El alzhéimer sigue siendo uno de los mayores desafíos médicos de nuestro siglo, puesto que estamos ante una enfermedad con una incidencia muy importante y sobre todo que conlleva una gran cantidad de problemas sociales a su alrededor. Aquí la investigación durante la década se ha centrado en la acumulación de placas de proteína beta-amiloide en el cerebro para explicarla. Sin embargo, la comunidad científica ha comenzado a prestar mucha más atención a un factor igualmente devastador: la neuroinflamación.
Un nuevo gen. La ciencia sigue avanzando y uno de los últimos descubrimientos que se ha hecho radica en el gen APOE4, que es un conocido factor de riesgo para la enfermedad de Alzheimer. Y no es para menos, puesto que las personas que heredan esta variante tienen una probabilidad mucho mayor de desarrollar la enfermedad, y a menudo lo hacen a edades más tempranas.
Pero ahora un equipo de investigación ha estado investigando exactamente por qué tener esta variante genética predispone a tener Alzheimer y la respuesta parece estar en la inflamación crónica. Más concretamente, en los portadores de APOE4, el sistema inmunológico del cerebro reacciona de forma exagerada, creando un entorno tóxico que daña las neuronas y acelera el deterioro cognitivo. Y en el centro de esta tormenta inflamatoria los investigadores han señalado a la enzima cPLA2 como culpable principal.
Es un reto. Sabiendo que la cPLA2 juega un papel crucial en la cascada inflamatoria asociada al alzhéimer, el objetivo lógicamente está puesto en apagarla de manera permanente. Sin embargo, inhibir enzimas en el cerebro no es tarea fácil, ya que el cerebro se encuentra muy bien protegido por la barrera hematoencefálica, que actúa como un auténtico control de aduanas que deja pasar solo algunos elementos muy seleccionados. Es por ello que crear un fármaco que la atraviese sin causar efectos secundarios en otras partes del cuerpo es un gran reto.
Las estrategias. Para llegar a este objetivo, la ciencia ahora mismo se encuentra haciendo simulaciones computacionales de miles de moléculas para poder encontrar aquellas con la forma y las propiedades exactas para "encajar" en la enzima cPLA2 y desactivarla. Una vez se identifique esta 'llave' que encaje con la enzima que se ve como una cerradura, es cuando se pueden refinar los compuestos candidatos para llevar a cabo pruebas en modelos animales.
Hasta ahora, la investigación ya cuenta con varios inhibidores selectivos de cPLA2 que han demostrado ser potentes y capaces de penetrar en el cerebro, haciendo que en los modelos estudiados se consiga reducir la neuroinflamación.
Medicina personalizada. El estudio, respaldado por múltiples instituciones de peso como el National Institute on Aging y la Alzheimer's Drug Discovery Foundation, no solo es relevante por el diseño de los nuevos fármacos, sino por su enfoque de medicina personalizada.
Si miramos atrás, los ensayos clínicos para el alzhéimer han tratado a todos los pacientes por igual, a menudo resultando en fracasos millonarios. Pero ahora, al dirigir estos nuevos inhibidores de cPLA2 específicamente a la neuroinflamación potenciada por el gen APOE4, los científicos están creando tratamientos a medida para los pacientes biológicamente más vulnerables. Aunque todavía estamos en una fase muy precoz de la investigación, haciendo que deban pasar años hasta poder ver un resultado tangible.
Imágenes | Robina Weermeijer
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