Rosa Taberner, dermatóloga: "La fotoprotección física es más barata que la crema, es eficaz y no tienes que reaplicar"

  • Prendas de manga larga, sombreros anchos, paraguas... cada vez más personas usan protección solar física

  • Tanto la crema como las prendas son muy eficaces, si las usamos bien...

Protector Solar ropa o crema
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Amparo Babiloni

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Este verano hay una imagen que se repite cada vez más en playas y calles: gente cubierta con manga larga, sombreros anchos o directamente con paraguas, bajo un sol de justicia. Hace unos años esto solo se veía en países como Japón o China, pero poco a poco empieza a verse también en España.

¿Es que estamos tomando más conciencia de protegernos del sol? ¿Es mejor cubrirse o usar cremas? Sobre este y otros temas hemos hablado con Rosa Taberner, dermatóloga en el Hospital Son Llàtzer y autora del blog DermaPixel.

La crema está bien, el problema es cómo la aplicamos. Para Rosa Taberner, elegir crema o prendas protectoras "es algo muy personal de cada uno. Como vayas más cómodo". La crema tiene el inconveniente de que hay que estar reaplicándola constantemente si queremos una buena protección y esto es un problema porque "casi nadie se aplica bien la crema solar". Por un lado, no nos ponemos bastante cantidad "te tienes que poner 2 miligramos por centímetro cuadrado de piel. Eso es como un vaso de chupito para cubrir el cuerpo, es un montón". 

Por otro lado, no la reaplicamos con la frecuencia necesaria "A lo mejor en un día largo de playa sí, pero pero en el día a día muy poca gente que realmente se reaplica la crem cada cierto tiempo". La recomendación general es reaplicar la crema cada dos horas o, si nos hemos bañado, inmediatamente después de secarnos. 

Rosa Taberner Rosa Taberner

La ropa protectora. Teniendo en cuenta que casi nadie nos aplicamos bien la crema, las prendas son una alternativa muy interesante por varios motivos: "La fotoprotección física es más barata, es altamente eficaz y no tienes que reaplicar". Taberner cuenta que recomienda mucho ese tipo de prendas porque "facilitan mucho y la gente suele ir más cómoda con eso que embadurnada de crema de arriba a abajo". Eso sí, también advierte que "no toda la ropa protege igual. Hay ropa que que deja pasar bastante radiación". Por ejemplo, el algodón protege más que el lino y las telas técnicas depende del tipo de fibra. 

¿Y las prendas que anuncian protección UPF 50? Taberner confirma que ese etiquetado no es marketing vacío: "si lo ponen entendemos que eso es normativa europea. No te lo dicen por decir, es porque ha pasado un control". Lo importante es no confundir el FPS de las cremas con el UPF de los tejidos, ya que se miden de forma distinta.

Cuidado con las sombrillas y paraguas. La protección física es muy segura, pero hay que seguir protegiéndose bien las zonas expuestas, especialmente la cara (incluyendo cuello y orejas). Si además estamos usamos un paraguas o sombrilla hay que tener en cuenta que "la luz te llega por otros sitios y también rebota en la arena". En este sentido, simplemente refugiarse bajo una sombrilla no es una buena protección solar por sí solo, hay que combinarlo con la crema. Aun así, Taberner no descarta su utilidad, ni siquiera fuera de la playa: "sí tendría sentido" llevar un paraguas oscuro por la calle en verano, aunque reconoce que culturalmente todavía no estamos acostumbrados a verlo tanto en España.

Una cuestión cultural. Aunque ya se empieza a ver en España, en Asia lo de usar prendas de manga larga en pleno verano o llevar sombrillas es algo muy habitual que tienen muy interiorizado. ¿Es que tienen más conciencia del daño que provoca el sol? Para Taberner, es una cuestión cultural y tiene que ver con su estándar de belleza: "allí el estándar es una piel una piel clara, un poco lo que pasaba aquí hace siglos. Estar bronceado se relacionaba con trabajar en el campo, al aire libre, y por tanto ser de una de una clase social más más pobre". 

La moda de broncearse comenzó en los años 20 y se atribuye a Coco Chanel, que regresó de unas vacaciones con la piel tostada por el sol y empezó una nueva tendencia. Taberner es muy clara con respecto a si existe un bronceado seguro: "el bronceado es una respuesta a una agresión y eso quiere decir que ha habido un daño".

La piel no olvida. Ya hemos hablado anteriormente del concepto de la "memoria" de la piel. Taberner lo explica con un ejemplo muy gráfico: "La piel es como el cuentakilómetros de un coche. Tú el cuentakilómetros no lo puedes trucar, siempre va a ir a más". Da igual si ese kilometraje se produce en sesiones intensas de playa en pleno verano o con pequeñas dosis repartidas durante años, el efecto siempre es acumulativo y Taberner advierte "el daño lo vamos a ver más tarde, no lo vamos a ver cuando tenemos 20 o 30 años". 

Evidentemente, lo que más miedo da de este daño acumulativo es sufrir un cáncer de piel, pero Taberner admite que esto no es algo 100% seguro y "por muchos boletos que compres, a lo mejor no te va a tocar". Sin embargo, hay algo de lo que ninguna piel se va a librar: "lo que sí o sí vas a tener, porque eso es innegociable, es un fotoenvejecimiento que no hubieras tenido si tu objetivo en la vida juvenil no hubiera sido estar bronceado. No te vas a morir de arrugas, pero seguro que no te hace gracia llegar a los 50 con una piel de 70".

La vitamina D. Es probablemente la excusa más repetida para justificar la exposición al sol, y también, según Taberner, una de las más extendidas incluso entre profesionales sanitarios: "algunos recomiendan a sus pacientes una exposición más allá de lo razonable porque tiene los niveles muy bajos de vitamina D", admite.

El problema es que más sol no significa que vayamos a sintetizar más vitamina D: "pasados los 15-20 minutos de exposición, por mucho que lo alargues, no vas a fabricar más vitamina D, está saturado en tu sistema". A partir de ahí, cualquier minuto extra al sol ya no aporta nada a nivel de vitamina D, solo suma daño. 

Imágenes | Unsplash (1, 2)

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