"Ir una horita al gimnasio" no compensa pasar ocho horas sentado. Y hay una profunda razón evolutiva para ello

  • Quemar 12 kilómetros al día y quemar las mismas calorías que un oficinista: la paradoja de matarnos en el gimnasio para "nada"

Anupam Mahapatra Vz0rbclzg W Unsplash
1 comentario Facebook Twitter Flipboard E-mail
javier-jimenez

Javier Jiménez

Editor Senior - Ciencia
javier-jimenez

Javier Jiménez

Editor Senior - Ciencia

Nos la han colado y es hora de reconocerlo. Durante años, el boom de los gimnasios ha sido recibido con entusiasmo: tener instalaciones deportivas ubicuas y accesibles para poder salirnos de nuestra rutina sedentaria solo puede entenderse como algo positivo. 

Y sin embargo, la forma en la que el deporte se ha introducido en nuestra vida es profundamente problemática: nos las hemos apañado para crear un "modelo compartimentado" de actividad física que hace aguas por todos lados. 

¿Entonces "ir al gimnasio" no funciona? No, no es eso. No es lo que dice la evidencia. El ejercicio intenso es útil. Muy útil. Y siempre es mejor que no hacer nada: pero la idea de ir al gimnasio una horita y listo olvida que la unidad relevante no es la hora de gimnasio, sino el patrón energético de las 24 horas del día. 

Planteémoslo de otra forma: ¿Por qué los Hadza no queman más calorías que los oficinistas pese a andar 12 km al día, por qué los programas de gimnasio para perder peso decepcionan sistemáticamente o por qué la OMS ha empezado a separar "hacer ejercicio" de "estar menos sentado"?

La respuesta a esas tres preguntas es la misma: la biología evolutiva del ser humano.

Dos líneas de investigación que convergen en el mismo punto. Entre 2012 y 2018, un equipo de la Universidad de Duke coordinado por Pontzer descubrió que el cuerpo no se dedica a sumar linealmente el gasto del ejercicio al gasto basal. Lo que hace es compensarlo (reduciendo el gasto en otras funciones vitales como los procesos inflamatorios, reproductivos o el control metabólico). 

Es decir, hacer una hora (o más) de ejercicio intenso no tiene por qué aumentar el gasto energético total.  

La segunda línea de investigación surge de comparar a personas con el mismo peso y altura. En el 99, la Clínica Mayo descubrió que la diferencia diaria de gasto energético se puede atribuir a cosas como caminar, mantenerse de pie, las tareas domésticas y otro tipo de movimientos pequeños inconscientes. 

A eso hay que sumar que el sedentarismo es, en sí mismo, un factor de riesgo. En 2016, Ekelund y su equipo descubrieron que hacen falta entre 60 y 75 minutos diarios de actividad física moderada para eliminar el exceso de riesgo de mortalidad asociado a permanecer sentado 8 horas o más al día. 

Es decir, una hora de ejercicio no resuelve el problema. 

Y el problema es que la conversación pública no se da cuenta. Está desequilibrada: el imaginario dominante desde los años 80 ve hacer "un puñado de horas de ejercicio" como una forma de "comprar" salud. El larguísimo debate sobre cuantos pasos dar cada día es exactamente lo mismo. 

El asunto, como digo, es que la evidencia tiene claro que no estamos comprando nada. 

¿Y entonces? ¿Cerramos los gimnasios? Nada de eso. Lo importante llegados a estas alturas de 2026, es empezar a entender que la unidad correcta para pensar nuestra actividad física es el día completo. 

Como dice la OMS, "más actividad es mejor que poca; cualquier actividad es mejor que ninguna; [sin embargo] reducir el sedentarismo aporta beneficios independientes" y merece la pena abordarlo al margen del ejercicio que hagamos.

La idea de "entrenar una hora y luego pasar el resto del día tan tranquilo" no se sostiene. Ir al gimnasio es positivo, pero no es una bula papal: el ejercicio intenso funciona como algo que se suma a dejar el sedentarismo. No lo sustituye. 

Imagen | Anupam Mahapatra

En Xataka | Cereales sí, pero envueltos en un cartón negro: el negocio de los "packaging" dirigidos exclusivamente a hombres

Inicio