Pasamos un tercio de nuestra vida durmiendo, y aunque para algunas personas pueda parecer una pérdida de tiempo porque literalmente mientras dormimos no estamos 'produciendo', la realidad es bastante diferente. Y es que no se trata solo de descansar, sino que nuestro cerebro esconde un auténtico "interruptor" neuronal que, durante el sueño, dicta si nuestro cuerpo va a construir músculo, quemar grasa o, por el contrario, entrar en un estado de emergencia metabólica.
Lo que se vio. Una investigación conjunta de la Universidad de California y la Universidad de Stanford, publicada en septiembre de 2025 en la prestigiosa revista Cell, logró mapear este mecanismo. Los investigadores identificaron un circuito neuronal específico en el hipotálamo compuesto por dos actores fundamentales: la neurona GHRH, que actúa como el "acelerador" de la hormona del crecimiento, y la somatostatina, que funciona como el "freno".
Su equilibrio es fundamental para poder regular cuánta hormona del crecimiento se va liberando durante el sueño. Y no es algo que se deba dejar en un segundo plano o solo para los niños que están en crecimiento, sino que esta hormona es fundamental para poder construir músculo, descomponer la grasa o incluso regular la glucosa.
En la primera mitad de la noche. No todos los momentos de la noche valen lo mismo, puesto que aproximadamente el 70% de la secreción diaria de hormona del crecimiento ocurre durante el primer ciclo de sueño profundo, también conocido como fase N3.
De esta manera, si acortamos nuestras horas en la cama y nos perdemos ese descanso clave, no se alcanza un sueño profundo de calidad y no se produce el ansiado pico de hormona de crecimiento. Esto lo que lleva directamente es a acumular grasa y perder tejido muscular.
El hambre. El músculo no es el único perjudicado, sino que nuestra dieta también sufre un sabotaje químico. Aquí las investigaciones han demostrado que dormir poco altera drásticamente nuestras hormonas reguladoras del apetito.
Un gran metaanálisis publicado en la revista Obesity Reviews, que analizó 21 estudios con 2.250 participantes, apuntó que el sueño corto hace que la leptina, que es la hormona que envía la señal de saciedad, disminuya en un 18%, mientras que la grelina, la hormona que dispara el hambre, aumenta en un 28%. Esto hace que tengamos más apetito y prefiramos consumir más calorías en el caso de no dormir suficientes horas.
El riesgo metabólico. El impacto de no dormir va mucho más allá del hambre y la báscula, puesto que a nivel metabólico, la restricción de sueño reduce la sensibilidad a la insulina, lo que incrementa de forma directa el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
Cada vez más datos. Si aún tenías dudas sobre los beneficios que tiene el hecho de dormir correctamente, ya sabemos que tener un buen sueño nos permite ser más productivos e integrar mejor los diferentes conocimientos que aprendemos en nuestro cerebro. Pero a esto se le suma también ahora la capacidad de 'crear' nuevo músculo, haciendo que la decisión más inteligente sea dormir, aunque para algunos sea poco productivo.
Imágenes | Slaapwijsheid.nl Anastase Maragos
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