El cáncer en menores de 50 años lleva décadas creciendo. Un macroestudio apunta por fin al gran culpable: el envejecimiento biológico

El cáncer de colon, pulmón o de útero son los que más preocupan en los más jóvenes

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José A. Lizana

Colaborador

El aumento de la incidencia de cáncer en adultos jóvenes es uno de los temas más debatidos en la oncología reciente. Durante los últimos años, revisiones exhaustivas han alertado de un incremento de diagnósticos en menores de 50 años, aunque la ciencia médica llevaba tiempo buscando el mecanismo subyacente que uniera los puntos entre el estilo de vida moderno y la aparición temprana de esta odiada enfermedad. 

La respuesta. Un nuevo estudio recién publicado parece haber encontrado una pieza clave del rompecabezas, que no es más que nuestras células están envejeciendo más rápido que nuestro carné de identidad. 

Esta es la conclusión de la investigación publicada en la revista Nature que apunta a que el envejecimiento biológico acelerado está asociado con un mayor riesgo de desarrollar cánceres de aparición temprana, especialmente los de tipo sólido como el de pulmón, estómago y también el uterino. 

Dos conceptos. Para entender el hallazgo, primero hay que diferenciar entre edad cronológica y edad biológica. La primera de estas es inamovible, ya que no es más que los años que han pasado desde nuestro nacimiento. Pero la edad biológica, es flexible, puesto que se calcula evaluando el estado fisiológico de una persona mediante biomarcadores en sangre y perfiles metabólicos. Refleja cómo de "viejos" están realmente nuestros tejidos y órganos.

Cómo medirlos. Para medir esto, el equipo de Tian utilizó modelos ya consolidados en la literatura científica, como el PhenoAge y el método de Klemera-Doubal. Con estas herramientas, cruzaron los datos de más de 150.000 adultos provenientes del UK Biobank y de aproximadamente 10.000 participantes del programa All of Us de Estados Unidos.

El resultado muestra un desajuste peligroso. Esto quiere decir que aquellas personas nacidas en décadas más recientes presentaban una mayor tendencia a tener una edad biológica superior a la que les correspondía por su fecha de nacimiento. Y este "salto" temporal tiene consecuencias clínicas directas como la aparición de cáncer. 

Para ser más concretos, se ha visto que cada vez que tenemos una persona con una edad biológica superior a la que le corresponde, tiene un riesgo un 8% superior de tener un cáncer sólido de aparición temprana antes de los 50 años. Si comparamos los extremos, los individuos situados en el tercil con mayor envejecimiento biológico tienen un 15% más de riesgo de desarrollar la enfermedad frente a aquellos en el tercil de menor desgaste biológico.

El contexto. Lo principal es no caer en el alarmismo, ya que, aunque es cierto que el cáncer está aumentando en las personas más jóvenes de la sociedad, también lo está haciendo en todas las franjas restantes debido a múltiples factores como el envejecimiento poblacional general y los mejores métodos de cribado que nos permiten detectar antes el cáncer. 

Sin embargo, los datos específicos de aparición temprana son innegables, puesto que los grandes estudios apuntan a repuntes significativos en tumores de tiroides, mama, colon, riñón y endometrio en la franja de 20 a 49 años. El cáncer colorrectal, en concreto, es el que más preocupa por su escalada en adultos jóvenes.

El estilo de vida. Que estemos envejeciendo biológicamente mucho más rápido de lo que deberíamos no es arte de magia, sino que parece que influyen diferentes factores relacionados con el estilo de vida. Entre estos destacan las tasas de obesidad juvenil, el consumo prolongado de dietas ricas en ultraprocesados, el sedentarismo y la exposición a toxinas ambientales. 

Lo que aporta este nuevo trabajo es la cuantificación del daño, ya que estos factores de riesgo aceleran el reloj biológico. Debemos tener en cuenta que el cuerpo humano está expuesto a factores proinflamatorios durante más años desde etapas tempranas de la vida, lo que facilita que el daño en el ADN se acumule más rápido de lo que los mecanismos celulares pueden repararlo.

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