Google Earth puede servirnos para buscar sitios magníficos a lo largo de todo el planeta, pero también para ver estructuras de las que no teníamos ni idea. Lo último que se ha visto es un geoglifo ancestral que ahora se va a tener que explorar, puesto que todavía no hay ningún artículo científico que lo haya analizado en detalle.
El hallazgo. Las imágenes satelitales que se han visto revelaron un patrón geométrico inusual en la cordillera con estructuras circulares con diámetros de entre 27 y 35 metros conectadas por pasillos. Aquí la hipótesis principal sugiere que podría tratarse de un centro ceremonial andino, posiblemente del período incaico.
Pero no se queda aquí, ya que el equipo investigador vincula este sitio con el Tambo de Ranchillos en el Valle de Uspallata, que es un enclave bien documentado que consolida el tránsito incaico hacia Chile. Sin embargo, los líderes del proyecto han llamado a la cautela, puesto que todavía se debe descartar que se haya alterado con el paso del tiempo y también analizar la posibilidad de los múltiples usos que haya podido tener a lo largo de la historia.
Toca investigar. En este caso participa un equipo multidisciplinar que cuenta con participación española a través del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén. Y aquí el equipo no se limitará a la observación superficial, sino que se usarán drones para mapear las estructuras con precisión milimétrica.
Además, se hará un análisis de la composición del suelo para detectar anomalías químicas dejadas por la actividad humana, y se buscarán sedimentos y restos botánicos a escala microscópica.
Siguen sin darse datos. A falta de que se lleve la investigación a cabo, los expertos mantienen en secreto la ubicación para evitar actos vandálicos y es por ello que puede haber información confusa. En un primer momento, se puede ver que este hallazgo se ubica a 3.000 metros de altura y el acceso no sería para nada sencillo, necesitando entre 3 y 4 días para acceder al emplazamiento. Y aunque se asume que la ubicación está en Mendoza, la realidad es que algunos medios sitúan el perímetro en la frontera con la provincia de San Juan.
Más allá de Nazca. Cuando se habla de geoglifos, el imaginario colectivo vuela inevitablemente a las Líneas de Nazca. No obstante, el contexto andino meridional ofrece paralelos mucho más exactos, puesto que los estudios de Luis Briones en el Desierto de Atacama han demostrado que muchos geoglifos en esta región no eran para ser vistos por los dioses, sino marcas logísticas e identitarias ligadas al tráfico prehispánico de caravanas de llamas. De esta manera, entender el sitio mendocino bajo la lupa de las rutas de tránsito andinas es mucho más riguroso que trazar paralelismos apresurados con Perú.
Finalmente, el propio descubrimiento es un testamento de cómo ha cambiado la arqueología, puesto que el uso de plataformas como Google Earth permite hoy mapear áreas antes inaccesibles. Aunque este enfoque no es nuevo, puesto que ya en 2011 un equipo de investigación revolucionó la disciplina al identificar casi 2.000 estructuras arqueológicas en Arabia Saudí únicamente rastreando imágenes satelitales.
Imágenes | Janeth Charris
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