El sistema de pensiones español funciona, en teoría, bajo un principio sencillo: cuanto más cotizas durante tu vida laboral, mayor pensión te queda cuando llegas a la cotización. Esa es la teoría que funciona en la mayoría de los casos.
Sin embargo, Alfonso Muñoz Cuenca, funcionario especializado en pensiones, ha publicado un vídeo en el que se revela una paradoja dentro de un sistema que prioriza el principio de solidaridad, frente al de contributividad que debería premiar con mayores pensiones a quienes más aportan.
Los límites que los cambian todo
La Orden PJC/297/2026 que entró en vigor en marzo de 2026 ha fijado la base máxima de cotización al Régimen General fija en su artículo 2 en 5.101,20 euros mensuales para 2026.
En paralelo, la pensión máxima que puede cobrar un jubilado ese mismo año es de 3.359,60 euros. Es decir, que entre lo que un trabajador puede llegar a aportar en sus cotizaciones mensuales y lo que puede llegar a recibir cuando se jubile existe una diferencia de casi 1.742 euros al mes.
Muñoz explica que el principio de contributividad que aplica la Seguridad Social establece una relación de proporcionalidad entre lo que una persona aporta al sistema y lo que recibe como prestación. Quien más cotiza, en términos de cantidad y duración, efectivamente tiende a recibir una pensión más alta.
Sin embargo, el límite legal condiciona todo el cálculo, y ese límite lleva a algunos cotizantes del percentil más alto a preguntarse si realmente les interesa cotizar por la base máxima. Como señala el propio funcionario, responder a esa pregunta "es muy compleja y tiene muchos matices".
Todo se entiende mejor con ejemplos
Para explicar que cotizar por la base máxima no siempre es "regalar el dinero", Muñoz explica tres supuestos con diferentes condicionantes que pueden darse a lo largo de una vida laboral. El experto señala que esta carrera puede ser muy estable y durante muchos años en el rango más alto de la cotización, pero la vida es inexorable y pueden darse periodos con salarios más bajos, paros intermitentes, etc.
El primero de los casos que expone Muñoz es el de un trabajador que se jubila a los 65 años con 40 años cotizados, prácticamente todos cotizando al máximo de la base de cotización. A ese trabajador le correspondería por ley el 100% de la base reguladora, lo que equivale a una pensión teórica de unos 5.100 euros mensuales.
El problema es que, al aplicar el tope que la última reforma legal, el trabajador "como máximo podrá cobrar la pensión máxima, que son 3.359,60 euros", señala Muñoz. Es decir, en este caso, caso se observa un desequilibrio de casi 2.000 euros entre la base por la que se ha cotizado buena parte de su vida laboral y la pensión que recibe al jubilarse.
El segundo supuesto utiliza a ese mismo trabajador con 40 años cotizados, pero en este caso, ha tenido periodos con salarios más bajos, jornadas a tiempo parcial, lagunas de cotización o años cobrando un subsidio de desempleo, cotizar por la base máxima mientras ha podido cumple la función de amortiguador para esos altibajos.
Es decir, contribuye a subir la base reguladora sobre la que se calcula la pensión porque los periodos con "exceso" de cotización compensa a aquellos con "déficit".
Cuando cotizar más no compensa: la jubilación anticipada
Para el tercer supuesto que exponía el experto, que es el que más destaca la anomalía que más puede desincentivar a quienes más cotizan, Muñoz simula la vida laboral de dos trabajadores con expedientes de cotización diferentes.
En la simulación del primer trabajador, se muestra a un empleado que acumula 40 años cotizados con la máxima base de cotización, y plantea una jubilación anticipada a los 63 años. Por jubilarse dos años antes, la Seguridad Social aplica coeficientes reductores (salvo si perteneces a uno de los gremios exentos). En este caso, se aplica una reducción del 19%, lo que le dejaría una pensión teórica de 4.132 euros.
Sin embargo, al superar la pensión máxima permitida, esos coeficientes no se aplican sobre la pensión teórica, sino que lo hacen directamente sobre el tope establecido (3.359,60 euros), por lo que la pensión final quedaría por unos 2.721 euros. Al aplicarle la retención del IRPF del 20,42% que le corresponde por los ingresos la pensión resultante es de 2.165,59 euros. Es decir, una diferencia de 2.935,61 euros con respecto a la base de cotización que ha venido pagando durante su vida laboral.
El trabajador dos de esta simulación, en cambio, solo ha cotizado 15 años a tiempo parcial y lo hace por una base de 1.100 euros mensuales. Sin embargo, él se jubila a los 65 años y tiene un cónyuge a cargo.
Por sus años cotizados le corresponde el 50% de la base reguladora, es decir, 550 euros. Al no alcanzar la pensión mínima, la Seguridad Social le reconoce los complementos correspondientes por recibir una jubilación por debajo de la cuantía mínima. Por lo que su pensión resultante es de 1.127 euros mensuales, y no está sujeta a retención de IRPF.
Las conclusiones del experto son demoledoras: "El primer trabajador ha aportado al sistema 40 años con bases de cotización muy altas y no recibe ni el 50% de lo que cotiza". En cambio, el segundo, habiendo cotizado solo 15 años y por una cuantía mucho menor, recibe más del 100% de lo que ha aportado.
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Imagen | Unsplash (Matt Bennett, Jordy Muñoz), Seguridad Social
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