La solar y la eólica están siendo tal éxito en Alemania que están llevando a una paradoja: tienen que desconectarse

Mientras Europa acelera el despliegue de renovables, su primera economía va a contracorriente apagando parte de su producción solar y eólica

Parque eólico en Lauenburg/Elbe, Alemania
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alexandra-ramirez

Alexandra Ramírez

Colaborador
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Alexandra Ramírez

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Que el futuro pasa sí o sí por las energías renovables no es nada nuevo. Con unos efectos cada vez más adversos por el cambio climático y una situación geopolítica un tanto convulsa, apoyarse en la energía verde parece más una necesidad que un deseo para el futuro. Sin embargo, Alemania, uno de los países con mayor tradición ecologista en Europa y, definitivamente, uno de los líderes de la transición energética en nuestro continente, está apagando temporalmente sus parques solares y eólicos. Sí, ahora, en pleno contexto de la guerra de Irán y con Trump acusando a Europa de tener un gran problema con la energía (entre otras cosas). 

Toda una anomalía. De momento, en nuestro continente las cifras apuntan a que, aunque queda mucho camino por recorrer, vamos viento en popa con la energía limpia: las energías renovables generaron el 47,2% del total de la electricidad de la Unión Europea, en cifras de EuropaPress, por encima de los combustibles fósiles o la energía nuclear. Esto supuso un crecimiento de un 1,4%, llegando a alcanzar los 11,5 millones de terajulios (TJ), como apunta el mismo medio. En cuanto al futuro, el Consejo Europeo prevé que en 2050 la mayor parte de la energía que se consuma en la UE deberá proceder de fuentes renovables. 

Entonces, ¿por qué Alemania va a contracorriente y desconecta sus instalaciones?

Es el mercado, amigos. Las instalaciones de energías renovables, como la solar o la eólica, producen energía atendiendo únicamente a criterios de la naturaleza, como la meteorología, independientemente de si en ese momento el sistema eléctrico necesita toda esa electricidad. Esto puede llevar a una situación de sobreproducción que hace que la oferta de energía supere a la demanda y, por tanto, los precios mayoristas caigan e, incluso, resulten negativos en el mercado.

Para evitar esto y controlar que la producción no se desboque, se suele echar mano del interruptor de las renovables, reduciendo su trabajo o, directamente desconectándolas temporalmente. Cuando se hace por temas relacionados con el precio, a esto se le llama limitación comercial.

La Ley del Pico Solar. En el mercado diario de la energía, los productores van presentando propuestas de precio según la disponibilidad y la competencia. Hasta hace poco, cuando había superávit de producción, iban bajando los costes incluso a pérdidas para evitar que se les desconectase, ya que seguirían obteniendo ingresos a través de subvenciones o contratos y les saldría más caro apagar y reanudar después la producción.

En 2025, Alemania aprobó la Ley de Picos Solares que elimina estos subsidios para los sistemas renovables durante aquellos periodos en los que los precios caen por debajo de cero. Según un informe de la consultora energética Montel que recoge Euronews, esto ha incentivado que los operadores alemanes desconecten las instalaciones de renovables antes que seguir produciendo, ya que cuando los precios se mantienen a cero, sí siguen recibiendo las subvenciones, de acuerdo con la norma.

Por eso, Alemania se ha convertido en el país que más ha desconectado sus renovables, a pesar de que en el resto del continente, como señala el informe, descendió la limitación comercial. 

Y más costes. Pese a todo lo anterior, Alemania sigue teniendo la gran ambición de convertirse en una economía libre de carbono y de energía nuclear. Su Energiewende la sitúa a la cabeza de las renovables y, según fuentes nacionales, en el año 2030 alcanzará una producción de energías renovables del 80%.

Pero hasta llegar ahí no todo será tan bonito: la realidad es que, como indica Clean Energy Wire, la infraestructura con la que cuenta Alemania aún no es suficiente para transportar por su geografía toda la energía que se genera en sus instalaciones. Esto da lugar a paradojas curiosas como que Fráncfort, la capital financiera del país, esté pagando precios elevados por la electricidad que consume su industria, mientras que, a tan solo unos kilómetros, algunas centrales solares o eólicas, capaces de proveer de energía limpia y barata, se encuentran desconectadas y sin producir.

Imagen | Wolfgang Weiser

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