Estamos obsesionados con el magnesio como suplemento a la dieta. Su "sobredosis" tiene un nombre: hipermagnesemia

El consumo de magnesio exógeno parece inocuo, pero puede tener consecuencias importantes para el organismo

Magnesio
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José A. Lizana

Colaborador

En los últimos años, el magnesio se ha convertido en el suplemento estrella de muchas personas. Promocionado como el remedio definitivo para dormir mejor, evitar calambres musculares, frenar el envejecimiento o reducir el estrés, ha conseguido calar en una sociedad que ha visto estos beneficios como un auténtico salvavidas para su día a día. Sin embargo, tomar magnesio sin una deficiencia documentada por una analítica no es solo inútil, como hemos comentado en varias ocasiones, sino que puede desencadenar un cuadro clínico bastante peligroso. 

Hay diferencias con respecto a los complejos vitamínicos que también pecamos de tomar de manera abusiva sin una analítica de por medio. Y es que en estos casos el exceso suele eliminarse fácilmente por la orina sin mayor impacto, pero el magnesio sérico opera en un rango fisiológico muy estrecho, y esto hace que cuando saturamos nuestro organismo superando sus límites de seguridad, los efectos adversos se manifiestan en un efecto dominó que compromete desde el sistema digestivo hasta el ritmo cardíaco. Y es algo en lo que caemos pensando que 'cuanto más, mejor'. 

El equilibrio. Nuestro organismo tiene todos sus parámetros bien regulados entre una horquilla de valores bastante bien definidos para no generar patología por exceso o por déficit. En este caso, diferentes referencias apuntan a que el valor normal de magnesio en sangre oscila entre los 1,7 y 2,2 mg/dL, pudiendo llegar a 2,4 mg/dL en algunos laboratorios. 

La hipermagnesemia se diagnostica formalmente cuando esos niveles superan los 2,5 o 2,6 mg/dL, y la verdad es que es fácil llegar a estos extremos en el caso de tener una suplementación generalizada cuando no hay un déficit claro. 

Sus efectos. En el caso de pasarnos con la toma de magnesio, el primer aviso que vamos a tener estará en el sistema digestivo, puesto que el magnesio aquí actuará atrayendo agua al intestino, provocando diarrea, náuseas, vómitos y calambres abdominales. 

Pero cuando vamos aumentando el exceso a un rango moderado de entre 4 y 6 mg/dL el magnesio comienza a actuar como un depresor del sistema nervioso y un vasodilatador, lo que se traduce en una caída de la tensión arterial y  debilidad muscular. 

En los casos graves. Cuando los niveles superan la barrera de los 6 mg/dL, el cuadro se vuelve crítico, y aquí las guías advierten de un bloqueo neuromuscular profundo que puede derivar en parálisis muscular, que puede ser fatal en el caso de que alcance los músculos respiratorios. 

Pero no se queda aquí, ya que el sistema cardiovascular también entra en crisis en esta situación, y en el electrocardiograma de estos pacientes se muestran alteraciones severas que hacen que pierda su ritmo natural. 

El papel del riñón. En pacientes completamente sanos, este órgano actúa como un filtro extremadamente eficiente a la hora de excretar todo el magnesio que hay sobrante a través de la orina. Sin embargo, cuando hablamos de personas que tienen la función renal comprometida, el riñón no va a poder trabajar adecuadamente eliminando el magnesio de los suplementos, por lo que se va a acumular rápidamente, generando todas las complicaciones que hemos visto antes. 

La fisiología. Por todo esto, no se puede tomar el magnesio como una chuchería, confiando en que todos los beneficios que nos venden se van a cumplir mágicamente. La recomendación siempre pasa por consultar a un médico para hacer una determinación de este mineral, y suplementar (si fuera necesario) con un máximo de entre 250 y 300 mg de magnesio al día. Superar esta dosis, especialmente mediante el consumo de múltiples suplementos o el abuso de laxantes que contienen magnesio, es jugar a la ruleta rusa con nuestro equilibrio electrolítico.

Imágenes | MIND FAVOUR 

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