Hay fábricas que mueren de éxito, otras simplemente son barridas por el progreso. Y hay una, absolutamente terminada, que jamás se puso en marcha. Yace en el municipio berciano de Toreno (León) y está entera: depósitos, tuberías, sala de procesos, todo terminado. Pero en 13 años ni ha producido ni vendido nada. No ha dado empleo a nadie. Detrás está un inversor estadounidense del que casi nadie conoce el nombre, un mercado mundial que se hundió justo a tiempo para arruinar el proyecto y una comarca minera, pegada a la Reserva de la Biosfera del Valle de Laciana, que todavía espera los puestos de trabajo que le prometieron.
El origen. La planta se levantó al amparo de un paquete de subvenciones que la Junta de Castilla y León aprobó en 2009: 15,81 millones de euros repartidos entre 8 proyectos declarados de interés especial para El Bierzo, una zona en plena reconversión tras el declive minero y en mitad de una marcha negra. La autorización ambiental llegó en noviembre de ese mismo año. La inversión prevista en el proyecto original ascendía a 23,5 millones de euros, con capacidad para producir 120.000 toneladas anuales.
Quién paga. La empresa promotora se llama VB Toreno. Su dueño es, según confirmó el propio alcalde de Toreno, Laureano González, "un inversor estadounidense con potencial millonario". La planta iba a generar 22 empleos iniciales, ampliables hasta 50.
Pero en 2024, con la planta ya construida, el ministro de Industria, José Manuel Soria, la excluyó del listado de suministradores de biocarburantes para 2014-2015. ¿Entonces? La empresa dijo que seguiría adelante. Pero el mercado se desplomó y a finales de 2016 VB Toreno comunicó el cese de actividad, pidiendo revocar su propia autorización ambiental. El 15 de octubre de 2019, la Junta autorizó el cierre definitivo.
2022, la resurrección que no fue. La crisis energética disparó el interés. El alcalde confirmó que las instalaciones seguían intactas y vigiladas, y que la propiedad "baraja si abrirlo o no". La reapertura nunca llegó a materializarse.
Y, entretanto, el miedo al vandalismo: le pasó a la antigua planta de biodiésel Bionet Europa, en Reus, cerrada también desde 2012 (está totalmente saqueada, sin una sola tapa de alcantarilla, con tres incendios ya encima y una fuga de combustible que el ayuntamiento gestionó de forma subsidiaria porque la propiedad no respondía).
Valdetorres y San Roque. Toreno no es el único elefante blanco del biodiésel español. En enero de 2007, la empresa extremeña Bioenergética Extremeña 2020 anunció en Valdetorres (Badajoz) lo que iba a ser la mayor planta de biodiésel de Europa: 250.000 toneladas anuales, 43 millones de euros de inversión y 30 empleos fijos, con el respaldo accionarial de Catalana d'Iniciatives —y, detrás, BBVA, Gas Natural, Repsol YPF, el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat—. El arranque se prometía para el verano de ese mismo año. Década y media después, con una inversión escalada hasta los 70 millones terminó saliendo a subasta por poco más de un millón de euros —sí produjo, al menos durante las pruebas—.
Estaba literalmente "en estado prácticamente virgen". Pero sí que hay algún caso español de resurrección real. La antigua planta de biodiésel de Abengoa en San Roque (Cádiz) pasó 18 meses parada tras la quiebra de su propietaria, hasta que Cepsa Bioenergía la compró y reactivó, integrándola en su refinería vecina de Gibraltar-San Roque. Hoy produce 200.000 toneladas anuales de biodiésel y 25.000 de glicerina.
Por qué nadie compra las plantas paradas. Enrique González, presidente de la patronal Ewaba España, decía que "el biodiésel español no tiene ningún comprador". El problema no es solo Toreno: desde enero de ese año, la falta de un reglamento claro que aplique la normativa europea de sostenibilidad (FQD) paralizó buena parte de las plantas de biodiésel en funcionamiento en toda España.
¿Y dónde sí está yendo el dinero ahora? La inversión en biocombustibles en España se mueve hacia otra tecnología: Cepsa y Bio-Oils levantaron en Palos de la Frontera (Huelva) la mayor planta de biocombustibles de segunda generación del sur de Europa: 500.000 toneladas anuales de combustible sostenible de aviación y diésel renovable, dentro de un complejo que apunta al millón de toneladas.
El sector ha cambiado, mira hacia el norte de África y las renovables presionan. Por ejemplo, la de los Santos de Maimona, en Badajoz, sí ha sabido reconvertirse. Pero sin comprador industrial dispuesto a integrarla, como pasó en San Roque, una planta de primera generación parada tiene hoy más números de acabar como Valdetorres que de volver a encenderse.
Imágenes | Pexels (Tom Fisk, planta de Eyota, Minnesota)
Ver 0 comentarios