En agosto de 2003 hubo una ola de calor. No fue una ola de calor cualquiera. Fue una de las peores que se recuerdan. Los investigadores no se ponen de acuerdo, pero se estima que en España hubo unas 6.600 muertes por exceso de mortalidad solo en la primera quincena del mes. Casi 13.000 a final de mes.
Sin embargo, de golpe de calor (el cuadro que imaginamos cuando pensamos en morir "de calor") apenas fallecieron 141. El resto murieron porque el calor agravó patologías que ya tenían.
Durante los últimos años y con la esperanza de encontrar formas de luchar contra "el fenómeno [natural] que más mata en Europa", muchos investigadores han intentado entender cómo el calor potencia esas enfermedades. Y todos los caminos los llevan al mismo sitio: la contaminación.
Que la contaminación mata no es noticia. Es algo que, de hecho, está documentadísimo. Lo nuevo es poder comprobar cómo le hace el trabajo sucio a la enfermedad en mitad de una ola de calor. Un equipo del ISCIII estimaba estos días que, de media, el 18,7 % del exceso de mortalidad que hoy atribuimos a la temperatura corresponde a la contaminación. Es decir, uno de cada cinco.
Si le sumamos la calima, el porcentaje ascendería al 22,5%.
¿Y cómo ocurre esto? Es algo que está muy relacionado con el funcionamiento atmosférico de una ola de calor. En términos generales, este tipo de fenómenos ocurren de dos maneras: por un bloqueo anticiclónico y la otra es por una advección sahariana.
En el primer caso, la estabilidad y la insolación impiden que se dispersen los contaminantes y que se dispare el ozono troposférico. En el segundo, la masa de aire viene con polvo en suspensión. Es decir, auqnue funcionan de forma distinta. los dos grandes mecanismos derrumban la calidad del aire y suponen una amenaza de salud pública.
¿Por qué esto es importante? Porque en España muere mucha gente en esta 'tormenta perfecta' de calor y contaminación. Es más, aunque no mueran, la pérdida de calidad de vida asociada a los ingresos hospitalarios y los brotes agudos es tremenda.
¿Y qué hacemos? La propuesta de fondo de los investigadores es más sencilla de lo que parece: pasar de un sistema de alertas y umbrales basado solo en la temperatura a uno que combine temperatura y contaminación. Esto nos permitiría adaptarnos mejor.
Por ejemplo, durante una ola de calor, podríamos incentivar el teletrabajo, las limitaciones de tráfico y reconducir las actividades públicas a zonas can menor contaminación. Esto no sustituye a las medidas de siempre, pero nos permiten mejorar la forma en la que pensamos en ese asesino silencioso que es el calor.
Imagen | János Venczák
En Xataka | El calor ya mata más que el frío en España (pese a que tengamos más protocolos para evitarlo)
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