Se calcula que en la Tierra caen unos 17.000 meteoritos al año. Sin embargo, algunos se descomponen en fragmentos irrecuperables y otros se confunden con rocas comunes. Puede que muchos estén abandonados en el fondo de algún armario. De hecho, a día de hoy, solo se han localizado 80.000 meteoritos en todo el mundo. Pero si encontrar meteoritos es complicado, dar con sus cráteres de impacto es muchísimo más difícil. Las cifras hablan por sí mismas. Hoy por hoy, solo se han documentado 196 de estas estructuras.
En España, por ejemplo, no se había encontrado ninguna hasta hace muy poco. Había dos huellas sospechosas de haber sido dejadas por un meteorito, una en Azuara, cerca de Zaragoza, y otra en la cuenca de Tabernas, entre las localidades almerienses de Alhama de Almería y Alhabia. El primero ha ido desinflándose a medida que se ha ido investigado, pero el segundo ha sido reconocido por fin como tal por la comunidad científica internacional. Ya es oficial: se ha encontrado el primer cráter de impacto de un meteorito en España.
No era un terremoto, era un meteorito. El hallazgo y la descripción de este cráter es el resultado de la investigación llevada a cabo por la Universidad de Almería, el Centro de Astrobiología y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA). Todo empezó en 2005, cuando dos científicos de la Universidad de Almería, Juan Antonio Sánchez Garrido y Sebastián Sánchez, se dispusieron a estudiar el Gordo Megabed, una roca muy estudiada, que durante muchos años se consideró que tenía origen sísmico. Sin embargo, ellos encontraron algunas características que no cuadraban con lo que se conoce como una sismita.
Había una anomalía con los elementos del grupo del platino, como el iridio, que se ha localizado en muchos cráteres de impacto de meteorito detectados en otros puntos de la Tierra e incluso en otros planetas. Probaron también a buscar cuarzos chocados. Es decir, una forma del cuarzo que, al observarse a microscopio, muestra una estructura desplazada a lo largo de planos cristalográficos. Es algo que solo puede pasar a presiones desorbitadamente altas, como las que se generan con el impacto de un meteorito. Las sospechas estaban cada vez más claras. El Gordo Megabed se formó por un movimiento sísmico, es cierto, pero dicho movimiento lo causó un meteorito al impactar sobre nuestro planeta.
Siguen las pruebas. Desde que se hizo aquel hallazgo, se ha seguido y se sigue excavando la zona y analizando ese posible cráter de impacto. Así, se han encontrado también shatter cones, conocidos en español como conos astillados. Se trata de superficies de fractura estriadas y cónicas que se encuentran en rocas que han sufrido una presión muy elevada. Dicha presión solo se relaciona con el impacto de un meteorito o una explosión nuclear. Dado que los cálculos realizados apuntan a que esta estructura tiene 8 millones de años, la explosión nuclear queda descartada.
Testigos de roca extraídos en la excavación
Pero eso no es todo. También se han detectado pruebas magnéticas. Cuando una roca se somete a temperaturas muy altas, adquiere algo conocido como anomalía magnética negativa. Con el impacto de un gran meteorito se genera una gran presión, que a su vez da lugar a un aumento enorme de temperatura. Se llegan a alcanzar más de 2.000ºC. Por eso, es más que normal que se detecten estas anomalías, cuyo seguimiento ha permitido delimitar el cráter en el caso de Almería. O, al menos, permitió delimitar dónde se sospechaba que podría estar el cráter.
Los suecos entran en escena. El hecho de que en España nunca se haya detectado un cráter de impacto significa que los científicos españoles, lógicamente, no están familiarizados con este tipo de anomalías en la roca. Por eso, estos científicos de la Universidad de Almería se asociaron con el resto de instituciones mencionadas, pero también acudieron a consultar a investigadores suecos.
En países nórdicos, como Suecia, Noruega y Finlandia, hay materiales geológicos más antiguos, en los que se han podido detectar varios cráteres de impacto. Cuando estos científicos se unieron a la investigación, confirmaron las sospechas que poco a poco habían ido apoderándose de los científicos españoles. Habían encontrado el cráter de impacto de un meteorito. El primero de España.
Las características del cráter. Al pensar en un cráter lo imaginamos como un agujero claramente horadado en la Tierra. Como los típicos cráteres de la Luna. Sin embargo, debemos tener en cuenta que en la Tierra hay vientos y movimientos geológicos, ausentes en nuestro satélite, que no dejan los cráteres a la vista con el paso de los años. Lo que han encontrado estos científicos está cerca de la superficie en algunos puntos, pero en otros se encuentra enterrado con una presión de sedimentos de 800, 900 y hasta 1.000 metros.
Aun así, con todo lo anterior, sabemos que es un cráter de 5 kilómetros de radio, junto a una área fragmentada que alcanza los 24 kilómetros de radio. Es decir, en cierto modo tenemos el “agujero” que deja el meteorito y, a su alrededor, todo el terreno que se fractura a consecuencia del impacto. Los propios bordes del cráter son lo que hoy en día vemos como montañas. En el vídeo inferior se ve perfectamente.
¿Y el meteorito qué? Hay cráteres de impacto muy bien estudiados que han permitido calcular la relación entre el tamaño de un meteorito y el radio del cráter que deja. Teniendo en cuenta esto y algunos otros factores, se calcula que el meteorito debía medir en torno a 800 metros. Todo esto es lo que se sabe hasta el momento.
Las excavaciones aún no han terminado. Con ellas se están extrayendo testigos de roca. Es decir, unos cilindros de material excavado para su posterior análisis. Con ello esperan encontrar aún más cuarzos chocados y nuevas pruebas que les permitan describir de forma más concisa lo que pasó en esa zona del desierto de Tabernas, entonces sumergida bajo el mar, cuando un enorme meteorito fue a impactar sobre ella hace 8 millones de años.
Imágenes | MAR
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