Hay una palabra que marca la vida de los chinos desde la cuna y supone un dolor de muelas cada vez mayor para Pekín: "hukou"

El sistema hukou ha creado un "muro invisible" en el país, uno que cada vez más voces abogan por revisar

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Carlos Prego

Editor - Magnet
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Carlos Prego

Editor - Magnet

Quizás no te diga gran cosa, pero para millones y millones de chinos hukou es una de las palabras más importantes de su vida. Influye en su cobertura sanitaria o el acceso a alquileres protegidos. Hay casos en los que incluso obliga a padres a renunciar a vivir bajo el mismo techo que sus hijos. El motivo es simple: hukou es ni más ni menos que el registro de residencia de los ciudadanos chinos, la llave que aclara en qué regiones del país pueden disfrutar de muchos de los servicios públicos fundamentales y en cuáles serán ciudadanos "de segunda".

El problema es que tras décadas de migración interna, en la China actual hay millones de personas que residen en lugares distintos a lo que refleja su hukou.

¿Qué es eso de hukou? Una especie de pasaporte interno. El hukou es el registro de residencia chino, un censo pensado para facilitar el control de los flujos de migración y que en la práctica resulta clave para acceder a servicios como la educación, la atención médica o las prestaciones de jubilación. 

Su planteamiento es bastante sencillo: si estás inscrito en una zona rural, lo lógico es que esos servicios los disfrutes en esa área y no en una región urbana situada a varios cientos de kilómetros, ¿no? El problema es que, en la práctica, el hukou se ha convertido en un cordón umbilical que conecta a millones de chinos con su localidad de origen incluso cuando se han mudado a otra provincia.

¿Y eso, por qué? Porque cambiar el hukou no es una tarea sencilla. En ocasiones a quienes quieren actualizar su situación, trasladando el registro al lugar de China donde realmente estudian, trabajan y residen, se les exigen años de empleo estable, cotización o cumplir ciertos requisitos burocráticos.

"Al imponer barreras institucionales, el sistema regula el flujo de personas y mano de obra a través de diferentes áreas geográficas. Viajar y reubicarse se convierte en una tarea sumamente compleja debido a los obstáculos impuestos por el sistema", explica Trishala S., de la ORCA. No se trata ni mucho menos de un sistema nuevo. Tiene profundas raíces históricas y en su forma actual puede remontarse al menos a mediados del siglo XX, cuando se convirtió en una herramienta valiosa para regular la migración interna del país.

¿Y para qué sirve? Hace décadas ayudó a Pekín a controlar el éxodo rural, limitar el traslado de población de los campos a las ciudades. También facilitaba la marcha de la economía planificada y la distribución y asignación de recursos. La mayoría de las personas recibían un hukou en la cuna que los vinculaba a su lugar de nacimiento, lo que acababa convirtiéndose en su llave de acceso a servicios tan básicos como la atención médica o la educción. 

Cada uno quedaba ligado a su propia provincia.

"Es más fácil acceder a prestaciones como la asistencia sanitaria, la pensión y la educación gratuita si una persona vive en el lugar donde está empadronada. No disponer del hukou adecuado dificulta la compra de una vivienda o un coche", resume la agencia Bloomberg, que recuerda que en la práctica esta especie de pasaporte interno es una pequeña libreta de color granate donde se consigna todo: matrimonios, divorcios, nacimientos, muertes y raíces territoriales.

¿Cuál es el problema? Que la China de 2026 tiene poco que ver con la de finales de la década de 1950, cuando se estableció el sistema. Y si bien es cierto que el hukou se ha ido adaptando con los años para reflejar esa transformación, cada vez resulta más evidente que los ajustes se han quedado cortos.

La prueba más clara la recordaba hace poco El País: según el último censo, en China hay casi 358 millones de personas que residen en un lugar diferente al que refleja su hukou, una amplia bolsa de población flotante en la que se incluyen migrantes rurales, estudiantes y familiares. Se calcula que en 2025 había 180 millones de migrantes de áreas rurales empleados fuera de su localidad.

¿Es importante? Sí. Al menos para la población afectada, que lidia en su día a día con lo que algunos analistas denominan "muros invisibles". Así dicho puede sonar muy abstracto, pero los diarios (chinos y extranjeros) están llenos de relatos de familias a las que su estatus les afecta directamente a diario.

Por ejemplo, hace unas semanas South China Morning Post (SCMP) relataba el caso de la familia de Wang Ming: aunque tanto él como su mujer tienen buenos empleos y viven en Pekín desde hace más de 20 años, su hukou sigue ligado al lugar en el que nacieron, en el noroeste de China. Eso afecta directamente a su hijo, que tendrá que pasar su examen de ingreso a la universidad en Liaoning. Para solucionarlo, la pareja ha optado por matricularlo en un internado.

¿Por qué es tan difícil? El hukou está relacionado con el censo y los servicios, temas sensibles, sobre todo en las grandes metrópolis. Hace años sin ir más lejos Pekín se propuso limitar su población a 23 millones para evitar problemas con la gestión del agua, los embotellamientos de tráfico o la contaminación. 

Con ese telón de fondo, The Economist cita un estudio que calcula que las probabilidades de lograr el asentamiento en Pekín o Shanghái no llegan al 2%. En la práctica eso deriva en lo que algunos tachan de sociedad con "dos clases".

Ran Liwen Rkfmpnusd18 Unsplash

¿Afecta en algo más? Cada vez hay más voces que advierten que ese rígido corsé administrativo está pasando factura a la economía del país o que incluso tiene efectos que se dejan sentir más allá de Asia. "Restringir la movilidad laboral puede frenar la economía, que ha estado creciendo a su menor ritmo en décadas", advertía un análisis de 2020 de Bloomberg: "El sistema ayuda a institucionalizar una enorme brecha en el nivel de vida entre los residentes rurales y urbanos".

No faltan los expertos que advierten también que el hukou condena a muchos migrantes a un limbo de inseguridad que les lleva a ahorrar con más empeño para afrontar imprevistos. El problema es que eso retrae el consumo. No es una hipótesis. Hay estudios que muestran que entre 2012 y 2022 la tasa de ahorro de familias migrantes que vivían en ciudades con un hukou rural fue, en promedio, un 6,8% superior que la de hogares equiparables con un hukou urbano.

¿Qué hacer entonces? Ajustar todavía más el sistema. Una idea cada vez más presente en el Ejecutivo chino. En mayo el diario Global Times, ligado al Partido Comunista, informaba de que el Consejo de Estado había publicado una guía para promover los servicios públicos básicos entre todas las personas con residencia habitual en una ciudad, más allá de lo que indique su libreta granate. 

Ahora la pregunta que se hacen algunos es si esa iniciativa se encontrará con las reticencias de los gobiernos locales, los que afrontan el reto de que la prestación de mayores servicios públicos vaya acompañada de más ingresos fiscales.

Imágenes | Hongwei FAN (Unsplash) y Ran Liwen (Unsplash)

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