El análisis de restos del 3M22 Zircon está permitiendo a Ucrania mirar bajo el capó de una de las armas más secretas y propagandísticas de Rusia. Lo más inquietante de la historia es que desmontar el mito del misil de crucero hipersónico "invencible" no hace necesariamente que la amenaza sea menor: las evidencias apuntan hacia un arma posiblemente más convencional en su concepto, pero especialmente más peligrosa para unas defensas ucranianas cada vez más escasas de interceptores.
Unboxing del misil “invencible”. La inteligencia militar ucraniana (GUR) ha publicado uno de los análisis más detallados hasta ahora del 3M22 Zircon, incluyendo un modelo tridimensional y un desglose de su buscador de radar, ordenador de a bordo, sistema de guiado, propulsión y cabeza de guerra.
Los primeros restos identificados aparecieron tras un ataque ruso en febrero de 2024 y desde entonces Moscú ha empleado el arma en más ocasiones contra Ucrania, incluidos lanzamientos aparentemente realizados desde tierra mediante sistemas derivados del K-300P Bastion. La investigación permite por primera vez reconstruir con bastante detalle una de las armas que Rusia lleva años presentando como parte de su nueva generación de sistemas hipersónicos prácticamente imposibles de detener.
La gran sorpresa. Moscú describe el Zircon como un misil de crucero hipersónico capaz de mantener velocidades extremas mediante un sistema de propulsión que respira aire, pero los restos recuperados están poniendo esa descripción en cuestión. Ucrania identifica un motor cohete de combustible sólido 3L2211 y las evidencias físicas apuntan hacia una arquitectura de dos etapas, ambas propulsadas mediante combustible sólido; además, los análisis de fuentes abiertas llevan tiempo señalando la aparente ausencia de una toma de aire convencional, un componente esencial para un ramjet o scramjet.
Nada de esto demuestra al 100% que Rusia haya mentido sobre su funcionamiento, pero como apuntan los analistas, lo parece y mucho. No solo eso, refuerza una interpretación muy diferente: el Zircon apunta a ser fundamentalmente un misil cuasibalístico maniobrable y no un verdadero misil de crucero hipersónico.
Lanzamiento de un Zirkon
Match 9 complicado. Rusia ha asegurado que el Zircon puede alcanzar aproximadamente Mach 9 y durante una prueba de 2020 afirmó haber superado Mach 8, aunque los datos ucranianos dibujan un perfil mucho menos uniforme. El GUR recoge velocidades máximas de Mach 8-9, pero también una velocidad máxima registrada o sostenida de Mach 6,8, mientras otras evaluaciones ucranianas describen fases alrededor de Mach 5,5, aceleraciones posteriores hasta aproximadamente Mach 7,5 y una nueva pérdida de velocidad antes del impacto.
Eso no significa que el Zircon deje de ser hipersónico (en realidad, cualquier velocidad superior a Mach 5 entraría en esa categoría), sino que puede alcanzar esas velocidades mediante aceleración cohete y una trayectoria balística o cuasibalística, en lugar de mantener un vuelo de crucero hipersónico propulsado como sugería la imagen difundida durante años por Moscú.
Menos futurística no la hace menos peligrosa. Si el análisis está en lo cierto, el Zircon podría ascender rápidamente mediante sus motores cohete, alcanzar gran altura y después dirigirse hacia el objetivo siguiendo una trayectoria parcialmente balística mientras realiza maniobras aerodinámicas y cambios de velocidad.
Ese comportamiento lo convierte en más peligroso para Kiev porque puede hacerlo extraordinariamente difícil de predecir e interceptar, de una forma comparable en algunos aspectos al Kinzhal ruso: no necesita ser el sofisticado misil de crucero hipersónico que Moscú anunciaba para plantear un problema enorme a las defensas aéreas. De hecho, Ucrania asegura haber interceptado Zircon con Patriot PAC-3, demostrando que no es "invencible", pero su combinación de velocidad, altura y maniobrabilidad sigue reduciendo drásticamente el margen disponible para detectarlo, seguirlo y destruirlo.
Un microchip programable en campo (FPGA) Altera Cyclone II, que según el GUR fue encontrado entre los restos del Zircon
El punto débil de Kiev. La aparición del Zircon encaja además en un cambio más amplio de la campaña aérea rusa: después de que Ucrania mejorara notablemente su capacidad para destruir drones de hélice y misiles de crucero, Moscú está aumentando el peso de los misiles balísticos y de los drones a reacción, amenazas considerablemente más difíciles de detener.
Según Yehor Cherniev, vicepresidente del comité parlamentario ucraniano de Seguridad Nacional, Defensa e Inteligencia, Rusia habría reducido la producción del Kinzhal debido a problemas de precisión para concentrarse en Zircon e Iskander, incluida una nueva variante Iskander-1000. El objetivo práctico importa más que la etiqueta tecnológica: saturar a Ucrania precisamente con las armas contra las que dispone de menos soluciones eficaces.
El verdadero problema. Para enfrentarse a las amenazas balísticas más complejas, Kiev depende especialmente de los Patriot estadounidenses y de sus interceptores PAC-3, cuyas existencias Ucrania lleva tiempo advirtiendo que son insuficientes. Esa es la ironía detrás del desmontaje del Zircon: Ucrania puede haber demostrado que el arma maravillosa de Putin no es exactamente lo que Rusia decía y que incluso puede ser derribada, pero al mismo tiempo Moscú está produciendo y utilizando más sistemas pertenecientes precisamente a la categoría que más recursos exige a las defensas ucranianas.
Dicho de otra forma, el problema ya no consiste tanto en encontrar una respuesta técnica al supuesto misil imposible como en disponer de suficientes interceptores caros y especializados para responder a una campaña rusa cada vez más orientada hacia ese punto débil.
La red de 70 empresas. Por último, el GUR ha identificado 70 empresas y 84 personas relacionadas con el desarrollo y fabricación del misil, encabezadas por NPO Mashinostroyeniya y acompañadas por compañías responsables del motor, buscador de radar, ordenador, guiado, cabeza explosiva y sistemas eléctricos. Entre los restos aparecen además componentes electrónicos vinculados a fabricantes estadounidenses, incluidos un amplificador asociado a TriQuint Semiconductor (actualmente parte de Qorvo) y un FPGA de Altera, hoy integrada en Intel, aunque, por supuesto, su presencia no implica que esas compañías suministraran conscientemente material a Rusia y se desconoce cómo llegó hasta su industria militar.
Para Ucrania, por tanto, capturar y desmontar el Zircon ofrece una segunda oportunidad además de comprender cómo destruirlo: identificar los eslabones industriales, tecnológicos y extranjeros de una cadena de suministro rusa que puede convertirse ahora en objetivo de nuevas sanciones y controles de exportación.
Imagen | CCTV, GUR
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