Los humanos no somos los únicos animales que nos guiamos por ciclos circadianos. Otros muchos animales, e incluso algunas plantas, experimentan cambios fisiológicos ordenados en ciclos de 24 horas. Aquí, la luz tiene una gran importancia. Hay animales que aumentan su actividad con la oscuridad, mientras que otros hacen todo lo contrario. También hay plantas que cierran sus flores y pliegan sus hojas por la noche, mientras que otras, sobre todo en condiciones de sequía, prefieren la oscuridad para abrirse en todo su esplendor. Por eso, en realidad no es raro que unos de los efectos más curiosos de un eclipse solar sean, precisamente, los cambios de comportamiento en los animales y las plantas.
Si bien el eclipse solar de este 12 de agosto de 2026 será la primera ocasión en la que se estudie cómo afecta a los ritmos circadianos de las personas, en el caso de los animales y las plantas ya hay muchos registros y estudios publicados. En todos ellos, así como en los testimonios de quienes han presenciado los eclipses, hay datos de lo más interesantes.
Animales nerviosos, pasotas y confusos por el eclipse solar
Una de las primeras personas en estudiar cómo afecta un eclipse solar a la naturaleza fue el entomólogo de Nueva Inglaterra William Wheeler. En 1932, hizo un llamamiento a la ciudadanía para que registrase todos los cambios en el comportamiento de animales y plantas que llamasen su atención durante uno de estos fenómenos. Recibió más de 500 testimonios sobre aves, mamíferos, insectos y plantas. Entre ellos, destacaron por ejemplo los casos de las abejas que volvieron a sus colmenas o los búhos que empezaron a ulular en pleno día.
El caso de las abejas se ha registrado en muchas más ocasiones. De hecho, durante un eclipse en Idaho en 2017 llamó la atención de muchas personas que los abejorros dejaron de zumbar. Ese mismo año, en un zoológico de Carolina del Sur, los cuidadores de los animales quedaron fascinados con sus comportamientos. Reportaron que el 75% de ellos tuvieron algún comportamiento raro. En unos casos era de nerviosismos y en otros de cambio de rutinas. Es decir, los animales nocturnos comenzaron su actividad, mientras que los diurnos la frenaron. El 25% restante fueron bastante pasotas. Se quedaron como si nada.
Con respecto a los que se pusieron nerviosos, destaca el caso de las jirafas, que empezaron a correr despavoridas. Esto se ha reportado en otros zoológicos y, si bien no es tan fácil de medir en la naturaleza, posiblemente pase lo mismo, básicamente porque durante la noche deben esconderse de los depredadores. Al ver que el sol desaparece, perciben que ya van tarde para huir.
Entre los cambios de comportamiento que detectaron en el zoológico, uno de los más curiosos es el de las tortugas que empezaron a aparearse, aun sin ser animales necesariamente nocturnos para este tipo de hábitos. La oscuridad del eclipse debió parecerles mágica para el sexo.
Otro dato curioso es que, durante los eclipses, suelen empezar a cantar los grillos y que el ganado se desplaza a los establos. Pero, sin duda, el comportamiento más curioso es el de los pájaros.
En 2018, unos científicos comprobaron el cambio global en su comportamiento con un estudio curioso. En vez de analizar ave por ave, midieron la cantidad total de materia biológica en el aire durante el eclipse. Esto se hace utilizando una señal que emite un radar y mide su retorno, más o menos como un sónar. Ese valor, llamado reflectividad, es distinto para un pájaro o un murciélago que para algo inorgánico, como una nube de tormenta.
Por eso, se podían medir cambios de comportamiento globales en todos los animales voladores. En un día normal, este valor alcanza sus máximos en el atardecer, pues es cuando la mayoría de pájaros comienzan sus migraciones nocturnas. Sin embargo, cuando lo midieron durante un eclipse, cayó en picado. Los pájaros que estaban volando pararon en seco y bajaron al suelo o las ramas, posiblemente para resguardarse, como si viniese una tormenta.
¿Qué pasa con las plantas?
También hay muchos testimonios de cambios en las plantas y, por supuesto, ha sido analizado por científicos. Por ejemplo, en 2017 se realizó un estudio con cuatro plantas que normalmente manifiestan modificaciones medibles con los cambios de luz. Estas fueron, en primer lugar, la mimosa y el oxalis, que normalmente cierran sus hojas durante la noche. Las otras dos fueron maíz y soja estresados por la sequía, ya que en esas condiciones hacen todo lo contrario: pliegan sus hojas por el día y las abren por la noche.
Durante el eclipse, se vio que hay plantas que son “engañadas” por este fenómeno y otras que no cambian su comportamiento cuando la oscuridad y los cambios de temperatura ocurren durante tan poco tiempo. Entre las plantas sin estresar, la mimosa sí que experimentó cambios y “confundió” el eclipse con la noche, pero el oxalis no. De las estresadas, el maíz siguió su comportamiento normal, pero la soja sí que abrió sus hojas como si estuviese anocheciendo.
En definitiva, parece que a todos los seres vivos nos vuelven un poco locos los eclipses. Pero, casi siempre, locos en el buen sentido de la palabra. Por eso hay tantísima expectación con el trío ibérico que podremos disfrutar desde este mismo mes de agosto.
Imagen | Magnific
Ver 0 comentarios