La medicina lleva décadas estudiando el cuerpo masculino como si fuera el "estándar". La polémica de la AESAN es solo la punta del iceberg

Lo de la AESAN y la menopausia parece un chiste, pero en realidad es más habitual de lo que podríamos pensar

Mujeres Ensayos Clinicos
1 comentario Facebook Twitter Flipboard E-mail
azucena-martin

Azucena Martín

Editora

Recientemente se ha generado un gran revuelo en torno a un informe en el que la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) hace recomendaciones nutricionales para la menopausia basadas en estudios realizados únicamente en hombres. Puede parecer un chiste que una institución de tal calibre deje de lado a la mitad de la población para hacer frente a un problema que afecta únicamente a esa mitad de la población. Sin embargo, si escarbamos un poco en la historia de la ciencia, veremos que esto no es algo tan raro. Lo que hoy nos escandaliza era la norma hace no demasiados años y, si bien es cierto que hemos avanzado lo suficiente como para hacer rectificar a los autores del informe de la AESAN, aún nos queda mucho por andar. Sobre todo si tenemos en cuenta que todos esos errores del pasado los seguimos pagando en el presente. 

Las hormonas, la distribución de la grasa, el funcionamiento del sistema inmunitario y hasta el tamaño de los órganos difieren mucho entre un sexo biológico y otro. Por eso, lo lógico sería que cada ensayo clínico y cada investigación científica se llevasen a cabo con una muestra poblacional que incluya tanto a hombres como a mujeres. El ensayo de un fármaco que solo se realiza en hombres puede suponer más efectos secundarios para las mujeres. La investigación de una enfermedad que se centra solo en pacientes masculinos puede dar lugar a una falta de diagnósticos entre las femeninas. Hoy en día arrastramos toda esa discriminación y la mayoría de veces ni siquiera nos damos cuenta. 

Medicina bikini

Durante mucho tiempo, los únicos estudios que tenían en cuenta a las mujeres eran aquellos que se centraban en las mamas y el aparato reproductor. Es por eso que en los últimos años se ha acuñado el término “medicina bikini”. Porque todo aquello que escapa a la tela de un traje de baño de dos piezas se ha estudiado durante mucho tiempo solo en los hombres. La salud reproductiva de las mujeres es importante, porque sin ella no podemos perpetuar la especie. El dolor asociado a dicha salud es otra cantar.

Y es que, a pesar de que el aparato reproductor ha sido el que más atenciones ha recibido de la ciencia durante mucho tiempo, hoy en día sigue habiendo enfermedades muy dolorosas y asociadas al mismo que continúan siendo claramente infradiagnosticadas. Es, por ejemplo, el caso de la endometriosis, una enfermedad que, de media, se tarda entre 7 y 10 años en diagnosticar. No porque los síntomas no sean claros o porque no existan métodos que permitan su diagnóstico, sino más bien porque hemos normalizado el dolor menstrual hasta tal punto que, cuando una mujer se queja de un sufrimiento incapacitante, se la puede tachar de quejica. Esto puede venir de la sociedad o, en algunos casos (por suerte cada vez menos) de los propios sanitarios. Por eso, muchas deciden no buscar ayuda o, si lo hacen, al primer diagnóstico erróneo no insisten. 

Pasa algo parecido con el síndrome de ovario poliquístico. Está tan infradiagnosticado que incluso se ha propuesto cambiarle el nombre a síndrome metabólico poliendrocrino del ovario (SOM). Así, se deja de centrar el diagnóstico en los quistes, unas lesiones que no siempre están presentes en estas pacientes.

Ensayos clínicos libres de mujeres

En Estados Unidos no fue obligatorio incluir a las mujeres en los ensayos clínicos hasta 1993. En Europa también comenzó a ser más frecuente la inclusión de mujeres en la década de 1990, aunque no se hizo oficial hasta 2014, con la publicación del Reglamento (UE) nº 536/2014 sobre ensayos clínicos de medicamentos de uso humano, en el que se establece que la participación en los ensayos clínicos debe ser representativa tanto de la población masculina como de la femenina, a menos que se justifique lo contrario.  

En las etapas previas, se llevaron a cabo multitud de ensayos clínicos en los que no se tuvo en cuenta a las mujeres. Algunos de ellos fueron los que llevaron a la redacción de los prospectos de los fármacos que tomamos hoy en día. Las mujeres toman dosis y siguen pautas que se han establecido para hombres, a pesar de que, en muchos casos, los efectos pueden ser muy distintos.

