Taiwán no quiere que sus tecnologías más avanzadas caigan en las manos de China. Y va a dar ejemplo multando a Foxconn

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En el actual clima de tensión entre China y Taiwán a las empresas taiwanesas no les queda más remedio que extremar las precauciones. Mark Liu, que es el director general de TSMC, aseguró a principios del pasado mes de agosto durante una entrevista de la cadena estadounidense CNN que la compañía que dirige se vería obligada a paralizar sus fábricas (al menos las que tiene en suelo taiwanés) si finalmente llegan a las manos.

El argumento de Liu es muy razonable: si se produce una confrontación directa entre China y Taiwán es muy probable que su compañía tenga dificultades para acceder a las materias primas, los elementos químicos, los componentes de hardware y las herramientas de ingeniería que necesita para sostener la producción de semiconductores. El batacazo que se pegaría TSMC si se dan estas circunstancias sería considerable, por lo que está minimizando su posible impacto reforzando su presencia en otros países.

No obstante, en esta coyuntura esta no es la única preocupación de las empresas taiwanesas. Y es que el Gobierno de Taiwán ha prohibido expresamente a sus compañías invertir en empresas chinas. Y lo ha hecho con una intención muy clara: está decidido a evitar a toda costa que sus tecnologías más avanzadas, especialmente las que están involucradas en la fabricación de semiconductores, caigan en las manos de China.

Foxconn ha dado un paso en falso, y el Gobierno de Taiwán no se lo va a perdonar

La compañía taiwanesa Foxconn es el fabricante de dispositivos electrónicos más grande del planeta si nos ceñimos a su capacidad de producción, y también a las personas a las que emplea. Estas dos cifras pueden ayudarnos a poner su gigantismo en perspectiva: fabrica alrededor del 40% de los dispositivos electrónicos del mercado, y actualmente emplea a más de 1,2 millones de personas. Aun así, al igual que cualquier otra gran empresa, está decidida a crecer. Y una forma de hacerlo pasa por invertir en otras compañías.

La firmeza con la que el Gobierno de Taiwán está dispuesto a penalizar a sus propias empresas es muy significativa

Durante el pasado mes de julio Foxconn confirmó que es accionista de la compañía china de semiconductores Tsinghua Unigroup, cuyo mayor accionista es, precisamente, el Estado chino. Para esta empresa taiwanesa meter la mano en este grupo empresarial chino representa la oportunidad de estar aún más presente en uno de los mercados con mayor potencial de crecimiento. Sin embargo, es evidente que los ejecutivos de Foxconn no midieron bien el alcance que tendría esta decisión en el actual clima de inestabilidad entre China y Taiwán.

Y es que la reacción del Gobierno de Taiwán no se ha hecho esperar. Según Reuters la multa que podría tener que pagar superará los 800.000 dólares. Para una empresa con la envergadura que tiene Foxconn esta cifra no representará un problema, pero esto no es todo. Y es que el pasado viernes un portavoz de esta marca confirmó que se desharán de las acciones que tienen en Tsinghua Unigroup.

Demasiado tarde. Tan solo un día después el Gobierno de Taiwán ratificó su decisión de seguir adelante con la sanción. Lo significativo aquí no es la cuantía de la multa; es la firmeza con la que Taiwán está dispuesta a penalizar a sus propias empresas si lo cree necesario. Así están las cosas.

Imagen de portada: Foxconn

Vía: Reuters

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