Es una sensación bastante específica el estar mirando el calendario y preparándose mentalmente para una ristra de videollamadas interminables o una reunión que amenaza con consumir toda la mañana. Pero llega un momento donde llega un correo o un mensaje escrito con una frase que alivia: la reunión ha sido cancelada. El alivio que se siente es instantáneo, pero hay un fenómeno bastante curioso detrás: la hora que se acaba de recuperar en la jornada se siente muchísimo más larga y aprovechable que una hora libre que ya estaba programada con bastante tiempo.
La gran pregunta. Puede que sea algo que sintamos de manera subjetiva, y que ahora que has leído este párrafo te hayas dado cuenta de que es verdad la sensación que se percibe. Pero ahora ha llegado la ciencia para responder a la pregunta de por qué ocurre esto. Y no es magia, sino que es pura psicología del comportamiento.
La respuesta está en un estudio publicado recientemente donde el equipo de investigación se propuso entender qué pasa en el cerebro cuando el reloj nos da un respiro inesperado. Para ello, llevaron a cabo siete experimentos involucrando a más de 2.300 participantes.
Sus conclusiones. Lo primero que han visto precisamente es que el tiempo "ganado" de forma imprevista se percibe de forma subjetiva como mucho más largo. Las investigadoras explican que esto se debe a un poderoso efecto de contraste, ya que la mente estaba rígidamente preparada para no tener tiempo libre y someterse a una carga cognitiva como era la reunión. Al desaparecer abruptamente esa obligación, el espacio vacío que queda contrasta de forma brutal con nuestra expectativa de saturación.
En pocas palabras, el cerebro ante la repentina ausencia de estrés agendado, estira nuestra percepción de esos minutos.
¿Qué hacemos con el tiempo? Esta percepción alterada del tiempo tiene consecuencias directas y medibles en nuestro comportamiento, ya que, según detallan los experimentos, la sensación de "liberación" nos empuja a tomar decisiones muy concretas sobre en qué invertir ese tiempo.
Y dado que percibimos que tenemos mucho tiempo extra, somos más propensos a invertirlo en actividades más extensas y orientadas al ocio. Esto explica por qué, tras una cancelación, es raro que nos lancemos a una tarea más dura y tediosa que tenemos pendiente. En su lugar, esa falsa sensación de abundancia temporal nos invita a tomarnos un café largo, leer un artículo pendiente, charlar con un compañero o hacer tareas de baja intensidad. Es como si literalmente se saboreara la libertad.
La era moderna. Con todo lo que nos rodea, la ciencia nos recuerda que hay coste de vivir obsesionados con la agenda. Investigaciones previas agendan que nuestro tiempo de ocio reduce drásticamente cuánto lo disfrutamos y hace que percibamos que el tiempo pasa más rápido. Es por ello que la sobreprogramación contrae nuestra percepción del tiempo, mientras que las cancelaciones inesperadas la expanden.
Imágenes | Campaign Creators
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