En 1976, Gary George pagó 217,77 dólares por unas 1.150 cintas magnéticas que la NASA había decidido liquidar como material excedente. Su plan era sencillo: venderlas a televisiones para que grabaran encima de ellas. Pero su padre reparó en las etiquetas de tres rollos y le aconsejó conservarlos. En ellas se podía leer: “APOLLO 11 EVA | July 20, 1969”.
George tardaría décadas en descubrir exactamente qué había comprado.
Un becario y las cintas de la NASA. Gary George era estudiante de ingeniería en la Universidad Lamar y había conseguido unas prácticas en el Johnson Space Center de la NASA en 1973. Como otros compañeros, acudía ocasionalmente a subastas de excedentes del Gobierno y en junio de 1976 visitó una celebrada en la base aérea de Ellington, cerca de Houston.
Allí se llevó por 217,77 dólares un lote de aproximadamente 1.150 rollos de cinta magnética pertenecientes a la NASA, una compra que tenía para él un objetivo puramente comercial: algunos de los rollos Ampex de vídeo podían borrarse, reutilizarse y venderse a televisiones locales.
Tres cajas y una etiqueta. George vendió parte del material, donó algunas cintas a su universidad y a una iglesia que retransmitía sus servicios y desechó otras que apenas tenían valor. Entre unas 65 cintas de vídeo de dos pulgadas había, como decíamos, tres cajas etiquetadas “APOLLO 11 EVA | July 20, 1969 REEL 1–3”, acompañadas de la referencia técnica de los equipos que las habían grabado.
George no les concedió demasiada importancia, pero su padre vio las palabras Apollo 11 y le recomendó que aquellas tres no las vendiera ni permitiera que nadie grabara encima. Ese pequeño gesto evitó que acabaran como buena parte de las otras 1.147 cintas.
Apollo 11
Lo que había dentro. Las tres cintas contenían aproximadamente 144 minutos de la actividad extravehicular del Apollo 11 del 20 de julio de 1969, incluyendo el descenso de Neil Armstrong, la llegada de Buzz Aldrin a la superficie, la bandera estadounidense, los experimentos, la recogida de muestras y la conversación con Richard Nixon.
Eran grabaciones NASA de primera generación realizadas en Mission Control sobre cintas Quadruplex de dos pulgadas después de convertir a NTSC la señal slow-scan recibida desde la Luna. Eso les permitía conservar una calidad superior a muchas de las copias televisivas que llegaron al público, cuya señal tuvo que recorrer sucesivos enlaces antes de ser distribuida por las grandes cadenas.
Buzz Aldrin en la Luna, en una fotografía tomada por Neil Armstrong, quien puede verse reflejado en la visera junto con la Tierra, el módulo lunar Eagle y la bandera de los Estados Unidos
Lo que no eran. Aquí existe una distinción importante. La cámara Westinghouse utilizada en la Luna transmitía a diez imágenes por segundo mediante un formato slow-scan que fue recibido por estaciones terrestres y grabado en 45 grandes rollos SSTV. Esos eran los registros originales de mayor calidad y la NASA terminaría concluyendo que probablemente habían sido borrados y reutilizados.
Las cintas de George no eran esos originales perdidos, sino las grabaciones realizadas en Houston después de convertir aquella señal al estándar televisivo NTSC. Su relevancia residía precisamente en ser registros de primera generación extraordinariamente bien conservados, aunque algunas informaciones posteriores y la propia promoción de la subasta exageraron su singularidad al presentarlas como si fueran las únicas o las mismísimas cintas desaparecidas.
32 años sin reproducir el Apollo 11. George conservó los rollos durante décadas y prácticamente se olvidó de ellos hasta que, en 2008, un conocido relacionado con la ingeniería de vídeo de la NASA le contó que la agencia llevaba tiempo buscando las grabaciones originales del paseo lunar ante la proximidad del 40 aniversario.
El formato de las cintas hacía además muy difícil comprobar su contenido, porque necesitaban equipos Ampex de una época ya desaparecida. Finalmente encontró al archivista David Crosthwait, de DC Video en California, y en octubre de 2008 las cintas fueron reproducidas posiblemente por primera vez desde 1969: después de décadas almacenadas, estaban en un estado extraordinario y posteriormente fueron digitalizadas sin compresión.
La señal original de televisión de barrido lento de la cámara de televisión del Apolo, fotografiada en Honeysuckle Creek el 21 de julio de 1969
Tres cintas que valen una fortuna. Sotheby's sacó los tres rollos a subasta en Nueva York el 20 de julio de 2019, exactamente 50 años después del primer paseo humano sobre la Luna, con una estimación de entre uno y dos millones de dólares. De hecho, tres compradores pujaron durante casi cinco minutos y el martillo terminó en 1,82 millones, unas 8.000 veces los 217,77 dólares que George había pagado por el lote completo de más de mil cintas.
La ironía es todavía mayor porque en 1976 un único rollo Ampex nuevo podía costar alrededor de 260 dólares: George había pagado por 1.150 cintas usadas menos de lo que costaba una sola nueva.
De excedentes a historia. El enorme precio no procedía únicamente de las imágenes que contenían, porque el paseo lunar había sobrevivido en otras grabaciones y la propia NASA recalcó antes de la subasta que las cintas no aportaban imágenes históricas desconocidas. Su extraordinario valor estaba en el objeto: tres registros NASA contemporáneos, de primera generación y excepcionalmente conservados de uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX.
La historia terminó así con una paradoja difícil de mejorar: una agencia capaz de enviar seres humanos a la Luna perdió o reutilizó parte de sus mejores registros del acontecimiento, mientras tres cintas que había vendido como excedentes a un estudiante por una fracción de dólar por rollo... acabaron valiendo 1,82 millones.
Imagen | Sotheby’s, NASA
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