La Comisión Europea lleva años intentando expulsar a Huawei de sus redes de telecomunicación. Y esa intención quiere convertirse en una ley vinculante, una que dejaría fuera a todos los equipos chinos en un plazo de 36 meses. Pero hay dos países haciendo de muro de contención: España y Alemania.
Qué está pasando. La Comisión Europea quiere vetar a Huawei y ZTE aludiendo razones de seguridad. Mediante una revisión del Reglamento de Ciberseguridad, plantea la eliminación obligatoria de proveedores de alto riesgo. El borrador actual establece la retirada obligatoria de equipos proporcionados por "proveedores de alto riesgo", suponiendo un veto formal a las empresas chinas de telecomunicaciones.
El caso España. En España tenemos un problema con esta intención. Telefónica renovó su contrato de núcleo 5G con Huawei en 2024 y con vigencia hasta 2030. Como dato relevante, este núcleo 5G se renovó con el fabricante chino para equipos particulares, pero los contratos para instituciones gubernamentales y servicios empresariales se adjudicó a Nokia. En otras palabras, la infraestructura más sensible ya está en manos europeas.
Vodafone –ahora controlada por Zegona–, mantiene la mayoría de su red con tecnología de Huawei, y aunque MásOrange lleva tiempo reduciendo la presencia de la marca china en sus equipos (menos de un 40% en 2027).
En resumidas cuentas, los grandes operadores españoles llevan años utilizando equipos de Huawei pese a las advertencias de la UE, y no parecen dispuestos a barrerla del mapa por las buenas.
El caso alemán. En Alemania sucede algo similar. Huawei sigue presente en más del 60% de las antenas del país, y aunque ya están en marcha planes progresivos de retirada, el calendario impuesto por Bruselas no parece realista.
Peleando con uñas y dientes. Ambos países han advertido ante la Comisión sus preocupaciones a este respecto: vetar a China de la infraestructura de red europea puede provocar represalias, además de encarecer de forma notable el despliegue de la infraestructura de inteligencia artificial con la que Europa sueña desde hace un año y medio.
El Consejo de la UE requiere mayoría para aprobar este plan, por lo que España y Alemania pueden buscar aliados para intentar frenarlo. Esto permitiría dilatar el proceso, exigir modificaciones y excepciones en el borrador, o incluso acabar con la propuesta si no logra salir adelante.
El posible desenlace. Con una oposición tan férrea, el desenlace más probable es que no haya victoria para nadie. Puede que España y Alemania tumben la propuesta por completo, pero sí tienen músculo suficiente para deformarla.
Parece inevitable que, tarde o temprano, Huawei desaparezca de las telecomunicaciones europeas, pero ni los plazos serán tan inmediatos como pretende Europa, ni se descarta que haya excepciones puntuales si los países lo exigen.
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