Hay cuentas que se pagan antes de salir de un restaurante y hay otras cuentas que se acaban pagando en el Tribunal Supremo. Este caso va de una de las segundas. Amancio Ortega, a la sazón mayor fortuna de España y propietario del edificio donde opera Rogano, el restaurante más antiguo de Glasgow. Este establecimiento lleva seis años sin ponerse de acuerdo con su casero sobre quién debe costear la reparación del local tras unas inundaciones que lo dejaron inutilizable.
De acuerdo a lo publicado por la prensa escocesa, la disputa por quién debe pagar las reparaciones ha pasado por tres instancias judiciales y ha llegado hasta el más alto tribunal del Reino Unido. El principal argumento de la demanda es una cuenta de 789.000 libras esterlinas (unos 913.000 euros al cambio) en pérdidas por no haber podido abrir durante los últimos seis años. Lo curioso del caso es que, tras todo este tiempo de litigio, ambas partes han llegado a un acuerdo justo la noche antes de que el caso se viera ante el Supremo.
Un restaurante que vale mucho más que su carta. Para entender por qué una aparente discrepancia entre un casero y su inquilino ha llegado hasta el Supremo, es necesario saber qué es el Rogano. En 1935, mientras el trasatlántico Queen Mary tomaba forma en el Clyde, el restaurante fue decorado con el mismo estilo art déco que el gran buque de la Cunard, y así nació un clásico de la hostelería de Glasgow.
Tal y como cuentan los medios locales, el restaurante ha estado funcionando ininterrumpidamente durante los últimos 84 años, atendiendo a una clientela que iba desde los vecinos del barrio hasta celebrities como Elizabeth Taylor, Rod Stewart, Jude Law, Mick Jagger, David Bowie y Harvey Keitel entre muchos otros.
En 2020 sus luces se apagaron. En marzo de 2020, el Rogano bajó la persiana como todo el mundo por las restricciones derivadas de la pandemia, pensando que el cierre sería cosa de algunas semanas.
Entre diciembre de 2020 y enero de 2021, el edificio sufrió varias inundaciones graves que desencadenaron en un incendio eléctrico que provocó graves daños en el local dejándolo inhabitable y obligando a su propietario a dejar las persianas bajadas durante más tiempo del esperado. Ahí empezó el problema real: las obras nunca se llevaron a cabo, y el emblemático restaurante lleva desde entonces tapiado.
El lío legal empieza por saber quién es el inquilino. De acuerdo a lo publicado por la BBC, el edificio donde se encuentra el popular restaurante pertenece a Pontegadea UK, la filial británica del holding inmobiliario de Amancio Ortega. Precisamente, gracias a las inversiones inmobiliarias de Pontegadea en edificios como el que se encuentra en disputa, el millonario español acaba de convertirse en el mayor magnate inmobiliario del planeta. Tener un restaurante cerrado y tapiado en Glasgow no es exactamente un drama para su balance, pero sí un problema legal que se le ha ido de las manos.
La empresa matriz que opera el Rogano, Forthwell Limited, sostuvo en su demanda que las inundaciones eran un riesgo cubierto por el seguro del arrendador, y que Pontegadea tenía la obligación de reparar el inmueble. La reclamación incluía una indemnización de 789.000 libras en concepto de pérdida de beneficios por el cierre prolongado que había derivado de la negativa de Pontegadea a hacer reformas.
Pontegadea respondió que Forthwell no podía reclamar esas pérdidas porque quien operaba el restaurante no eran ellos sino una filial, Lynnet Leisure Rogano Limited, bajo una licencia de ocupación por la que pagaban 1 libra al año, y que esa filial era un tercero que no aparecía en el contrato original.
Un caso que iba a crear un precedente. Tras seis años de disputas legales, el caso escaló por tres instancias judiciales distintas. En junio de 2024, el Tribunal Superior de Escocia falló a favor del Rogano, pero a finales de ese mismo año el Tribunal de Apelación revocó parte de esa decisión, y la disputa acabó aterrizando en el Supremo.
El alto tribunal de Reino Unido había trasladado sus sesiones en Glasgow para revisar este caso, algo inusual ya que habitualmente reside en Londres, lo que daba al caso una nueva dimensión: el fallo de este tribunal podía sentar precedente sobre cómo se reparten las responsabilidades entre propietarios e inquilinos en situaciones similares. Pero no hubo fallo.
El pacto "in extremis" que dejó a los jueces con la palabra en la boca. Al inicio de la audiencia fijada para el pasado 20 de mayo, el abogado de Forthwell comunicó a los cinco magistrados que las partes habían llegado a un acuerdo a las 23:30 de la noche anterior.
El abogado reconoció que cerrar el acuerdo en vísperas de la vista era "sumamente insatisfactorio", a lo que el presidente del tribunal respondió con sequedad: "Sí, eso es quedarse corto, frustrado antes la oportunidad perdida de definir las responsabilidades en futuras disputas. Los términos del acuerdo siguen sin hacerse públicos, igual que el futuro del Rogano.
La obstinación de Pontegadea. El modelo de negocio de Pontegadea no es el habitual entre las inmobiliarias. Pontegadea invierte en los mejores edificios de las principales calles de ciudades de todo el mundo. Su objetivo principal no es comprar edificios baratos para reformarlos y obtener una plusvalía con su venta, son inmuebles ya con inquilinos solventes. De ese modo, Amancio Ortega comienza a amortizar su compra desde el primer minuto.
Por eso es sorprendente que Pontegadea se haya enzarzado en esta disputa legal en la que, ya sea por permitir que el Rogano volviera a abrir o para arrendarlo a cualquier otro inquilino, el local iba a necesitar que se repararan los daños. Lo cual desbarata el argumento de una disputa por las reparaciones y cobra fuerza el interés por obtener una cuantiosa indemnización de una de las mayores fortunas del mundo.
Imagen | GTRES
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