Creíamos que poner un suelo artificial en los parques infantiles era una buena e higiénica idea. Finlandia ha demostrado que no

Finlandia devuelve el barro a sus colegios. Y tiene una razón médica para hacerlo

Caucho
Sin comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail
eva-rodriguez

Eva R. de Luis

Editor Senior

Como buena millennial, yo también he jugado en un parque infantil y me he pelado la rodilla al caerme del tobogán o del columpio (seguramente, de los dos). En aquellos tiempos, debajo del parque infantil lo que había era o la misma baldosa de la calle o un suelo de tierra. En las últimas dos décadas la práctica totalidad de parques infantiles se ha pasado al caucho y similares dejando atrás ese suelo hostil. Más coloridos, más accesibles y menos peligrosos. 

El cambio se enmarca en esa tendencia urbana de convertir las ciudades en algo más limpio, más aséptico y menos natural (en algunas, hasta se están olvidando de los árboles en sus zonas centrales, motivo que ha auspiciado la llegada de los árboles líquidos). Esa pérdida de biodiversidad en las ciudades reduce la exposición humana a la naturaleza y pasa factura al sistema inmune. En edades tempranas, esa factura se cobra en los dos espacios donde las criaturas pasan más tiempo fuera de casa: el parque infantil y el patio del colegio.

Que vuelva el barro. Vahvistu es un estudio nacional finlandés que investiga si renaturalizar los patios de guarderías y colegios (con plantas, tierra y materiales naturales) mejora la salud y el bienestar de los niños y niñas y si puede prevenir alergias y otras enfermedades inmunológicas. La idea de fondo es que ese contacto con la biodiversidad del suelo expone a las criaturas a microbios ambientales que ayudan a "entrenar" y equilibrar su sistema inmune desde edades tempranas. En otras palabras: que vuelvan el barro, la hierba y el suelo "salvaje" a donde las niñas y niños juegan cada día.

La iniciativa se enmarca dentro del proyecto BIWE, que pretende acercar la naturaleza a los entornos urbanos cotidianos con la idea de que más biodiversidad en el espacio construido se traduce en más diversidad microbiana para las personas que lo habitan, lo que repercute directamente en su sistema inmune.

Por qué es importante. Porque grosso modo, el sistema inmune en la infancia es algo así como un músculo: tiene que ejercitarse para desarrollarse bien. Ese "ejercicio" en términos inmunológicos pasa por el contacto con microbios del entorno. La investigación que hay detrás ha encontrado una relación directa entre la exposición a microbios naturales y un menor riesgo de alergias y dermatitis atópica, precisamente porque esa exposición ayuda al sistema inmune a madurar correctamente. Si ese contacto desaparece, el sistema inmune no recibe el entrenamiento que necesita y empieza a "cometer errores": ataca al polen, al pelo del gato o a los tejidos del propio cuerpo.

Este mismo equipo de investigación ya comprobó esta realidad en un estudio anterior que data de 2020, considerado el primero del mundo con diseño controlado y doble ciego en este campo: enriquecieron la arena de areneros infantiles con microbiota para comprobar que servía para prevenir el desequilibrio del sistema inmune en criaturas en edad de guardería. Su hallazgo demuestra algo: no hace falta una intervención sanitaria compleja para proteger la salud inmunológica infantil. Simplemente basta con cambiar el material del suelo del patio.

Contexto. BIWE es un proyecto que se está llevando a cabo desde 2021 hasta 2027, es de carácter estatal y es multidisciplinar, lo que le permite abordar los problemas de salud ligados al entorno desde varios enfoques y a lo largo del tiempo. Así, integra profesionales de ciencias ambientales, microbiología, planificación urbana y paisajística, arquitectura, medicina y psicología ambiental. Además, está financiado por la Academia de Finlandia a través del Consejo de Investigación Estratégica. 

Cómo lo han hecho. Las diferentes administraciones regionales finlandesas aportaron a 43 guarderías o colegios casi un millón de euros de subvención para renaturalizar los patios y mejorar las condiciones de los sitios donde se realiza actividad física. 

El estudio compara estos centros con otros similares que no reciben ninguna intervención (grupos control). A las criaturas participantes les  toman muestras de piel, saliva, heces y sangre para analizar su microbiota e inmunidad, miden el cortisol en cabello para el estrés y realizan tests cognitivos y cuestionarios de salud. Estas mediciones se repitieron cada año desde que se hicieron las obras en 2024.

Sí, pero. El diseño es robusto, a gran escala y dilatado en el tiempo, pero de momento solo cuentan con un par de años de seguimiento (desde 2024), lo que puede ser una horquilla temporal corta para detectar sus efectos en enfermedades a las que les cueste manifestarse. Además, la variabilidad entre escuelas también puede enmascarar sus efectos. Y si bien es cierto que los resultados apuntan en una dirección, no está claro qué tipo de vegetación, tipo de suelo y diseño del espacio maximizan el beneficio. Esa es la gran asignatura pendiente: poder convertir estas conclusiones en estándares concretos de construcción y urbanismo.

En Xataka | Si Europa vuelve a la guerra, hay un país donde hasta los supermercados están permanentemente preparados: Finlandia

En Xataka | Finlandia se ha dado cuenta de que no llega su estado de bienestar para evitar la crisis de natalidad. Ahora busca cómo frenarla

Portada | Power Lai y Markus Spiske


Inicio