¿Has tenido una vida pecaminosa, llena de vicios y excesos, pero no quieres que eso te condene al fuego eterno? Sin problema. Solo tienes que asegurarte de que, una vez mueras, tu familia contrate a un 'comepecados', un freelance que se dará un pequeño festín sobre tu ataúd el día de tu funeral. Una termine se llevará consigo todas las faltas que cometieras en vida, sin importar cómo de graves o reprochables hubieran sido. El 'comepecados' cobraba por sus servicio, por supuesto, pero… ¿Cuánto pagarías (tú o tu familia) por la vida eterna?
Suena extraño, pero el oficio de sin-eater existió hace siglos en algunas regiones de Gran Bretaña. De hecho la hemeroteca permite seguir su rastro hasta el XIX.
¿Comedores de pecados? Exacto. Y no es una metáfora. Natalie Zarrelli, de Atlas Obscura, lo llama "el peor trabajo freelance de la historia" y probablemente tenga razón. Los sin eater ('comepecados' o devoradores de pecados) eran justo lo que indica la palabra: gente que se alimentaba de las faltas de otras personas que habían fallecido de forma repentina, sin tiempo para expirar sus culpas.
No lo hacían por afición o porque siguiesen una rebuscada (y lúgubre) dieta medieval a base de sacrilegios, sino porque ese era su oficio. El sin eater llegaba a los velatorios, participaba en un ritual para liberar de sus pecados al finado y luego se marchaba silenciosamente con unas monedas en el bolsillo.
¿Dónde existió? No abunda la información sobre ellos, aunque pueden encontrarse referencias en obras como 'Brand's Faiths and Folklore' o 'Hill and Valley’, una ensayo publicado por Catherine Sinclair en el siglo XIX.
En los últimos años también le han dedicado artículos medios como Atlas Obscura, la plataforma especializada en religión Aleteia o (más recientemente) la revista National Geographic. La escritora y profesora Megan Campisi también lo investigó para su novela The Sin Eater. Gracias a ellos podemos obtener algunas pinceladas de este antiguo oficio, que cuajó hace siglos en Gran Bretaña.
¿Y cuándo existieron? Los 'comepecados' trabajaron sobre todo en ciertas regiones de Inglaterra, Escocia o Gales y su oficio se mantuvo con altibajos desde al menos el siglo XVII (algunos lo remontan todavía más atrás, asociándolo a una herencia de la Edad Media) hasta finales del XIX. De hecho hay alguna referencia de un sin eater que falleció ya iniciado el XX y su tumba aún puede visitarse hoy.
Su figura se basaba en una mezcla de supersticiones, paganismo y cristianismo, todo con el telón de fondo de los cambios religiosos que experimentó Inglaterra a partir del siglo XVI. De hecho hay quien desliza que su rol pudo surgir en un intento por recuperar tradiciones populares tras la reforma anglicana.
¿Qué hacían exactamente? Los 'comepecados' eran la figura central de un ritual relativamente sencillo que buscaba borrar las culpas del finado. La familia del fallecido colocaba sobre el pecho del cadáver un trozo de pan y un cuenco con cerveza o leche (depende de la zona) y luego llamaba al sin eater, quien solo tenía que hacer una cosa: sentarse ante el cadáver y comer y beber las viandas que, se suponía, habían absorbido los pecados del fallecido.
Un gesto sencillo con el que hacían suyas las manchas ajenas.
¿Cómo lo hacían? "Se sentaba de cara a la puerta. Le daban una moneda de cuatro peniques, que se guardaba en el bolsillo; una corteza de pan, que se comía; y un cuenco lleno de cerveza, que se bebía de un trago. Tras esto, levantándose de su taburete, pronunciaba, con gesto sereno: 'la paz y descanso del alma difunta', por lo cual empeñaría su propia alma", relata una obra publicada en el XIX.
Tras la mediación del 'comepecados' se suponía que el finado quedaba libre de reproches que pudieran condenarle al infierno. A él, claro está, le ocurría lo contrario: esas faltas ajenas acababan pesando sobre su historial espiritual.
¿Era mal negocio? Se supone que la mayoría de los ¡comepecados' eran personas humildes, de escasos recursos, para las que una nueva jornada pasando hambre representaba una perspectiva mucho peor que una supuesta eternidad de condenación entre llamas. Aunque solo recibían unas monedas a cambio de su trabajo, el oficio era bastante penoso. Y no solo por cuestiones religiosas.
Algunas versiones sostienen que, al 'devorar' los pecados ajenos, el sin eater pasaba a convertirse en un paria, alguien que emborronaba su alma.
¿Tan grave era? Sí. A un 'comepecados' poco religioso, ateo o incluso 'infiel' quizás no le importase demasiado participar en el ritual a cambio de un par de monedas, una hogaza de pan y un tazón de cerveza, pero sabía que su trabajo le acarrearía un sacrificio extra: el "desprecio manifiesto" de sus vecinos, para los que se convertía en una especie de apestado, alguien a quien rehuir.
Las familias solicitaban sus servicios, lo invitaban a sus casas, pagaban por su servicio y en ocasiones el sin eater incluso escuchaba las confesiones de los parientes de luto, pero una vez finalizado el ritual nadie quería tenerlo cerca.
¿Cuál era su origen? Difícil concretarlo. En su artículo, Natalie Zarelli recuerda que algunas teorías relacionan la figura del sin eater con las tradiciones paganas, otras lo conectan con la costumbre medieval de que los nobles pagasen a los pobres para que orasen por sus difuntos y la salvación de sus almas.
En cierto modo, los 'comepecados' también se relacionan con otras tradiciones arraigadas, como la creencia de que los familiares vivos pueden interceder por sus muertos, la figura del purgatorio o el valor simbólico de la comida.
¿Cuándo desaparecieron? En el XIX, cuando Sinclair escribió su libro, los 'comepecados' estaban ya de capa caída en Inglaterra, pero eso no significa que hubiesen desaparecido. Su rastro puede seguirse hasta finales de ese siglo. En agosto 2010 la BBC publicó que en Ratlinghope (Shropshire) habían restaurado la tumba del que se cree que fue "el último devorador de pecados de Inglaterra".
Su nombre era Richard Munslow, un hombre fallecido en 1906 y quien, según el vicario de la localidad, practicaba "la extraña costumbre" de comerse los pecados de los fallecidos (con pan, cerveza y agua), expiando así las culpas de lugareños que habían fallecido sin margen para confesarse. "Hace 30 o 40 años habría gente que recordaría que esto sucedía", explicaba el reverendo.
Imágenes | Wikipedia y Rodion Kutsaiev (Unsplash)
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