Un buen ejemplo es el del Zolpidem, un medicamento somnífero que en 2013 fue sometido a revisión por parte de la FDA de Estados Unidos, después de que se comprobase que los niveles en sangre del fármaco a la mañana siguiente eran mucho más altos en mujeres que en hombres. Se comprobó que el organismo femenino elimina este principio activo mucho más despacio, de modo que se deberían pautar dosis distintas, dependiendo del sexo. Hasta que se vio, las mujeres estaban experimentando muchos más efectos secundarios. Pasaron 20 años hasta que se hizo este ajuste. 

Doble dosis de psicofármacos

Se sabe que la mayoría de psicofármacos tienen una farmacocinética muy distinta en hombres y mujeres. Es decir, el cuerpo de unos y otras los procesa de un modo distinto, por lo que las pautas de administración deberían ajustarse a ello. Las propias enfermedades que requieren estos medicamentos, como la depresión, suelen cursar de un modo distinto en hombres y mujeres. No obstante, es algo que no se suele tener en cuenta.

En 2010, se llevó a cabo un estudio en el que se analizaba si había suficiente inclusión femenina en los ensayos clínicos sobre psicofármacos. Se analizaron 150 estudios sobre depresión y psicofármacos. Así, se vio que el 15% de los estudios ni siquiera informaba de la composición por sexo de la muestra. De los que sí incluían ambos sexos, el 50% no analizó los resultados diferenciando por sexo. Por otro lado, en la base de datos ClinicalTrials.gov, aunque el 89% de los estudios reclutaba a hombres y mujeres, menos del 1% tenía intención declarada de analizar los resultados por sexo. Solo el 40% de los ensayos con tricíclicos y el 49% de los ensayos con ISRS (los antidepresivos más recetados) analizaron los resultados por sexo.

Aun así, siguen siendo unos fármacos que se sobreprescriben a las mujeres. Por ejemplo, en un estudio publicado este año por científicos españoles, se vio que las mujeres tienen 1,74 veces más probabilidad de ser diagnosticadas con trastornos mentales comunes y 1,26 veces más probabilidad de consumir psicofármacos que los hombres. Pero no porque realmente lo necesiten. En otro estudio, publicado en 2025, se observó que las mujeres tienen un 54% más de probabilidad que los hombres de recibir tratamiento psicofarmacológico para ansiedad y depresión, incluso tras ajustar por el estado de salud mental y la frecuencia diagnóstica. Vamos, que con el mismo estado de salud mental, una mujer tiene más probabilidad de recibir una receta de psicofármacos que un hombre. 

Salud cardiovascular con nombre masculino

La salud cardiovascular femenina ha sido posiblemente una de las más infraestudiadas. Y eso es realmente peligroso. Es algo que describió muy bien en 1991 la doctora Bernardine Patricia Healy, a través de lo que bautizó como el síndrome de Yentl. Este hace referencia al hecho de que la probabilidad de que una mujer no reciba tratamiento adecuado para una enfermedad o problema cardiovascular es mucho mayor que para un hombre porque tradicionalmente son enfermedades que se asocian a pacientes masculinos. 

Es algo que ella mismo observó en el centro médico en el que trabajaba. Las mujeres ingresaban con menor frecuencia por enfermedades cardiovasculares y recibían pocas intervenciones quirúrgicas por este motivo, a pesar de que las cifras reales de mortalidad por dichas patologías no apuntan en la misma dirección. En España, por ejemplo, son la causa de la muerte para un 26,7% de los hombres y un 33,6% de las mujeres.  

infarto Los síntomas de infarto son distintos en hombres y mujeres

Healy observó que las mujeres están infrarrepresentadas en los ensayos clínicos sobre salud cardiovascular. Buen ejemplo de ello es que uno de los mayores estudios dirigidos a analizar el efecto de la aspirina como protector cardiovascular se realizó con 22.000 hombres.

La propia sintomatología del infarto se ha estudiado mayormente en hombres. Entendemos que esta enfermedad cursa con síntomas como dolor agudo en el pecho, que se desplaza hacia el brazo. Este es un síntoma común en hombres. Sin embargo, en mujeres a menudo este síntoma no aparece y es sustituido por dolor en la mandíbula, la espalda o el abdomen, a la altura del estómago. Dado que durante mucho tiempo esto no se estudió en mujeres, históricamente muchos infartos femeninos se han diagnosticado demasiado tarde.

Y así con todo. Lo de la menopausia y la AESAN es solo la punta de un iceberg con el que llevamos décadas topándonos. Si bien el nivel del mar ha bajado poco a poco, destapando parte del problema, la base sigue siendo un escollo con el que nos topamos una y otra vez. Por eso es tan importante conocer el problema. Para atajar sus consecuencias y, sobre todo, para velar por que no se vuelva a repetir.

Imágenes | Magnific

En Xataka | Nuria Marín, experta en menopausia: "Las mujeres siguen buscando respuestas fuera del sistema sanitario"

Inicio