EEUU está acusando a China de plagiar los modelos de Anthropic. Tenemos tres problemas con esa acusación

La Casa Blanca señala a Moonshoot AI y la acusa de "destilar" Fable 5 para crear Kimi K3 y habla de un robo de propiedad intelectual

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Javier Pastor

Editor Senior - Tech
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Michael Kratsios, asistente del presidente de EEUU, no se mordía la lengua esta semana cuando afirmaba que "Tenemos información que indica que Moonshoot AI destiló Fable de Anthropic para el desarrollo de su modelo K3". O lo que es lo mismo, acusan a China de plagiar el modelo de IA avanzado de la empresa estadounidense. Hay varios problemas fundamentales con esa acusación. Veámoslos.

Miedo a Kimi K3. Este modelo acaba de irrumpir en la escena IA con una fuerza arrolladora. Los benchmarks demuestran que Kimi K3 es uno de los mejores modelos de IA del mundo, con un rendimiento cercano a Fable 5 y GPT-5.6, los mejores modelos públicos de Anthropic y de OpenAI. Ese hito ha disparado su popularidad entre usuarios y empresas, y también las alarmas de Washington. La consecuencia inmediata ha sido de hecho política, porque desde la Administración Trump se habla ya abiertamente de sanciones por "robo de tecnología" si se confirma la acusación.

La acusación. En su texto Kratsios explica el supuesto mecanismo usado por Moonshot AI para copiar su modelo. Afirma que la startup china habría construido una plataforma interna para hacer consultas masivas a modelos de EEUU, cambiando los métodos de acceso para evitar ser detectada y transfiriendo luego sus capacidades a Kimi K3. Añade además que la empresa ha logrado acceder a servidores con chips GB300 de Nvidia en países fuera de China para esquivar las restricciones de exportación. 

¿Dónde están las pruebas? El primer problema que tenemos con ese discurso es que ya de primeras falta una pieza clave de ese discurso: Kratsios no acompaña esa acusación de evidencias técnicas. No da registros del uso, no da ejemplos de prompts y respuestas, ni tampoco patrones de consulta. Tampoco aporta análisis independientes que cualquier investigador podría revisar. Lo que tenemos ahora mismo es un relato y una acusación oficial, no una "infracción" demostrada.

La polémica sobre la destilación. La palabra clave de ese discurso es "destilación". En IA, destilar un modelo significa entrenar uno nuevo usando las respuestas de otro. El modelo "maestro" responde a miles o millones de preguntas, y el modelo "estudiante" aprende a imitar sus pautas de razonamiento con menor coste y tamaño. La propia industria describe la destilación como una técnica legítima y estándar cuando se aplica sobre modelos permitidos o propios. La línea roja aparece cuando se aplica a modelos de terceros, a gran escala y sin permiso, lo que según el Gobierno de EEUU es un robo de propiedad intelectual.

Pero delito, lo que se dice delito, no es. El segundo problema es que la declaración y la acusación ni se apoyan en ningún marco jurídico claro y definido. Ni EEUU ni China tienen en la actualidad una ley específica que diga en qué condiciones destilar un modelo rival es delito de propiedad intelectual. Puede que viole los términos de servicio de una API o que incluso acabe oteniendo información sensible de empresas, pero no hay jurisprudencia al respecto. De hecho, hasta hace poco el debate en EEU estaba en regular los modelos frontera de EEUU como Mythos, que se consideraban demasiado peligrosos. De repente el debate está ahora en sancionar la destilación de modelos. Todo va demasiado rápido, una vez más, para adaptar la legislación.

Hipocresía made in USA. El tercer gran problema que tenemos con esa acusación es que los grandes modelos estadounidenses —incluidos los de Anthropic— se han entrenado con conjuntos de datos masivos que mezclan sitios web, libros, código, artículos de prensa y otros materiales en los que una parte notable está protegida por el copyright. La propia Anthropic llegó a un acuerdo con la justicia estos días por esa razón, y a Meta se la descubrió robando terabytes de libros con copyright para entrenar sus modelos. 

Doble vara de medir. En EEUU las empresas de IA se defienden argumentando que eso entra del "uso justo" del contenido, pero los autores ni dieron su permiso, ni cobraron por ello. Esa misma industria y ese mismo Gobierno que han sumido como normal entrenar modelos sobre contenido ajeno se quejan de que una startup china use las salidas de sus modelos para entrenar los suyos. No son prácticas idénticas, pero la doble vara de medir es difícil de ignorar.

La IA, una vez más, como arma. La administracion Trump está llevando esta cuestión a otra escala. Al acusar a Moonshot AI de usar chips restringidos y de desarrollar Kimi K3 destilando Fable 5, sitúa la destilación en el mismo cajón que el espionaje industrial o el robo de secretos militares. La IA deja de ser un producto software y se convierte en un arma tecnológica estratégica. Y ahí no importa tanto aportar pruebas o ser precisos técnicamente: importa que lo que ha hecho China es un ataque a su (¿antigua?) hegemonía tecnológica.

Si este tipo de acusación os suena, tenéis buena memoria.

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