EEUU ha tenido una idea para tranquilizar a Europa. En vez de soldados, va a llevar sus armas nucleares muy cerca de Rusia

El mero hecho de que la posibilidad esté sobre la mesa revela cómo está cambiando la estrategia occidental frente a Moscú

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Miguel Jorge

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En 1983, decenas de miles de mujeres llegaron a rodear una base aérea británica para protestar contra el despliegue de misiles nucleares estadounidenses. Aquella movilización, conocida en el tiempo como Greenham Common, se convirtió en uno de los mayores símbolos antinucleares de la Guerra Fría y mostró hasta qué punto la ubicación de estas armas podía alterar la política europea. 

Menos soldados, más “nuclear”. Europa lleva meses intentando descifrar qué significa realmente el giro estratégico de Estados Unidos. La reducción de tropas, la retirada de algunos sistemas militares y la creciente prioridad otorgada al Indo-Pacífico han alimentado el temor de que Washington esté alejándose progresivamente del continente. 

Sin embargo, las conversaciones mantenidas dentro de la OTAN apuntan a una respuesta muy distinta a la esperada. En lugar de reforzar la presencia convencional, Estados Unidos estaría dispuesto a ampliar el despliegue de capacidades nucleares en Europa para demostrar que su compromiso con la defensa del continente sigue intacto. La idea es sencilla pero poderosa: si hay menos uniformes estadounidenses sobre el terreno, el paraguas nuclear debe seguir siendo visible y creíble, incluso “más cercano”. 

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El interés cuanto más cerca de Rusia. Qué duda cabe, los aliados más interesados en esta posibilidad son precisamente aquellos que observan a Rusia desde la primera línea. Polonia encabeza desde hace años la lista de candidatos a albergar capacidades nucleares estadounidenses y algunos países bálticos también han mostrado interés en participar en futuras fórmulas de disuasión. 

La invasión de Ucrania y las continuas referencias de Putin a su arsenal nuclear han cambiado profundamente la percepción de seguridad en el este de Europa. Recordaba el Financial Times que, para estos países, alojar aviones capaces de emplear armamento nuclear estadounidense tendría un enorme valor político y militar, ya que convertiría cualquier amenaza contra ellos en un asunto directamente ligado a la credibilidad estratégica de Washington.

La herencia de la Guerra Fría. La propuesta no supone crear un sistema nuevo, sino ampliar un mecanismo que existe desde hace décadas. Actualmente Bélgica, Alemania, Italia, Países Bajos, Turquía y Reino Unido participan en el programa de reparto nuclear de la OTAN, mediante el cual almacenan armamento nuclear estadounidense bajo control exclusivo de Washington y entrenan a sus fuerzas aéreas para operar dentro de ese esquema. 

Este modelo nació durante la Guerra Fría para garantizar que los aliados europeos pudieran participar en la estrategia nuclear de la Alianza sin necesidad de desarrollar sus propias armas atómicas. Más de medio siglo después, la fórmula vuelve a cobrar protagonismo en un continente que observa con inquietud el deterioro de la relación con Moscú.

Europa busca sustituir unas capacidades, pero no otras. Las capitales europeas han asumido que deberán gastar más en defensa y reconstruir capacidades convencionales que durante décadas delegaron en Estados Unidos. Desde sistemas antimisiles hasta transporte estratégico o inteligencia militar, gran parte de la conversación actual gira en torno a cómo cubrir esos vacíos. 

Sin embargo, existe un ámbito que muchos gobiernos consideran imposible de reemplazar a corto plazo: la disuasión nuclear estadounidense. Aunque Francia y Reino Unido poseen arsenales propios, el paraguas de Washington sigue siendo percibido como el elemento central de la arquitectura de seguridad europea y como la garantía última frente a cualquier escalada militar.

La señal que quiere enviar Washington. Contaban en el Times que por ahora no existe ninguna decisión definitiva y las conversaciones siguen siendo altamente confidenciales. Aun así, el mero hecho de que la posibilidad esté sobre la mesa revela cómo está cambiando la estrategia occidental frente a Rusia. Durante años la presencia militar estadounidense en Europa se midió en bases, brigadas y efectivos desplegados. 

Ahora la discusión gira cada vez más alrededor de otro tipo de mensaje. Mientras Washington concentra recursos en Asia y exige a sus aliados asumir una mayor parte del esfuerzo defensivo, la señal que busca transmitir es que la protección nuclear permanece intacta. En cierto modo, la nueva fórmula para tranquilizar a Europa no consiste en acercar más soldados a las fronteras rusas, sino en acercar aquello que durante décadas ha servido como última garantía de seguridad: las armas nucleares estadounidenses.

Imagen | Air Force, SJOERD HILCKMANN

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