En 1824 este árbol llegó a España para decorar jardines, pero sus flores amarillas esconden al invasor perfecto tras los incendios

El lado oscuro del árbol más llamativo y perfumado del invierno: es una pirófita de crecimiento rápido

Acacia Dealbata 1
Sin comentarios Facebook Twitter Flipboard E-mail
eva-rodriguez

Eva R. de Luis

Editor Senior

Si vives en la cornisa cantábrica, probablemente te hayas percatado ya de que cuando llega el invierno, un árbol comienza a florecer con sus característicos racimos amarillos y un olor dulce que impregna el ambiente: el de la mimosa o acacia (Acacia dealbata). Y pese a que lo hayamos visto tanto, especialmente en el noroeste de la península, que lo sentimos de toda la vida, a la acacia le pasa como al ailanto: es una especie exótica invasora en España (salvo Canarias y Baleares).

Las presentaciones. Aunque sus flores y su olor son lo suficientemente característicos como para reconocerla, la mimosa es un árbol que puede llegar a los 15 metros de altura y de hoja perenne. Su corteza es gris o blanquecina, muy lista y con mucha ramificación. Las hojas son doblemente pinadas y produce una vaina aplastada y curva que contiene entre cuatro y cinco semillas. En las fases iniciales no soporta la sombra y las heladas no le sientan nada bien, de ahí que prospere en aquellas zonas con clima suave.

Cómo llegó hasta aquí. Aunque en mayor o menor medida su presencia está extendida por toda la península Ibérica, el origen de este árbol está en las antípodas, literalmente: procede de Australia y Tasmania, pero en 1824 llegó hasta Europa para quedarse y no fue algo accidental, sino deliberado: igual que el eucalipto aterrizó para tener madera barata, con la acacia el leitmotiv para su introducción fue la decoración, de ahí que sea todo un clásico en los jardines y paseos. 

A quien se le ocurrió la idea, razones no le faltaron: sus prolíficas y llamativas flores entran por los ojos, florece cuando casi nadie más lo hace (de enero a marzo) y además crece rápido. Además, es una planta poco exigente en cuidados y muy agradecida. La guinda del pastel es que puede ayudar a fijar el terreno y de su tronco se puede obtener goma y otros productos. La acacia parece una auténtica bendición, pero no.

La plaga gallega. En Galicia la acacia ya es una plaga con todas las letras: ampliamente naturalizada, ocupa las partes bajas y medias de la región hasta unos 600 metros de altitud. Lleva dos siglos, pero ya se ha convertido en parte característica de su paisaje, ocupando espacios donde la tala, cultivos o incendios habían dejado la vegetación maltrecha. De hecho, está tan integrada que sus ramas se usan hasta para guiar los viñedos del Ribeiro, como explica el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico del Gobierno de España.

Acacia Dealbata Tree 2 Certo Xornal from Ribeira, Galicia. Wikipedia

A prueba de fuego. Algunas de sus virtudes son también sus defectos: cuando la acacia se establece, tiene un crecimiento y proliferación tan veloz que desplaza a todas las demás especies autóctonas en pocos años. Además, es gran consumidora de agua y acidifica los suelos, por lo que los empobrece y los hace menos aptos para que se asienten otros vegetales. Pero el gran problema de la mimosa son los incendios.

La acacia es una especie pirófita: arde muy deprisa cuando hay incendios, lo que favorece su expansión y como sus semillas pueden permanecer latentes en el suelo durante mucho tiempo, las altas temperaturas originadas con el fuego favorecen su germinación después, colonizando terrenos quemados e impidiendo la repoblación con especies autóctonas. Así que ayudan a expandir el fuego y luego se aprovechan de sus consecuencias. Como suele vivir unos 50 años de media  (con ejemplares que pueden llegar a más), un ejemplar condiciona el terreno durante décadas .

Qué estamos haciendo para combatirla. El MITECO es claro: su erradicación es difícil y costosa entre otras cosas, porque necesita ser constante en el tiempo. Entre las medidas propuestas hay alguna tan obvia como dejar de utilizarla en jardinería o evitar los incendios forestales, además de mantener en buen estado la cubierta vegetal natural, métodos mecánicos donde sea posible el acceso y sino, el uso de glifosato sobre los tocones.

La mayor operativa de la que se tiene constancia está en las cuentas del Tajo y el Guadiana, en Extremadura, y aplica tanto a la mimosa como al ailanto. Una de las pruebas experimentales ha tenido lugar en Mérida, donde se prueba el control del rebrote tras el corte contaminándolo con hongos, mientras que en Madrid se aplica un control físico, químico y biológico.


En Xataka | El árbol más simbólico de Madrid es un peligro para Canarias: el cruce letal que preocupa a los biólogos 

En Xataka | España plantó millones de eucaliptos para tener madera barata. 90 años después, hemos confirmado que son un desierto verde

Portada | Eugene Zelenko 

Inicio