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Por qué ser adolescente siempre ha sido una mierda y en la era de las redes sociales más
Medicina y Salud

Por qué ser adolescente siempre ha sido una mierda y en la era de las redes sociales más

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Hace unas semanas hablábamos de los padres que se sentían culpables porque sus hijos pasaban demasiado tiempo mirando pantallas. El mundo cambia más rápido de lo que nunca hubiéramos imaginado y los padres hacen lo que pueden para enfrentarse a los problemas que les presenta esta nueva realidad. Y sobre todo, los que les presenta internet. O mejor dicho las internets.

No hay una sola internet, hay cientos. Miles. Tantas como grupos de personas aporreando teclados o haciendo scroll sobre pantallas. Tantas que en el día a día solo vemos una pequeña parte de ellas. Por eso hoy queríamos ver el otro lado de la cuestión. ¿Cómo es ser un adolescente en la época de las mil pantallas?

Casas que tienen eco

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Son las cuatro de la tarde. Hay algunos niños jugando en la calle, una calle secundaria llena de coches aparcados y bloques de los años setenta. Hemos quedado con unos 20 chavales de entre 14 y 17 años.

Dentro de un rato, cuando mientras charlemos les pida que si se sienten solos de forma habitual den un paso al frente, muchos lo harán. Muchos otros se sorprenderán. Genuinamente. Y no son chicos al azar, se conocen bien: este grupo se reúne todos los sábados, la mayoría desde los siete u ocho años.

A mí tampoco me sorprende. En 2008, un amplio estudio elaborado por la Universidad Pontificia de Comillas nos decía que el 27% de los niños se sentían solos al llegar a casa y se refugiaban en la televisión o el ordenador. Cada vez es más común que, tras el colegio, las casas tengan eco.

Y no es solo soledad. Los niños están luchando contra la baja autoestima y contra niveles profundos de infelicidad. ChildLine (una especie de 'teléfono de la esperanza' británico para niños y jóvenes menores de 19 años) recibió 35.244 llamadas con cuestiones sobre, y cito textualmente, 'la imposibilidad para ser felices'. 35.244 llamadas sólo el año pasado, un 9% más que en 2014.

Chidline nos aporta, además, un dato curioso. Si examinamos los últimos 30 años, la infelicidad es un fenómeno reciente. Hace solo unos pocos años, las llamadas estaban motivadas fundamentalmente por autolesiones y trastornos alimenticios. Hoy en día, hay casi el mismo número de llamadas de estos temas que de insatisfacción vital.

Una generación de niños miserables

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"Está claro que la presión para estar al día con sus amigos y tener la vida perfecta suma una presión innecesaria en estas edades", dice Mairead Monds, directora de Childline en Irlanda del Norte. En una encuesta realizada por las Girls Scouts de Estados Unidos, el 74% de las niñas reconocían tratar de parecer más 'cool' en las redes sociales de lo que eran en la vida real.

En la medida en que nuestras identidades van volviéndose cada vez más digitales; es decir, en la medida en que se vuelven más complejas e híbridas, tenemos cada vez menos idea de qué hacer con ellas. Hemos dejado a una generación entera de niños crecer a la sombra de internet, y, por eso mismo, expuestos y vulnerables a sus efectos perniciosos.

Efectos que por otro lado, como explican desde EU Kids Online, un proyecto de investigación de la London School of Economics con la coloboración de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), los menores conocen aunque no los eviten. Es más, "a muchos de ellos no les preocupan".

Maialen Garmendia, investigadora principal de EU Kids Online, sugería hace poco que los padres habían perdido el control de internet. Y no podemos decir que sea extraño: según el estudio de Comillas que mencionaba más arriba, un 17% de los menores encuestados, tras la jornada escolar, estaban solos en casa. Y en un 20% de las mesas faltaba al menos un progenitor a la hora de cenar.

En la escuela no se libran del problema. A.M., maestra de educación especial de la Región de Murcia, me decía por teléfono que "yo afortunadamente, por ahora, tengo menos problemas, pero me encuentro todos los días con compañeros que no tienen ni idea de que hacer con las nuevas tecnologías. Vamos, estoy convencida de que no hay nadie que sepa qué hacer". Yo le digo que hace un par de años el 43% de los chavales entre 6 y 11 años tenían móvil y que supongo, en ese momento no tenía datos más recientes, que la tendencia va a más. "Pues sí, Javi, esto es una realidad con la que es muy difícil trabajar".

Padres, maestros, niños... Todo esto es cierto, pero es un pseudoproblema. En realidad, la sociedad es la que ha perdido el control de internet porque tras los estereotipos de 'millenial' o 'generación z' se esconde un realidad mucho más compleja.

