Una imagen que todavía se estudia en academias militares ocurrió en 1942, cuando durante la llamada Battle of Midway los estadounidenses lograron hundir cuatro portaaviones japoneses en apenas unas horas. Aquella batalla demostró que, en el Pacífico, mover un puñado de buques al lugar adecuado podía alterar el equilibrio estratégico de toda una región, una lección que sigue influyendo en la planificación naval estadounidense más de ocho décadas después.
Un movimiento y lo que delata. Durante semanas se especuló con la posibilidad de que Estados Unidos ampliara su enfrentamiento con Irán mediante operaciones más agresivas sobre el terreno en el Golfo Pérsico. Sin embargo, uno de los movimientos militares más significativos ha ocurrido lejos de Oriente Medio.
El USS Boxer, un buque de asalto anfibio con capacidad para desembarcar tropas, vehículos y aeronaves de combate ha abandonado cualquier papel potencial en una operación terrestre contra Irán y ha puesto rumbo al Mar de China Meridional. A bordo viaja la 11.ª Unidad Expedicionaria de Marines, unos 2.000 efectivos especializados en intervenciones rápidas y asaltos anfibios. La decisión sugiere que Washington considera que el principal desafío estratégico no está hoy en Teherán, sino en la creciente rivalidad con China.
Del Golfo al Mar de China. Cuando el Boxer salió de San Diego en marzo, en plena crisis con Irán, muchos interpretaron su despliegue como una forma de mantener abierta la opción de realizar desembarcos limitados o capturar objetivos estratégicos si el conflicto escalaba.
Sin embargo, tras una escala logística en Singapur y un tránsito por el mar de Andamán, el buque ha reaparecido en el Mar de China Meridional integrado en la estructura del Mando Indo-Pacífico. Se trata de una plataforma comparable en concepto al Juan Carlos I español, capaz de operar lanchas de desembarco, vehículos anfibios, helicópteros y cazas F-35, lo que le permite actuar tanto como portaaeronaves ligero como fuerza de intervención terrestre.
Lo que cambia para Irán. La salida del Boxer reduce todavía más las posibilidades de una operación anfibia estadounidense contra objetivos iraníes. Mientras el USS Tripoli continúa en la región desempeñando funciones centradas en ataques aéreos y apoyo naval, Washington parece apostar por una estrategia basada en bloqueos, bombardeos de precisión y presión económica, evitando comprometer tropas en tierra.
La decisión puede interpretarse como una desescalada militar parcial, aunque también refleja una realidad más simple: Estados Unidos considera que puede contener a Irán sin desplegar fuerzas anfibias significativas, mientras que la competencia con China exige una presencia constante y visible en Asia.
La preocupación de los aliados asiáticos. Contaba Reuters que la cuestión estuvo muy presente en el Diálogo Shangri-La de Singapur, donde numerosos responsables de defensa asiáticos expresaron dudas sobre si Estados Unidos podrá mantener simultáneamente su atención en Oriente Medio y el Indo-Pacífico.
Aunque el secretario de Defensa Pete Hegseth insistió en que Washington puede gestionar ambos escenarios al mismo tiempo, países como Filipinas, Japón, Australia, Canadá y Nueva Zelanda están reforzando sus capacidades militares y profundizando sus vínculos mutuos para complementar el paraguas de seguridad estadounidense. El objetivo es construir una red regional más sólida ante la presión creciente de Pekín.
Japón y la nueva arquitectura de seguridad. Japón se está convirtiendo en uno de los pilares de esa estrategia. Tokio ha flexibilizado de forma histórica sus normas de exportación de armamento y aspira a actuar como punto de conexión entre los distintos socios de la región.
La idea es que la disuasión frente a China no dependa exclusivamente de Estados Unidos, sino de una red cada vez más integrada de países capaces de compartir equipamiento, entrenamiento y cooperación militar. Este cambio refleja hasta qué punto la percepción del ascenso militar chino está transformando la política de seguridad asiática.
El centro de gravedad de la competición global. La llegada del Boxer coincide con una intensa actividad militar en el Indo-Pacífico. El portaaviones USS George Washington ha iniciado nuevas patrullas desde Japón, mientras el portaaviones chino Liaoning opera en el Pacífico Occidental bajo vigilancia de los países vecinos.
En este contexto, el despliegue de una fuerza anfibia estadounidense en el Mar de China Meridional tiene un fuerte valor simbólico y operativo. Porque más allá de la crisis con Irán, el recorrido del Boxer resume una tendencia cada vez más evidente: aunque Oriente Medio sigue generando conflictos inmediatos, la gran competición estratégica que define las prioridades de Washington se está librando en Asia y, especialmente, frente al ascenso de China.
Imagen | US Navy
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