Así es la línea de ferrocarril más alta del mundo: a más de 5.000 metros sobre el nivel del mar para llegar hasta el Tíbet

Así es la línea de ferrocarril más alta del mundo: a más de 5.000 metros sobre el nivel del mar para llegar hasta el Tíbet
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Es el primer ferrocarril en conectar China con la Región Autónoma del Tíbet, ubicación que, debido a su altitud, fue la última en contar con línea conectada. En uno de los puntos del trayecto recorre el paso de Tanggula, que con 5.072 metros de altura convierte a esta línea de ferrocarril en la más alta del mundo. Así es el ferrocarril Qinghai-Tibet o expreso de Lhasa, una auténtica megaconstrucción.

El permafrost: el principal enemigo de esta vía

Permafrost
De Taken by Fanghong - Trabajo propio, CC BY 2.5,

El 7 de octubre de 1950 el ejército chino ocupó el Tibet. Tras su anexión, el Gobierno chino quería un ferrocarril que llegase a esta región, pero se necesitaba construir una carretera en este territorio tan complicado por la altura y bajas temperaturas extremas.

Se hizo un primer intento de crear una carretera para el ferrocarril con rudimentarias herramientas. Como resultado murieron 3.000 trabajadores por congelación y mal de altura, por lo que se archivó la idea.

Hasta el año 1984 la vía ferroviaria iba desde Beijing hasta Golmud, pero en 1999 se vuelve anunciar que se quiere ir hasta el Tibet, esta vez con una estrategia más planificada.

Linea Ferre
De Gruschke, CC BY-SA 3.0

Eligieron una ruta entre las cimas de las montañas, construidas en zigzag para que el ferrocarril pudiese subir sin perder el gradiente constante (el ritmo constante de subida) a tal altura. No obstante, el principal problema no fue la altura, sino el permafrost: una capa de hielo permanentemente congelada, aunque no siempre cubierta de hielo o nieve.

El permafrost fue el principal problema al hacer la carretera: una vez derretido el terreno es intransitable

Bajo la superficie de la parte más alta de este trayecto abunda el permafrost. Este tiene una capa de hielo que se congela en invierno y se derrite en verano, ocasionando cambios bruscos en el terreno y convirtiendo el terreno en una ciénaga.

¿La solución para construir en un terreno tan complicado? Rocas y tubos con amoniaco. Se descubrió que la temperatura bajo las rocas era distinta: el terreno estaba congelado porque las rocas enfriaban la tierra. Así, la primera solución fue colocar encima del permafrost rocas trituradas para disipar el calor y mantener la temperatura debajo. ¿Por qué? Porque si no puedes con el permafrost, únete a él, en otras palabras: haz que siempre esté congelado para que nunca se derrita.

De Yaohua2000 - Trabajo propio, CC BY-SA 3.0

En algunas zonas el permafrost estaba demasiado caliente, por lo que no era suficiente con la solución de las piedras. En su lugar usaron termosifones: enormes tubos que contienen amoniaco, un liquido con propiedades refrigerantes. Dentro del tubo el amoniaco absorbe el calor de la tierra, que posteriormente se eleva hacia la parte superior de dicho tubo.

Con estas ingeniosas soluciones lograron crear una carretera hasta lo más alto del Tíbet, aunque quedaba un importante reto por resolver: qué pasaría con los vagones del ferrocarril a tal altura.

Vagones para grandes alturas

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Interior de los vagones del tren, completamente modernizados.

Los trenes de esta vía ferroviaria están fabricados por General Electric especialmente para entornos de alta elevación. Cuentan con una potencia combinada de 8.000 CV y cuentan con generadores eléctricos para ofrecer potencia extra, calor al interior y oxígeno. Los vagones tienen generadores de oxígeno, empleando una técnica llamada separación por membrana.

El sistema de generación de oxígeno es imprescindible en cada vagón, sin él no se puede sobrevivir a tal altura

El aire del exterior se comprime y se bombea por un sistema de varios tubos. Las paredes de esos tubos están compuestos por una membrana con agujeros que filtran las moléculas más pequeñas de oxígeno. El nitrógeno desechado se expulsa del tren a través de una tubería de salida, y el oxígeno reciclado va a los vagones.

Del mismo modo, cada vagón cuenta con un médico, para asistir a los pasajeros que puedan sufrir mal de altura o necesiten un extra de oxígeno, así como con respiradores para necesidades extremas.

En total, es un trayecto de 44 estaciones, con tramos de más de 5.000 metros de altura y más de un día de viaje para llegar desde Beijing al Tibet. Una auténtica obra de arte de la ingeniería.

Imagen | De Jan Reurink - originally posted to Flickr as Chinese train takes control over Tibet, CC BY 2.0

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