Imágenes satelitales revelan cuánto teme Rusia los drones de Ucrania. A 7.000 km de distancia están cubriendo sus misiles nucleares

La imagen recuerda hasta qué punto el conflicto ucraniano está transformando las reglas militares modernas

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Miguel Jorge

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La Armada británica descubrió algo realmente absurdo durante unas pruebas navales en 1945: una simple bandada de aves podía aparecer en el radar con una firma parecida a la de aviones enemigos. Ocho décadas después, algunos de los sistemas militares más sofisticados del planeta vuelven a enfrentarse al mismo problema: amenazas diminutas, baratas y difíciles de distinguir antes de que sea demasiado tarde.

La guerra de drones contra el arsenal nuclear ruso. Contaban esta semana en Naval News que las imágenes satelitales tomadas sobre la base submarina rusa de Rybachiy, en la península de Kamchatka, revelan hasta qué punto la guerra de drones en Ucrania está alterando la lógica militar rusa incluso a miles de kilómetros del frente. 

A unos 7.400 kilómetros de Ucrania, dos submarinos nucleares estratégicos de la clase Borei han aparecido completamente cubiertos con redes antidrones mientras permanecen atracados en puerto. La escena resulta impactante porque estos submarinos forman parte del núcleo de la disuasión nuclear rusa: cada uno transporta 16 misiles balísticos Bulava capaces de lanzar ataques nucleares intercontinentales. Sin embargo, ni siquiera esa distancia geográfica parece suficiente ya para que Moscú se sienta completamente seguro frente a posibles operaciones sorpresa ucranianas.

Del mar Negro a la flota nuclear del Pacífico. La evolución refleja cómo los drones han dejado de ser un problema exclusivamente táctico para convertirse en una amenaza estratégica. Rusia llevaba tiempo instalando jaulas, redes y estructuras metálicas improvisadas sobre barcos y patrulleras en el mar Negro para intentar frenar ataques FPV ucranianos. Ahora esa misma lógica ha llegado a algunas de las plataformas más sensibles de todo su arsenal militar. 

El temor no parece centrarse tanto en drones lanzados directamente desde Ucrania, algo prácticamente imposible a semejante distancia, sino en operaciones encubiertas similares a las que ya han golpeado objetivos rusos muy lejos del frente. La idea de pequeños drones baratos alcanzando activos estratégicos multimillonarios ha empezado a modificar incluso la protección de submarinos nucleares.

Una amenaza pequeña capaz de alterar el equilibrio estratégico. Las redes observadas sobre los Borei no ocultan los submarinos a los satélites ni sirven como camuflaje convencional. Su función es puramente defensiva: impedir que drones ligeros puedan acercarse, aterrizar sobre la cubierta o lanzar cargas explosivas en puntos vulnerables, especialmente sobre escotillas y sistemas expuestos mientras los submarinos están en superficie. 

Rusia ya había instalado protecciones similares sobre algunos submarinos del Báltico y el Ártico, pero en Rybachiy la cobertura es mucho más extensa y envuelve prácticamente toda la embarcación. Qué duda cabe, la imagen transmite una conclusión ciertamente poderosa: el Kremlin ya considera plausible que ataques baratos, improvisados y difíciles de detectar puedan amenazar incluso parte de su triada nuclear.

El gran cambio psicológico de la guerra en Ucrania. Más allá de la efectividad real de estas redes, el detalle importante es más bien psicológico y estratégico. Ucrania ha conseguido que Rusia dedique recursos, tiempo y preocupación defensiva a bases situadas al otro extremo del continente euroasiático. Durante décadas, la lógica de la disuasión nuclear asumía que submarinos escondidos en bases remotas eran prácticamente intocables salvo en una guerra total entre grandes potencias. 

Y es aquí donde los drones han empezado a erosionar esa sensación de inmunidad. La guerra de Ucrania está demostrando que un país con recursos limitados puede obligar a una superpotencia nuclear a cubrir con mallas improvisadas algunos de sus sistemas más importantes por miedo a ataques inesperados.

Cuando lo “nuclear” teme a lo más barato. En definitiva, la imagen de submarinos nucleares protegidos con redes recuerda hasta qué punto el conflicto ucraniano está transformando las reglas militares modernas. Plataformas diseñadas para sobrevivir a guerras atómicas, operar bajo el océano durante meses y lanzar misiles intercontinentales ahora deben preocuparse también por cuadricópteros baratos, explosivos comerciales y ataques improvisados. 

Por supuesto, Rusia todavía mantiene una enorme ventaja nuclear y naval, pero la proliferación de drones está alterando algo mucho más difícil de medir que el armamento: la sensación de (in)seguridad. Y cuando incluso las bases nucleares más remotas empiezan a blindarse contra pequeños drones, significa que la guerra de Ucrania ya ha cambiado la percepción global de la vulnerabilidad militar.

Imagen | Vantor

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