con nombres concretos que ilustran esta filosofía:

  • Nueva generación de energía: Commonwealth Fusion Systems y Xcimer Energy (que logró el primer destello de su sistema láser comercial a finales de 2025) trabajan en hacer realidad la fusión nuclear. Por su parte, Radiant avanza hacia uno de los primeros despliegues comerciales de microreactores nucleares en Estados Unidos.
  • Infraestructura para la IA: Arbor Energy ha firmado un acuerdo con GridMarket para suministrar hasta 5 gigavatios de energía limpia sin emisiones a centros de datos. En paralelo, Fractile anunció una ampliación de 136 millones de dólares para fabricar procesadores de IA diseñados específicamente para reducir el consumo eléctrico.
  • Economía circular e industrial: Heron Power, fundada por Drew Baglino —ex vicepresidente de Tesla para la división de propulsión y energía—, desarrolla electrónica de potencia industrial. Además, empresas como Dioxycle han firmado acuerdos plurianuales con gigantes como L'Oréal para convertir emisiones de CO₂ capturado en etileno para fabricar envases.

Hay una ironía que subyace. El mundo lleva años debatiendo cómo descarbonizarse por razones medioambientales. Y resulta que el catalizador que está haciendo urgente e inevitable la transformación del sistema energético no es ninguna cumbre climática: es la Inteligencia Artificial. Mientras los inversores huyen de la etiqueta Climate Tech por considerarla demasiado ideológica o poco rentable, la demanda de energía es tan brutal que ni siquiera las turbinas de gas más convencionales dan abasto. La oportunidad existe precisamente porque el problema es real. Y Schroepfer, que viene de construir los sistemas que consumen esa energía, lo tiene muy claro.

Imagen | Unsplash

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