Existen otros mundos pero están en este

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Hay una novela de China Miéville que transcurre en las ciudades de Besźel y Ul Qoma. Las dos ciudades conviven una junto a la otra. Pero no como en el Berlín de la guerra fría, divididas por un muro; sino que conviven en el mismo espacio, una junto a la otra y existen sólo por la voluntad de sus respectivos ciudadanos de olvidar, activamente, a todo lo relacionado con la otra ciudad.

Es decir, las dos ciudades y sus ciudadanos viven en las mismas calles solo que haciendo como si los otros no existieran. Tan desquiciado (y original) es el asunto que si un berzeliano ve a un niño ulqomita lanzarse hacia un coche buscando un balón, debe dejar que sea atropellado o enfrentarse a durísimas penas en caso de salvarlo.

Puede parecer algo raro y extraño. A bezelianos y ulqomitas también, supongo. Pero en algún momento, sencillamente se acostumbran. Y esa parte no es ciencia ficción, al final los seres humanos nos acostumbramos a no ver cosas que pasan a escasos metros de donde estamos.

"Hay otros mundos, pero están en este" decía el poeta francés Paul Éluard. Y es cierto. La mayoría de las veces no acabamos de ver lo que ocurre con nuestros adolescentes porque no queremos hacerlo. Sus códigos nos parecen ridículos, infantiles o absurdos y al final, desde la atalaya de la edad, pasamos de ellos. Podría hacer un listicle en snapchat enumerando las razones por las que eso es una mala idea, pero en lugar de eso me decidí a hablar con algunos. 37 para ser exactos.

"¿En internet podéis ser un 'yo' que os gusta más que vuestro 'yo' en el colegio? Es decir, ¿sois vuestro verdadero yo en la red?". Rescaté esta pregunta de un artículo que publicamos aquí en Xataka hace unos meses. Me parecía relevante pero tras estas semanas de entrevistas e investigación ya no estoy seguro. O dicho de otra forma, es relevante, pero de una forma que no imaginaba.

De la misma forma que el 80% de los jóvenes norteamericanos prefieren escribir (un whatsapp, un tweet, un chat) a llamar por teléfono y esto - que yo entiendo perfectamente - resulta revolucionario para algunos. Internet está integrándose en la vida de los adolescentes de forma distinta a la forma en que se integró en la de los primeros internautas. De hecho, tengo la intuición (he tratado de buscar datos desagregados por generación pero no he dado con ellos) de que internet es algo distinto para cada corte generacional.

He de reconocer que si hay algo que me ha sorprendido es la cara de "¿qué what?" que se les quedaba a la mayoría de adolescentes cuando trataba de explicarles que para muchas personas internet es un sitio donde pueden ser ellos mismos. He estado reflexionando y buceando en la 'sociología de la red' para entender mi sorpresa. ¿Y si llegados a este punto ya no hay en los más jóvenes una división real entre lo virtual y lo analógico? Algunos teóricos han sugerido que la 'dualidad' de internet la trajeron consigo los primeros usuarios, gente que ya era dual antes de llegar a la red. Llevaban una "doble vida" antes de internet y les pareció que lo natural era usar esa nueva tecnología para vivir mejor la vida que más les gustaba. Para los niños que crecen con ella (los famosos 'nativos digitales') internet no es una segunda vida, es sencillamente una parte de su vida.

El espejo de Oesed

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En el primer libro de Harry Potter (por cierto, no, Harry Potter no es una referencia para adolescentes, al menos con los que yo he hablado) tiene un papel muy destacado el 'espejo de Oesed'. Es un objeto interesante. Su principal propiedad es que muestra, al que lo mira, su deseo más profundo. El espectador queda fascinado por la visión y, según cuentan, muchos se enganchan al espejo hasta tal punto que se consumen delante de él.

"El ciberbulling, la ubicuidad de lo social que altera la forma de relacionarnos y el deseo de proyectar una imagen concreta" son fuentes de insatisfacción permanente, nos dicen desde Childline. Pero sobre todo esto último: el hecho de que internet haya dejado de ser una válvula de escape para ser un escenario permanente de las dinámicas de la vida diaria. Si nos fijamos en los patrones de los adolescentes, cabe pensar que internet se está convirtiendo en una especie de 'espejo de Oesed'.

No estamos dando a luz una generación entera de niños miserables, estamos dejado que los niños se embelesen con la imagen deformada de ellos mismos que les devuelve la red. Esto es un gran problema y nadie parece tener claro qué hacer con él.

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