A día de hoy es bastante común ver por la calle a personas que usan auriculares que funcionan a través de Bluetooth sin ningún tipo de cable de por medio. Para muchos aquí reina sobre todo la comodidad, pero hay algunas voces que apuntan a que es un auténtico peligro para nuestro cerebro y para nuestra longevidad, porque es casi como si nos estuviéramos poniendo un microondas en la cabeza debido a las ondas bluetooth que emite. Pero no es verdad.
No está comprobado. Estamos ya bastante acostumbrados a ver cómo el pánico a las radiofrecuencias vuelve de forma cíclica. Pasó con el 5G, con el WiFi y, por supuesto, sigue pasando con el Bluetooth. Sin embargo, cuando nos vamos a buscar algún estudio al respecto, la metáfora de la frecuencia microondas se desmorona rápidamente.
Una metáfora. La comparación que hacen algunas voces sobre la radiación que emiten todo lo que nos rodea tiene su origen en una verdad a medias, puesto que tanto los hornos microondas, como los dispositivos Bluetooth, operan en la misma banda de frecuencia, los 2,4 GHz. Hasta ahí llegan las similitudes.
Si nos metemos más al detalle, podemos ver que el factor crítico que determina si una radiación electromagnética no ionizante, como el Bluetooth, puede calentar un tejido humano es la potencia. Y aquí hay muchas diferencias, puesto que un microondas doméstico funciona con una potencia de entre 800 y 1.000 vatios, concentrada en un cajón metálico cerrado para agitar las moléculas de agua y calentar la comida. Pero un auricular Bluetooth típico emite una potencia que ronda el milivatio, es decir, una milésima de vatio.
Una gran diferencia. Estamos hablando de una diferencia de potencia abismal, puesto que un microondas es un millón de veces más potente. Es decir, comparar los AirPods con un electrodoméstico de nuestras cocinas por compartir la misma frecuencia de onda es como comparar la luz de una luciérnaga con mirar directamente al Sol al mediodía. Nada que ver.
Los expertos. Las agencias de salud globales llevan mucho tiempo estudiando los efectos de la radiación no ionizante. Aquí la Comisión Internacional sobre Protección frente a Radiaciones No Ionizantes (ICNIRP) actualizó en 2020 sus guías para campos electromagnéticos y estableció el límite de seguridad para nuestra cabeza y tronco en 2 W/ Kg. Todo lo que esté por debajo a priori es completamente seguro.
Puesto bien, la radiación que emiten los auriculares Bluetooth está drásticamente por debajo de estos valores límite; por lo tanto, la potencia es tan diminuta que es físicamente incapaz de producir un calentamiento en los tejidos cerebrales o causar efectos orgánicos. Asimismo, el proyecto internacional EMF de la Organización Mundial de la Salud, tras revisar decenas de miles de estudios, ha apuntado que por debajo de los límites fijados por la ICNIRP, no se ha identificado ningún efecto adverso sobre la salud.
Peor el móvil. Si te preocupa ponerte un dispositivo Bluetooth en la oreja, debes saber que la exposición es mínima en comparación con el teléfono móvil que llevas en el bolsillo. Aquí un estudio publicado en 2019 midió la exposición real a la que nos enfrentamos y apuntó que la potencia de los auriculares Bluetooth es entre 10 y 400 veces menor que la de los teléfonos móviles a los que están conectados. De hecho, usar auriculares inalámbricos es una excelente manera de alejar el móvil de la cabeza, reduciendo drásticamente la exposición general.
El peligro de los auriculares no está en la radiación que emiten, sino en el daño auditivo que puede generar y que sí está acreditado por los expertos. Y es que la exposición prolongada a volúmenes altos está causando una epidemia silenciosa de pérdida de audición temprana y tinnitus entre los más jóvenes.
De esta manera, hay que tener en cuenta que se debe mantener el volumen por debajo del 60%, limitar el tiempo de escucha ininterrumpida y usar auriculares con cancelación activa de ruido para no tener la necesidad de llevar la música a tope.
Imágenes | cottonbro studio
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