El 1 de septiembre de 1513 y al borde de la desesperación, Vasco Núñez de Balboa salió de Santa María de la Antigua en busca de "un nuevo mar rico en oro". Tardó semanas y perdió a decenas de hombres, pero el 29 de ese mismo mes fue el primer europeo conocido que llegaba a las orillas del Mar del Sur. Aún lo llamábamos así.
Siete años después, Magallanes (que salía de ese enorme y laberíntico infierno de canales, vientos huracanados y tormentas que llamamos Tierra de Fuego) lo llamó Pacífico y el nombre se quedó.
Pero de pacífico no tiene nada. Ese enorme trozo de agua concentra la mayor parte de la actividad sísmica y volcánica del planeta, genera los tifones más violentos y alberga algunas de las tormentas extratropicales más severas que existen.
Y aún no he hablado de El Niño.
¿Qué pasa con El Niño? Hemos hablado sobre el evento ENSO de 2027 durante los últimos días. Siempre lo hemos hecho con un tono bastante preocupante y la verdad es que, conforme más sabemos, menos exagerado me parece: hay meteorólogos que ya describen el calo subsuperficial del Pacífico ecuatorial como "posiblemente el blob de anomalías cálidas más impresionante jamás registrado desde que sabemos medir estas cosas".
Y, como digo, no es una "salida de tono" divulgativa: el calor que se está desplazando hacia el este por debajo del Pacífico tropical es (en volumen e intensidad) comparable o superior al que precedió a los grandes Niños de 1997-98 y 2015-16.
Es más, ese calor está desplazándose por un planeta que ya está 1,4 grados por encima del nivel preindustrial.
¿Por qué nos estamos poniendo nerviosos? Esta, creo, es la pregunta central. En primer lugar porque lo invisible importa más que lo que podemos ver. De hecho, "lo que podemos ver" (lo que podemos medir en la superficie del océano) es sencillamente un trailer de lo que vamos a ver en los próximos meses.
Es cierto que los mecanismos que permiten el acoplamiento entre el océano y la atmósfera son siempre misteriosos y la incertidumbre es grande. No obstante, conforme salimos de la primavera (la época que más "confunde" a los modelos) la calidad de nuestros datos aumenta.
El problema es que, esos datos nuevos, solo corroboran (poco a poco) nuestras primeras intuiciones.
Eso sí, la cautela es necesaria. Tanto el ECMWF como la NOAA piden cautela y sí, es importante ser cautos. En un mes, el escenario de tener un Niño antes de verano se ha hecho de repente muy probable y este crecimiento de las probabilidades nos ha dejado a todos fuera de juego. La conversación pública, como consecuencia, se está descontrolando.
Pero, en realidad, estamos en un territorio completamente desconocido. El problema de no tener precedentes es que avanzamos a tientas en la oscuridad. Si es que avanzamos.
Hoy por hoy, solo hay una clara: como en el siglo XIX, lo que pase dependerá de las decisiones que tomemos.
Imagen | Alex Boreham
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