Finlandia ha aprendido a vivir en alerta a lo largo de su historia. Durante la Guerra Fría, hasta se inventó los árboles voladores para despistar a los soviéticos. Y desde que en 2022 empezase el conflicto entre Rusia y Ucrania, la amenaza de una eventual invasión rusa ha vuelto a sobrevolar el horizonte.
En diciembre de 2025, el secretario general de la OTAN Mark Rutte advirtió a los aliados (la UE) ante un posible ataque de Rusia en los próximos cinco años. Ante una incursión rusa en Europa, Finlandia está en primera línea. El país nórdico lo sabe: lleva décadas involucrando a toda la población en la defensa. No se libran ni los supermercados.
La defensa total nórdica. Finlandia, Suecia, Noruega y Dinamarca llevan décadas aplicando un modelo en el que los sectores militar y civil operan de forma combinada: la defensa total. En pocas palabras, que la defensa es responsabilidad de toda la sociedad, no solo del ejército. Este modelo además no se limita a tiempos de guerra, sino que se mantiene siempre activo, con cursos, simulacros y planes de contingencia. Y no contempla únicamente una guerra tradicional, sino también cualquier amenaza, como ciberataques o sabotajes.
De todos los países nórdicos, Finlandia cuenta con el sistema más desarrollado (y Dinamarca lo desmanteló casi al completo): no bajó la guardia con el fin de la guerra fría y su última actualización describe la seguridad integral como el fundamento de la resiliencia en la sociedad finlandesa.
Qué pasa en los supermercados. Un ejemplo práctico de cómo la defensa total llega a todos los niveles está en los supermercados: tienen la obligación de mantener reservas estratégicas de productos de primera necesidad, como harina, azúcar o aceite; que guardan en bodegas o búnkeres subterráneos con generadores de emergencia.
Así, pase lo que pase, esté garantizado el abastecimiento a la población. La BBC recoge el ejemplo del Grupo S y Kesko, las dos cadenas de supermercados más grandes del país nórdico: juntas superan el 80% de cuota del comercio minorista de alimentación). Además, participan en comités de preparación junto a funcionarios de la administración y se someten a simulacros.
Por qué es importante. Porque prepararse para la guerra en tiempos bélicos es lo normal (no queda más remedio), pero hacerlo y mantenerlo en tiempos de paz es más complicado. El plan nórdico requiere de un ensamblaje social entre la sociedad civil y la militar que se mueve en un terreno peliagudo: ¿puede una sociedad democrática y de mercado funcionar como un sistema de defensa cohesionado sin caer en el autoritarismo?
Atendiendo a la realidad finlandesa, parece ser que sí. Eso sí, la psicóloga Jennifer De Paola de la Universidad de Helsinki explica para el medio inglés que hay dos pilares sobre el que se sustenta esa seguridad total y lo convierte en inviable para otros estados: la confianza en las instituciones y un alto nivel de igualdad social. El nivel de corrupción en Finlandia es bajísimo: ocupa el segundo lugar (de 182 países) en el Índice de Percepción de la Corrupción. España ocupa el puesto 49 55.
Desde peques. Pensar en que una guerra se cierne sobre el futuro es una posibilidad que asusta por todo lo que implica, así que este modo de alerta permanente potencialmente podría ser un problema para la estabilidad emocional de la población. No es ningún secreto que prepararse para lo peor genera ansiedad.
De Paola cuenta algo curioso: al pedir a criaturas de entre 10 y 12 años que dibujen a personas felices, esperaba encontrar dibujos relacionados con la diversión. Lo que encontró fue que asocian la felicidad con la seguridad y la infelicidad con la inseguridad. No es casualidad: es el resultado de décadas de socialización en una cultura donde la seguridad colectiva es un valor interiorizado desde la infancia.
Portada | András Rátonyi y Tara Clark
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