Japón quizás tenga pocos bebés (desde luego muchos menos de los que a las autoridades les gustaría), pero eso no significa que su cuidado resulte sencillo. Sobre todo para las familias a las que la conciliación se les hace cuesta arriba. Para solucionarlo en algunas localidades del país ha empezado a cuajar una idea: los yonakigoya o "cafés nocturnos para llorar", lugares a los que los padres (básicamente las madres) pueden acudir cuando sus bebés no dan tregua y les hacen pasar una noche en vela entre llantos y soledad.
En los yonakigoya no solo encuentran lugares en los que cantar nanas sin molestar a otros miembros de la familia que tendrán que madrugar para afrontar extenuantes jornadas de trabajo. La idea es que sirvan también como redes de apoyo y lleguen allí donde las administraciones no lo hacen.
¿"Cafés de llanto"? Exacto. Suenan a ciencia ficción. Y tiene todo el sentido que así sea porque el concepto salió de un manga publicado en 2023, una obra en la que se habla de un lugar llamado Yonakigoya ('Casa del Llanto Nocturno') que sirve como refugio a las madres que se ven abrumadas por el lloro de sus pequeños. Straits Times asegura que la autora hablaba desde su propia experiencia y que compartió la idea por primera vez en redes en 2017. La acogida allí fue tan buena que se decidió a reservarle un hueco en su obra.
Algo más que ficción. Más allá de cuándo, cómo y dónde surgió la idea, lo innegable es que el concepto de los yonakigoya ha calado lo suficiente en la sociedad nipona como para dar el salto de la ficción a la realidad. Lo ha desvelado Kyodo News, una de las agencias de noticias más populares del país.
Hace unos días su reportera Maki Shinozaki publicó un reportaje sobre cómo se están expandiendo por el país el fenómeno de los "cafés para llorar" nocturnos. De la pieza se han hecho eco medios de todo el mundo, desde los diarios the Sanyo News o Sankei Shimbum al británico The Times.
Entre tostadas y libros. Los yonakigoya parecen tener más de red de apoyo que de locales que busquen hacer dinero con el llanto de los bebés y la angustia de sus progenitores. De hecho, en Hokkaido el servicio se presta en una cafetería especializada en tostadas francesas que ha decidido abrir ciertas noches al mes para ayudar a madres, en Tokushima hay otro centro de apoyo que organiza todos los meses "cafés para niños que lloran" y en Aichi una librería ha decidido sumarse al carro organizando veladas para los bebés.
En el primer caso (la cafetería) el local abre de forma gratuita entre las 21.00 h del domingo y las 06.00 del lunes y en este último (la librería) el servicio se presta con ayuda de voluntarios como maestras o matronas de 20.30 a 24.00 h. Aunque Kiodo News y los medios nipones informan solo de ciertos casos concretos (lo que sugiere que no se trata de un fenómeno de masas), una búsqueda rápida en Google muestra que el concepto genera interés y se expande.
Para bebés… y adultos. En la cafetería de tostadas francesas de Hokkaido han instalado colchonetas para que los bebés puedan gatear y (con suerte) dormir, además de espacios reservados para lactancia y cambio de pañales. Con todo, habitualmente los yonakigoya so solo velan por los niños. Lo hacen también por los adultos que llegan con ellos.
La idea es que sirvan de apoyo a los progenitores, principalmente a las mujeres, que son las que más los usan, sobre todo durante sus bajas de maternidad, mientras sus maridos duermen antes de afrontar largas jornadas de trabajo.
Aunque el país ha dado pasos hacia un modelo laboral que permita la conciliación, a finales de 2024 el Gobierno publicó un informe que revelaba que el 10,1% de los hombres y el 4,2% de las mujeres trabajan más de 60 horas semanales. En el país incluso se ha hecho tristemente popular el concepto 'karoshi', la muerte por exceso de trabajo.
"Un refugio". Madoko Nozawa, dueña de la cafetería de tostadas que se reconvierte en yonakigoya los domingos de madrugada, ha explicado a Kyodo que decidió embarcarse en el proyecto inspirada por su propia experiencia. Ella también es madre y en su día, recuerda, pasaba noches en vela porque su bebé no paraba de llorar y su marido debía madrugar al día siguiente. "Quiero que este sea un refugio donde la gente pueda sentir que no está sola en sus luchas", comparte.
"Mientras intentaba dormir a mis hijos no podía moverme y me sentía totalmente abrumada", señala otra madre a la que el diario Chunichi Shimbun entrevistó en la librería-yonakigoya de la prefectura de Aichi. "Todavía no tengo muchas personas con las que pueda hablar con naturalidad sobre la crianza de los hijos. Un lugar así representa una fuente de apoyo".
Una nota crítica. Si bien los yonakigoya demuestran la capacidad de Japón para crear redes de apoyo, su éxito deja también algunas lecturas críticas. Para empezar, el hecho de que quienes las usan sean mayoritariamente mujeres revela que la crianza aún recae en gran medida sobre ellas.
No es nada nuevo. En 2022 la Asociación de Facultades de Medicina de Japón publicó un estudio sobre cuidados de niños entre los doctores que reveló una importante brecha de género: el 31,8% de las médicas con hijos reconocieron que soportaban el 100% del cuidado infantil y el 55,2% estimó que asumía más del 80% de las tareas. Entre los varones, esos porcentajes eran respectivamente del 8,4 y 14,5%.
En plena crisis. Otra observación crítica la aporta Kaori Ichikawa, profesora de la Universidad de Ciencias de la Información de Tokio, quien señala la paradoja de que en plena crisis demográfica y a pesar de la ingente cantidad de recursos que el Gobierno está destinando a fomentar la natalidad, tenga que ser la iniciativa privada y comunitaria la que atienda a las madres de noche.
"El apoyo gubernamental suele ser limitado por la noche, los fines de semana y los festivos, por lo que los sectores público y privado deben colaborar para crear lugares como los cafés nocturnos, donde puedan buscar ayuda cuando la necesitan", reivindica.
Imágenes | Pema G. Lama (Unsplash), Kishor (Unsplash)
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