El cielo es tan misterioso como fascinante. Por si no hubiese suficiente con tener esta semana la lluvia de estrellas más impredecible del año, esta noche también podría aparecer de la nada una nueva estrella en el cielo. Vale, en realidad no aparece de la nada. Está siempre ahí. La cuestión es que suele ser invisible a nuestros ojos; pero, si se cumplen las predicciones de un astrónomo, una brutal explosión podría hacerla visible durante unos días desde hoy mismo.
Se trata de la enana blanca de T. Coronae Borealis. Este es un sistema binario compuesto por una gigante roja y una enana blanca, en el que también se forma una de las pocas novas recurrentes de la Vía Láctea. Hasta el momento, solo se han documentado 5 de estas explosiones que se repiten cada cierto tiempo, dibujando un nuevo punto brillante en el firmamento. La última vez que “explotó” T. Coronae Borealis fue en 1946. Está claro que la próxima explosión debe estar al caer, aunque pocos científicos se atreven a dar una fecha. El astrónomo Jean Schneider, del Observatorio de París, sí que se atrevió hace tiempo a proporcionar 4 posibles fechas de explosión. Las tres primeras no se cumplieron. La última es esta noche.
Mejor mirar al cielo por si las moscas. La mayoría de científicos consideran que la próxima explosión de esta nova recurrente debe ser pronto, pero consideran que no existe una manera de calcular una fecha exacta. Sin embargo, Schneider tiene una hipótesis distinta. Si bien siempre se ha considerado que T. Coronae Borealis es un sistema binario, él cree que, para que se puedan producir las explosiones que ya se han documentado, es necesario un tercer objeto astronómico. Este no solo aumentaría la intensidad del estallido, sino que también facilita los cálculos. Gracias a eso, estimó cuatro fechas. Las tres primeras han ido pasando sin pena ni gloria. La última es la noche de este 25 de junio. Por eso, recomienda poner la vista en la constelación Corona Borealis y buscar un nuevo punto brillante. Tan brillante como la estrella polar.
Estrellas compañeras que se engullen entre ellas. Más allá de las predicciones de Schneider, lo que se sabe de momento es que en T. Coronae Borealis, ubicada a 3.000 años luz de la Tierra, hay dos estrellas: una gigante roja y una enana blanca. Ambas giran una alrededor de la otra, con una órbita de 227 días, en un proceso en el que, cada cierto tiempo, la gigante roja se vuelve inestable por un aumento de presión y temperatura y empieza a expulsar al espacio sus capas más externas, formando un disco de acreción a su alrededor. Poco a poco, la atracción gravitatoria de la enana blanca empuja el material de ese disco de acreción hacia ella. En cierto modo, la enana blanca “se alimenta” de su compañera. Es un proceso en el que la atmósfera se va calentando, hasta que se produce una reacción termonuclear muy intensa en forma de explosión.
Un cambio de brillo. Normalmente, T. Coronae Borealis tiene magnitud 10. Esto equivale a un brillo que se encuentra mínimamente en el límite de lo que se puede ver con prismáticos. El brillo aumenta inversamente proporcional a la magnitud: si esta disminuye, la estrella se ve más brillante. Cuando se produce la explosión, la magnitud cae abruptamente a una cifra de entre 2 y 3, por lo que se ve muy muy brillante. Durante unos días, algo menos de una semana, se sitúa con un brillo similar al de la estrella polar.
Explosiones del pasado. Este fenómeno se observó en 1866, cuando la magnitud cayó hasta 2, y en 1946, cuando se situó en torno a 3. En el segundo caso se pudo estudiar mucho más a fondo y se vio algo interesante. Que la magnitud no cayó de golpe de 10 a 3, sino que, cuando la enana blanca fue calentando su atmósfera, empezaron a detectarse indicios. A partir de 1938 la magnitud había empezado a descender a 9 y el brillo de la estrella era más azulado. Se estaba preparando.
La constelación se encuentra entre Hércules y Bootes
Está pasando. Tras la explosión de 1946, la magnitud de T. Coronae Borealis se quedó fija en 10,2. Sin embargo, en febrero de 2015 bajó a 10. Fue un dato llamativo, que se hizo aún más interesante justo un año después, cuando en 2016 descendió de nuevo hasta 9,2. El brillo, además, se empezaba a ver más azulado. Estaba pasando lo mismo que en 1938 y desde entonces ha seguido habiendo fluctuaciones alrededor de 9. Dado que entonces pasaron 8 años hasta la explosión, se calculó que debería haber otro estallido en 2024, pero nunca llegó a producirse. Estamos ya en 2026 y de momento nada; pero, para Schneider, el momento de la verdad podría ser hoy.
Puedes hacer un seguimiento del brillo. Hay páginas webs en las que se puede hacer un seguimiento del brillo de las estrellas. Es, por ejemplo, el caso de la web de la Asociación Americana de Observadores de Estrellas Variables. En ella, al introducir T CrB en el buscador, vemos que actualmente la magnitud es de 9,9.
La mayoría de expertos consideran que Schneider no tiene pruebas suficientes de la existencia de un tercer objeto que valide sus observaciones. El brillo no parece haber vuelto a caer. Aun así, en algún momento debería producirse el estallido. ¿Y si no sales a mirar y te lo pierdes?
Imagen | NASA | E. Slawik/NOIRLab/NSF/AURA/M. Zamani
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