Hace casi dos décadas, un grupo de ingenieros estadounidenses tuvo una idea que parecía sacada de la ciencia ficción: construir un sistema capaz de identificar mosquitos en pleno vuelo y derribarlos con disparos láser. El proyecto llegó a funcionar, pero nunca se convirtió en un producto de consumo. Ahora, desde China han recuperado aquel concepto, le han añadido inteligencia artificial y están intentando llevarlo al mercado por unos 1.000 dólares.
El resultado parece un sistema de defensa antiaérea en miniatura.
La idea nació en Estados Unidos. En 2006, Nathan Myhrvold, antiguo director de tecnología de Microsoft y fundador de Intellectual Ventures, planteó a un grupo de ingenieros una pregunta insólita: ¿sería posible matar mosquitos con un láser? La propuesta surgió de conversaciones sobre cómo combatir la malaria, una enfermedad transmitida por mosquitos que seguía causando cientos de miles de muertes anuales.
Entre los especialistas involucrados estaba Lowell Wood, un físico que había trabajado en proyectos relacionados con la defensa estratégica estadounidense durante la Guerra Fría. Su respuesta fue diseñar una especie de barrera invisible que pudiera detectar insectos, distinguirlos de otros animales y dispararles automáticamente. La llamaron Photonic Fence, o valla fotónica, y en 2009 Intellectual Ventures ya había construido prototipos funcionales.
Una Estrella de la Muerte contra los mosquitos. En febrero de 2010, Myhrvold presentó públicamente la tecnología durante una conferencia TED en California. El sistema utilizaba sensores ópticos y cámaras para localizar mosquitos, seguir sus movimientos y dirigir un láser hacia ellos, con la posibilidad de distinguir insectos por características como su tamaño y el batido de sus alas. La demostración incluía una detección en directo mediante un láser inocuo y vídeos de insectos abatidos con disparos reales.
La comparación con la Estrella de la Muerte de Star Wars fue inevitable, y medios como TIME o Wired incluyeron el invento entre las innovaciones destacadas de aquel año. Sin embargo, convertir el prototipo en una solución asequible, segura y fácil de desplegar resultó mucho más complicado. La tecnología continuó desarrollándose, pero aquella prometedora arma contra la malaria nunca llegó a fabricarse de forma masiva para los consumidores.
China retoma el proyecto. Dieciséis años después de aquella demostración, la empresa Photon Matrix Lab, con sede en Changzhou, en la provincia china de Jiangsu, ha desarrollado su propio sistema de defensa contra mosquitos. Su dispositivo, llamado Laser Mosquito Air Defense System, tiene aproximadamente el tamaño de un ladrillo y combina sensores láser, cámaras e inteligencia artificial para localizar pequeños objetos voladores y neutralizarlos.
La compañía ofrece dos versiones: una con láser infrarrojo invisible, destinada principalmente a interiores, por 988 dólares, y otra con láser azul visible, orientada al uso exterior, por 1.088 dólares. Ambas prometen un rendimiento similar. La diferencia respecto al proyecto estadounidense no es haber descubierto que un láser puede derribar mosquitos, sino intentar integrar todos los componentes en un aparato compacto, fabricable y destinado al mercado doméstico.
Cien mil pulsos por segundo. El funcionamiento recuerda al de un pequeño sistema antiaéreo automatizado. El dispositivo utiliza tecnología lidar, habitual en vehículos autónomos, para emitir aproximadamente 100.000 pulsos láser de baja potencia por segundo y vigilar un plano bidimensional situado frente a la máquina. Cuando detecta un objeto volador diminuto, calcula su trayectoria y activa un láser de mayor potencia para interceptarlo. Cada disparo dura alrededor de una centésima de segundo y está diseñado para quemar las alas del mosquito, impidiéndole continuar volando.
Durante una demostración presenciada por The New York Times, el aparato derribó varios insectos consecutivamente, que cayeron al suelo con el cuerpo aparentemente intacto, pero sin capacidad para despegar. No murieron al instante necesariamente, de hecho, según el fundador de la empresa, Wang Chuan, algunos pueden sobrevivir durante horas o incluso días después de perder las alas.
El verdadero problema no son los mosquitos. Para conseguir una eficacia suficiente, Photon Matrix descartó los láseres de clase 3 y terminó utilizando uno de clase 4, la categoría de mayor peligrosidad. ¿Razones? Estos dispositivos pueden provocar lesiones oculares graves en una exposición extremadamente breve, por lo que la seguridad se ha convertido en el principal obstáculo comercial. La empresa asegura haber incorporado cámaras con inteligencia artificial para reconocer personas y mascotas, sistemas de detección de superficies reflectantes y sensores adicionales capaces de identificar movimientos incluso en completa oscuridad.
También exige superar un cuestionario de seguridad de 15 preguntas antes de permitir el registro de una huella dactilar para activar la máquina. Dicho esto, todas esas medidas dependen de que los sistemas funcionen correctamente, porque un disparo accidental o un reflejo inesperado podría tener consecuencias graves. Contaba el Times que la compañía está buscando las autorizaciones correspondientes en China, Europa y Estados Unidos, aunque todavía no ha demostrado públicamente que su producto sea seguro en todas las condiciones de uso doméstico.
De un experimento a negocio millonario. Porque la acogida comercial ha superado ampliamente las expectativas iniciales. Photon Matrix Lab lanzó una campaña en Indiegogo con el objetivo de recaudar 20.000 dólares y terminó superando los 2,8 millones, impulsada por vídeos que se viralizaron en las redes sociales. La empresa asegura haber recibido más de 5.000 pedidos, principalmente de Europa y Norteamérica, y anunció una capacidad inicial prevista de entre 3.000 y 5.000 unidades mensuales.
Con todo y, como explicaban en el Times, el salto del laboratorio a la fábrica está resultando algo más complicado. Wang Chuan reconoció que inicialmente pensaban desarrollar el producto en tres meses y terminaron necesitando tres años. La compañía esperaba comenzar la producción masiva en julio de 2026, después retrasó sus previsiones y, a finales de septiembre, admitió que todavía estaba realizando pruebas de preproducción. Dicho de otra forma, aunque anunció entregas iniciales para octubre, los pedidos y la recaudación no equivalen a miles de dispositivos ya entregados y funcionando en hogares.
La paradoja de una guerra diminuta. Si se quiere, la historia resume una transformación tecnológica que va mucho más allá de los mosquitos. Estados Unidos demostró hace casi dos décadas que era posible localizar insectos y abatirlos mediante disparos láser, pero no consiguió convertir aquella tecnología en un producto doméstico de fabricación masiva. China apunta a dar ese último paso aprovechando una cadena de suministro capaz de integrar sensores lidar, procesamiento local e inteligencia artificial en dispositivos relativamente compactos.
Eso no significa que haya inventado el concepto ni que haya ganado definitivamente la batalla, porque todavía quedan por demostrar la seguridad, la fiabilidad, las entregas comerciales y su eficacia fuera de las demostraciones controladas. Tampoco se trata de exterminar los mosquitos del planeta, sino de controlar su presencia en espacios concretos.
Entre una cosa y otra hay una imagen que resume el salto: una tecnología que nació pensando en combatir la malaria mediante barreras láser podría terminar instalada en jardines y terrazas, convertida en una torreta automática que dispara contra esos pequeños vampiros.
Imagen | Xataka
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