Los océanos siguen aumentando su temperatura y marcando récords. El último dato lo tenemos del pasado 21 de junio, cuando se alcanzaron temperaturas inéditas, y no es ningún tipo de error de sensor ni de calibración satelital. Y es que cuando dos de los sistemas de medición climática más avanzados y precisos del planeta arrojan exactamente la misma advertencia, la ciencia deja poco margen para la duda: los océanos de la Tierra están más calientes que nunca para esta época del año.
Doble confirmación. Lo verdaderamente relevante de este hito no es la cifra que marca el termómetro, sino la solidez de estos datos. Por un lado, el Servicio de Cambio Climático de Copernicus, que es la referencia europea, apuntó a 20,86 ºC el día 21 de junio. Por otro lado, Servicio Marino de Copernicus marcó en este mismo día 21 ºC.
Su importancia. En climatología, que dos métricas con distintas aproximaciones metodológicas converjan en un mismo resultado es crucial. Esta doble confirmación reduce drásticamente la probabilidad de que el récord dependa de un único método de medición o de un fallo instrumental.
El Niño. Esta anomalía térmica oceánica no ocurre en el vacío, sino que ya a finales de mayo y principios de junio, la Organización Meteorológica Mundial avisaba de que la probabilidad de que se desarrollara El Niño era inusualmente alta, instando a los gobiernos a preparar sus planes de mitigación de impactos.
Las sospechas se confirmaron el 11 de junio de 2026 cuando el Climate Prediction Center de la NOAA estadounidense emitió su ENSO Diagnostic Discussion, declarando oficialmente que las condiciones de El Niño ya estaban presentes en el Pacífico ecuatorial y que el fenómeno se había gestado con fuerza durante el mes anterior.
Un matiz importante. Como apuntan los expertos, el hecho de que las temperaturas récord concuerden con el inicio de El Niño no implica una causalidad completa. Hay que tener en cuenta que El Niño es un fenómeno natural que calienta el Pacífico tropical, pero por sí solo no explica que el Atlántico Norte o los mares del sur estén ardiendo.
Lo que estamos viviendo es una peligrosa coincidencia temporal, ya que El Niño se está superponiendo a una tendencia de calentamiento global de fondo implacable, impulsada por las emisiones de origen humano. El calentamiento antropogénico ha elevado la "temperatura base" del planeta y, si a esa base artificialmente alta le sumas el pico natural que provoca El Niño, el resultado es la ruptura de los termómetros globales que estamos viendo este mes.
Sus efectos. El mar actúa como el gran termostato de la Tierra, absorbiendo aproximadamente el 90% del exceso de calor del sistema climático. Pero esa capacidad de amortiguación tiene límites y, sobre todo, consecuencias severas. Por ejemplo, un mar más caliente evapora más agua y esto supone más "combustible" atmosférico para desencadenar tormentas extremas y huracanes más intensos.
Los expertos. Si nos vamos a las voces de terceros investigadores que han interpretado estos resultados, Sergio Moreno, técnico en el Instituto Español de Oceanografía, en declaraciones para SMC recoge lo siguiente:
En cuanto a las implicaciones de estas observaciones, como ya mencionan los autores, la tendencia al aumento de la temperatura superficial del mar, que se viene experimentando desde hace años, parece estar acelerándose, en parte favorecida por el inicio de un nuevo episodio del fenómeno de El Niño. Aunque siempre existe cierto grado de incertidumbre en cualquier predicción, todo parece indicar que durante los próximos meses y años seguirán batiéndose récords de temperatura, acompañados de fenómenos meteorológicos más intensos y menos predecibles.
Ver 0 comentarios